¡Qué tal abuelo! En donde quiera que te encuentres, si andas vagando por el universo en busca de cigarros…
¿Te acuerdas de María? Aquella niña pequeña que jugaba contigo después de que regresabas de trabajar y de vender tus mercancías en Xalapa?
Yo he estado con ella los últimos 25 años y me platica muchas cosas de ti, las que recuerda, claro. E invariablemente, cada vez que habla de ti, sus ojos, que casi siempre transmiten alegría, se llenan de lágrimas. Ella recuerda pocas cosas pero muy a detalle. Me cuenta como le decías a tu madre, que primero, antes que él, debían comer sus hijos.
Recuerda también ese incomprensible cuerpo tirado en medio de la casa. Dice ella que jugaba con tus pies y corría de un lado a otro sin saber que ya te habías ido.
Las cosas fueron difíciles para ella y, más que a Teresa, que se fue tres años antes que tú, te recuerda a ti. Como el padre amoroso que solo estuvo con ella algunos años.
Decidí escribirte a ti, abuelo, porque te fuiste muy pronto como para que te conociéramos.
A veces visito a la tía Irene para preguntarle cómo eran físicamente Teresa y tú. Y como no hay fotos de ustedes, cuando fui niña yo les dibujaba para recordarles en los altares de noviembre ¿Les llegaron las ofrendas? ¿Eran ustedes parecidos a mis dibujos?
Supongo que con tanto invento de la humanidad, algún día, en algún plano, en algún lugar de la galaxia, recuerdo, visión, deja vu, malviaje…te veremos. Por lo menos María que te extraña tanto.
Soy tu nieta abuelo, la más pequeña.
Anais
Talleres PPME Xalapa
¿Qué te pareció este texto? Escribe aquí tus comentarios o envíalos a diana.perez@demac.org.mx