Talleres Puebla

Septiembre, 2010

¿El principio del fin, o el fin del principio?

Por Celia Sánchez Alonso

¡Es increíble lo rápido que pasa el tiempo! No hace mucho decidí, a instancias de Mónica, mi Serena cibernética, tomar un Taller de Autobiografía. ¿Autobiografía, yo? –pensé al principio- ¿Qué podría encontrar en él?

Me dije: soy una persona hecha y derecha. Me conozco por dentro y por fuera. Sé de mis defectos y virtudes. Mis odios y pasiones. Mis amores, temores y sueños. No sé qué pueda haber en mí que no lo conozca ya. Aun así entré, y lo que descubrí ha sobrepasado mis expectativas. Brevemente intentaré describirlas.

Durante los cortísimos meses que duró el curso, un día a la semana, pude contar con un espacio propio donde, junto con mis amigas, transité un camino tan desconcertante para mí, como desconocido; aunque debo confesar, lleno de satisfacciones personales. Ellas con bondad abrieron la puerta de su corazón ¡esos enormes corazones!, así fui testigo de lo que cada una albergaba. De igual forma hice lo propio a fin de que conocieran lo que guardaba el mío, que recorrieran su interior, de donde ya no saldrán nunca. De esa forma se quedarán entibiándolo con sus memorias que ahora son mías y guardaré de una a una.

Cada miércoles, de cinco a ocho de la tarde, fueron mi tiempo, espacio y horario. El lugar donde mi nombre adquirió un sentido y valor diferente al que hasta entonces tenía. Obtuvo olor, sabor, color, forma y textura. Tuvo un significado y forjó una historia. Dijo Yunuén, una de mis compañeras y amiga, que “nombre es destino”, “La que vino del cielo”, “Columna, sostén”, espero, algún día, ser digna de él. Mi nombre en sus labios endulza mi oído y llama a la parte buena que tengo. No saben cuánto deseo seguir escuchándolo de ustedes con su voz, ronquita como la de Maru, suave, como un murmullo de Miriam. Firme y enérgica de Yunuén. Con un “dejo” de interrogación y escudriñadora de Julia. Serena, desconcertantemente paciente y que estimula a la confianza de Idolina. Y así como las recuerdo, espero que de vez en cuando evoquen mi imagen como la de alguien que aprendió de ustedes a tener valor, coraje para enfrentar la vida, tal como lo han hecho.

Mi mundo se trastocó al conocerlas. Se puso “patas arriba”, se convirtió en un caos al escucharlas; sin embargo, no sospeché siquiera que ésa fue la forma en que todo comenzó a tomar su lugar. Mi vida retomó un cauce que en el camino perdí y fueron sus palabras, sus consejos, su ejemplo de fortaleza las que la volvieron a dirigir. Fueron ustedes, guijarros parlantes, quienes con la sabiduría que sólo da el vivir, ayudaron a transmutarme en la nueva persona que asoma en mí, y que espero se manifieste en el futuro.

Quizás sea demasiado alarde de mi parte, pero sé que he de lograrlo poco a poco. Han sido demasiados años siendo de una manera, que cambiar me llevará tiempo. Espero que no mucho. La Celia anterior aún está en combustión como aquella hoja quemada en que me describí y que ardió dejando atrás el pasado, como una historia en fotografías.

El dolor que encerré en tres círculos ha menguado lo suficiente como para poder darle la cara a la nueva etapa que se abre ante mí, como el amanecer de un hermoso y cálido día de primavera.

A través de mis ojos, veo pasar esta etapa entre ustedes que me da ánimo suficiente para levantar el vuelo e ir hacia adelante. En este proceso no daré un paso atrás. Lo que veo en mi mirada lo dice todo: “para atrás nuevamente, ni para tomar impulso”.

¡Qué sensación tan liberadora es haber podido hablar de todo cuanto me lastimó! Del vórtice que me arrastraba topando con todo y llevando en la espiral aquello que amé y de lo que no quería desprenderme. Poder hablar, llorar, expiar culpas echadas a cuestas por mí misma.

Saber y entender la maternidad, desde el punto de vista de cada una de ustedes, gozarla y sufrirla, pero a fin de cuentas conformarme y dejar de padecer por una condición que a través de otros ojos toman una dimensión exacta de la vida.

He forjado una nueva espiritualidad. El gusto que tenía por la vida ahora es mucho más intenso. Tengo una razón para seguir adelante: mi escritura. Creo que siempre ha sido la misma. Más leve, más fuerte, en ocasiones dormida, pero siempre latente. El hilo que me ha atado a la tierra. La conexión del todo con mi corazón.

Comienzo a ver las cumbres, después de haber transitado por mis tinieblas y, son esperanzadoras. Me llenan de ánimo para seguir adelante.

Mi escritura. La voz de mi interior que clama por salir desde algún lugar recóndito de mí.
Gracias a todas por sus palabras, sus consejos, su ejemplo, por haber permitido ser parte de sus historias, mis compañeras, más que eso, mis amigas. Mejor aún, mis maestras.

Celia Sánchez Alonso
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