En el transcurso de mi existencia y particularmente en mi juventud, vi el consumo de alcohol y tabaco como lo más natural y lo usé para socializar con otros jóvenes. Así se acostumbraba. No sabía el daño que me haría ni sus consecuencias, pues en realidad me causaban malestar, vulnerabilidad y falta de control. Se borraba la vida y me exponía a otras personas que se encontraban en esa condición donde se pueden perder las inhibiciones y las reglas. Se cometen infracciones atentando contra mí misma y la sociedad.
Cuando en mi edad adulta conocí a personas que eran adictos, los traté consideradamente, me gustaba su libertad, mas no el libertinaje. Me casé con un ser humano bueno, pero incómodo por su adicción a la heroína. Me enfadaba, me aburría pues nuca se concretaban los planes para una vida satisfactoria. Siempre con sus problemas, creando intranquilidad y desasosiego en su familia. Su adicción fue muy desgastante para mí y para mis hijos, fueron muchos sufrimientos, muchas mortificaciones. Él y nosotros manteníamos un silencio en torno a su adicción, hasta que la vida de mi esposo llegó a su fin.
Renegué de mi liberación y todo lo que veía mal en él, comencé a hacerlo yo. Me volví contra mí, diciéndome que no había hecho lo suficiente para lograr una larga vida útil y feliz junto a él. Fue cuando comencé mi adicción a sustancias, pero no las consumía en sociedad solo a escondidas, en lo oculto de mi vida.
Gracias a Dios siempre logré cumplir con mis obligaciones como madre. Llevar esta doble existencia fue muy pesado, me gastaba física, mental y moralmente. Hasta que solté las riendas de mi vida a mi papá y le confesé mi problema. Me atendió un psiquiatra. Nadie más sabe que cosas consumí, pues todos los testigos ya murieron.
Me encontraba sola haciendo un autoanálisis, buscando mi superación, tratando de encontrar mi lugar en la vida. Fue como entrar en el coliseo romano e irme acomodando en cada uno de los espacios hasta encontrar el que me correspondía, pero antes tuve que pasar por muchos lugares.
Pasaron años con caídas y levantadas, cuando ya casi lograba cerrar el círculo de pronto este se ampliaba con mas personas. Yo no sabía decir “NO”, ya que me faltaba amor a mí misma.
Hice sufrir a mis hijos que crecieron y tomaron conciencia desde niños de esta problemática, con el mal ejemplo y la mala imagen de mí. Mas, dentro de nosotros mismos se encuentran escondidas las buenas bases que nos dieron nuestros padres y la sociedad. Esos son los cimientos que hoy estoy utilizando, para volver a rehacer mi vida un día a la vez.
Hoy aquí tengo la oportunidad de expresar que estoy trabajando por una vida mejor y solo Dios sabe si pueda ya que pasé por un proceso de aprendizaje para tomar conciencia de mi conducta inadecuada. Conducta condenada por la ley y la sociedad.
Ya me cansé de sufrir esa enfermedad, quiero mantener una buena salud física y mental acompañada de mis seres queridos y ser útil y feliz.
Después de este proceso de rehabilitación tengo las bases para una siembra de buena cosecha.
Le pido a Dios fortaleza, perseverancia y esperanza para recorrer el camino de la vida con certeza y pasos firmes y le doy gracias por la oportunidad de una vida mejor.
Hawk.
Julio 2011
Talleres Demac Chihuahua
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