“El placer de escribir es el mismo de leer,
sublimado por unas gotas más de intimidad”.
Muy buena tarde tengan todos Ustedes.
Nacida en Monterrey Nuevo León, por azares del destino, llega a radicar en Ciudad Juárez, Chihuahua, desde donde envía a concurso su libro. Josefina es una mujer guerrera que pasa por un sinfín de sucesos que forjan en ella el carácter con el cual habrá de sobrevivir a todas las circunstancias que la vida le va presentando. Cito una significativa frase que aparece en su libro: “El traje bordado con lentejuela y chaquira, anduvo rodando hasta que se perdió o no sé qué hice con él. Igual pasó con mis sueños, tampoco sé dónde quedaron”.
Ganadora de un honroso primer lugar, de la autora Josefina Gutiérrez Martínez, es la obra “La abuela de los baños”, que en esta ocasión vengo a presentar a Ustedes. Agradezco a la coordinadora general de DEMAC en nuestro estado, Profra. Lupita Payán Araiza, por la invitación que me hizo para realizar este trabajo y aquí estoy, con mucho gusto, haciendo los comentarios de esta obra premiada.
Conocer a Josefina a través de la lectura de su libro, es un placer. Con habilidad y sencillez, ella es capaz de expresar cada acontecimiento de tal forma que provoca en el lector, la sensación de estar inmerso en cada escenario de la narrativa que hace.
En su libro con carácter autobiográfico, nos relata variados sucesos. Son tantos los acontecimientos que merecen ser contados que me parece que tiene para elaborar un texto de más de mil páginas; sin embargo, en este compacto ejemplar, la autora nos lleva caminando de su mano y nos permite introducirnos en su mundo, sus experiencias, su vida.
Cuando Josefina tenía apenas dos años de edad y su hermana Loreto, siete, quedaron, por un momento, al cuidado de su padre debido a que su madre falleció repentinamente. A través de la lectura, nos enteramos de cuánto tuvo que vivir de casa en casa “de arrimada”, dice ella.
En la mayoría de las culturas, ante esta situación nos mostramos poco sensibles y apoyamos poco o de plano les negamos el apoyo a los niños que quedan huérfanos o fuera del cuidado de sus padres; recuerdo aquí a mis chicas de UBR, a unos sobrinos, a mis vecinas y a otros.
Cito: “Después de la muerte de mi padre, la soledad, el vacío, la desprotección, el abandono y la desolación. Mi cabeza plagada de piojos y costras. Mis medias hermanas –Consuelo y Avelina—vendieron la casa de mi padre, sin importarles en donde viviríamos Loreto y yo. Empecé a ir descalza a la escuela, sucia y oliendo a meados porque dormía con los güercos de mí hermana. No conocí a mi madre o más bien, no la recuerdo; murió de una embolia cuando yo tenía dos años de edad. La única imagen que tengo de ella, es su sombra en la pared”.
Josefina habla de sus medias hermanas, mucho mayores que ella, casadas y con hijos, ya que ella es hija del segundo matrimonio de su padre.
Ante estas circunstancias de la primera infancia, la vida le conduce por situaciones muy difíciles, tales como hambre, discriminación, abuso sexual y otras que nos relata en su historia, a las cuales se habrá de enfrentar con el valor y el coraje que puede tener una chiquilla de tan corta edad. Pasará unos días con unos parientes y otros días con otros. Cito: “Llegamos a México, la casa de la tía era muy grande y elegante. Para ellos yo no existía excepto cuando barría y lavaba los trastes. Tenía que hacer un montón de cosas antes de irme a la escuela: barrer el patio, regar las plantas y lavar un cerro de trastes; casi nunca me daba tiempo de comer, así que me iba a estudiar casi siempre con la panza vacía”.
Ahí con la tía Angelita, nos les fue nada bien y pronto tuvieron que cambiar de residencia a León, Guanajuato, a casa de Consuelo otra media hermana. Y es que Loreto era tremenda, ya se darán cuenta cuando lean el libro y sabrán todo lo que hacía; de nueva cuenta son echadas a la calle y regresan a Monterrey. “Volvimos con mi padre pero él ya estaba muy enfermo, no nos podíamos quedar ahí, el buenazo de mi tío Pedro, al que nunca conocí, nos seguía mandando dinero; con eso seguíamos pagando el maltrato y los abusos que nos daban en todos santos y días festivos”.
Así pues, gracias al tío Pedro, hermano de su madre, que se hizo responsable del apoyo económico en los diversos lugares en los que tuvieron que vivir, en uno de esos ires y venires, el destino la lleva a Ciudad Delicias, Chihuahua. “Con el tío Benito y la tía Gracia, que no eran nuestros tíos, pero había que decirles de algún modo, ahí nos dejó mi padre en la estación. Con inmensa tristeza observé como se perdía a lo lejos”.
Es aquí en donde Josefina tiene la oportunidad de estudiar la carrera de comercio, en la que se capacita para desempeñarse como una eficiente secretaria. A decir de la autora, es esa ciudad en donde ella recuerda que vivió sus mejores tiempos. Laboró en las oficinas de una importante industria minera en San Antonio El Grande, Chihuahua. Dejó ese trabajo para laborar con un ingeniero en Ferrocarriles Nacionales de México, en donde se sintió como “pez en el agua”.
Cuando mejor estaba en su trabajo y sus condiciones de vida eran estables, se enfrentó al dolor de perder a Loreto, quien murió asesinada por su esposo. Es entonces cuando inicia en Josefina el deseo de venganza. “El deseo de vengarme está latente, me imagino a Rubén sin ojos, torturado, me regocijo imaginando la cara de horror que pondrá cuando la pistola entre en su boca; no dispararé luego luego, sino hasta que se arrastre y pida perdón por Loreto, por su hijo y por mí, hasta que me diga por qué la mató ¿Por qué la remataste en la cara pinche ojete?”.
Con estos y otros pensamientos regresa de nuevo a Torreón en donde vive al lado de su media hermana Consuelo.
Por soledad o por el deseo de sentirse amada y protegida, según dice “Quería casarme y una familia, pero no para tener hijos, sino para tener alguien que me protegiera, me cuidara, me mantuviera y cargara con todas mis broncas”.
Se hizo novia de Jesús, quien se presentó ante ella como la octava maravilla, pero se convertiría en un viacrucis… es mejor que lo lean.
Es incontable el cúmulo de negativas experiencias que conoceremos a través de la historia, tales como abuso, violencia, maltrato, humillación; las secuelas del alcoholismo, como el descaro, la irresponsabilidad y muchas más. Josefina nos muestra los caminos obscuros por los cuales transitará. Es lamentable vivir en pleno siglo 21 y a pesar de todos los movimientos en pro de los derechos de la mujer, siga siendo víctima de tantas circunstancias desfavorables. Josefina vivió esto hace unos 40 ó 50 años, pero muchas mujeres lo viven en la actualidad y a diario. A continuación, menciono algunas de las formas de trato por parte de su esposo.
“¿Qué chingados haces aquí, que no eres la secretaria? Con voz temblorosa contesté...”.
“El padre de mis hijos me miró con mucho coraje y me gritó, acércate vas a aprender bien porque el que chambón se enseña, chambón se queda y tú eres una chambona”... “¡Con una chingada! Me decía ¿Cuántas manos tienes? ¿Por qué chingados clavas la flor con una sola mano? Trabaja con las dos cabrona. ¡Puta madre como eres lenta!”.
Jesús ejerció su violencia al máximo, de tal forma que le arrebató a sus tres hijos, gracias a nuestras leyes, vivió lejos de ellos por varios años.
“Aunque duela reconocerlo, seguimos siendo sumisas y fantaseamos con ser independientes; tal vez, económicamente sí lo hemos logrado, pero emocionalmente dependemos mucho de los hombres, la verdad no sé qué se siente ser libre...”.
En un par de capítulos platica acerca de su “internacionalización”. Con gran curiosidad los leí y para mi sorpresa, se refiere a dos hombres más en su vida: un cubano y un norteamericano. Si ya supimos de su vida al lado de Jesús, es interesante leer los sucesos de su internacionalización. Josefina ya se veía tomando el sol en las playas cubanas o soñaba que pronto estaría en Manhattan frente a la estatua de la libertad.
No sólo hubo tres hombres en su vida, existe otro más: su hijo. “Mi hijo mayor es una versión corregida y aumentada de su papá, es borracho y tiene un ego descomunal, le tengo miedo igual o peor que a Jesús; es espantoso vivir con él, con sus borracheras, con sus amoríos y sus resentimientos. Cada que tiene oportunidad me echa en cara su pobreza y me culpa por su falta de éxito. Aparte, le sirvo como perilla o costal de boxeo. Cuando esta furioso suelta toda la pus, me acusa de mediocre, de vieja y jodida. Todo lo chingona que me creía, quedó atrás”.
Esto es sólo una probadita de lo que Josefina nos escribe acerca de su hijo, por supuesto que también nos hablará de sus tres hijas.
Ama a Ciudad Juárez y lamenta los momentos por los cuales está pasando. “Siento a Juárez tan vulnerable, tan herida, tan maltratada y triste como nunca pensé que estaría. Gran parte de la ciudad está desolada y de luto y, a ciencia cierta, nadie se hace responsable de tantos asesinatos y extorsiones. Todo es un secreto a voces... Me da mucho miedo que esto no pare... Hace poco presencié una ejecución, era de noche y andaba vendiendo mis flores...”.
Actualmente, ella vende flores en los cruceros y en las cantinas, y los fines de semana trabaja limpiando y atendiendo los baños de conocido antro que es frecuentado por gays y lesbianas, mis jotos y mis machorras, les llama con cariño y se solidariza con ellos respetando sus preferencias sexuales, a cambio, estos le dejan sus buenas propinas, le brindan gran afecto y cariñosamente le llaman “La abuela de los baños”.
Tuve la fortuna de conocer personalmente a Josefina y conversar con ella en varias ocasiones, habla con desparpajo. A través de su relato encontramos chingados, jodidos y cabrones, entre otros, los cuales siento que le van bien, ya que no es muy frecuente que los utilice para ofender, son parte de su muy particular forma de expresión.
“Estoy convencida de que tenemos libre albedrío en todos los aspectos, que Dios sólo entra cuando se lo permitimos. Mi padre decía que aún en la basura encontrabas oro, que no te cansaras de buscar”.
Es sincera, abierta, expresa sus sentimientos de forma sencilla, y a través de su discurso, no sólo escribe con su mano, sino que lo hace desde el corazón. Les invito a que lean “La abuela de los baños”.
Lic. María de la Luz Torres Chacón.
Septiembre 26 de 2011.
Chihuahua