Por Cristina Pacheco Sánchez.
El dolor se ha hecho presente y ha sustituido al miedo que se ha hecho amablemente a un lado para que el dolor me enseñe a vivir. Mucho tiempo escondí el dolor, lo disfracé de escudo. Me escondí detrás de él y justifiqué blandir mi espada en aras de defender mi vida. Ahora permito que el dolor se muestre y me muestre cómo hago daño. Cómo voy por la vida devolviendo todos y cada uno de los golpes recibidos.
Parecía funcionar… pero cada vez me sentía más golpeada y adolorida. Todos los golpes que lanzaba rebotaban directamente en mi rostro que se crispaba de furia y frustración. Cada día de mi vida, cada nuevo proyecto se convertía en una batalla cruel y despiadada en contra de mí misma.
Aprendí a golpearme y a hacer que pareciera que las agresiones venían de afuera y no de mi interior. Ahora que me doy cuenta de mi propio verdugo, que puedo verlo a la cara, pero sobre todo que puedo distinguir su voz, quisiera aplastarlo con mis propias manos; pero eso es precisamente lo que él espera que haga para castigarme con más fuerza aún.
Ahora lo que deseo es escucharlo, permitir que diga lo que tiene que decir y permitir que sus palabras simplemente pasen de largo. Me callo, ya no grito, ya no insulto, ya no critico, ya no exijo, ya no repruebo, ya no persigo. Ahora me acompaño, me tomo fuerte de Su mano, de la mano del realizador de sueños, de la mano de quien me protege y me guía.
Ahora juego con las palabras, con las letras, las cambio de lugar, las reacomodo y les doy nuevos significados. Aprendo nuevas palabras y las huelo, las saboreo, las siento, las vivo y las regalo. Ahora acompaño, apruebo, elogio, hago la paz.
Espero paciente y confiada el momento en que Él en su infinito amor me marca. Permito que me acompañe, lo invito a caminar a mi lado y me abrazo fuerte a su cintura, Él sonríe y mira al frente. Entonces todo es bello, pleno y completo. Voy lenta, muy lenta, pero muy segura de que con calma, es como avanzo por el camino correcto.
Estoy en el lugar adecuado, haciendo las cosas correctas en el momento oportuno, pero sobre todo, hago lo que amo y amo lo que hago. Perdono y suelto el pasado. Avanzo con seguridad. Permito que la vida fluya y me acaricie en el camino. Estoy segura, estoy protegida, voy construyendo mi paz.
¿Qué te parece este texto? Escribe aquí tus comentarios o envíalos a diana.perez@demac.org.mx
Felicitaciones
Por Alma Ballesteros (no verificado)Cris, me encanta tu escrito, describe perfecto todo un proceso de crecimiento, autoconocimiento, autoaceptación y en especial amor.
Ojalá escribas muchos más.
Saludos.
ME ENCANTO
Por Anónimo (no verificado)CRISTY:
MUCHAS PERO MUCHAS FELICIDADES, EL TEXTO ESTA INCREIBLE.
SE NOTA LA PASION Y ENTREGA,
QUE TE GUSTA LO QUE ESTAS HACIENDO Y SOBRE TODO QUE LO DISFRUTAS
AUNADO A TU GRAN TALENTO.
T.Q.M. AUREA AGUILERA
Comentario
Por Anónimo (no verificado)Hola Cristina:
Me gusta mucho tu texto, en él expresas de manera muy clara y honesta la transformación de tu pensamiento, encuentro tantas similitudes conmigo ante las respuestas negativas y autodestructivas, aunque involuntarias, que podemos realizar con nuestros actos a causa del dolor experimentado. Me regocija saber que hay mujeres tan talentosas para escribir.
Estela Carrillo
Muchas gracias.
Por Cristina Pacheco Sánchez (no verificado)Gracias Estela por leer con respeto y hacerme llegar tus palabras, debo confesar que me emocionaba saber que aparecería mi texto y al leerlo publicado a la vista de todos me sentí expuesta y vulnerable, también me sentí orgullosa de poder contenerme y acompañarme porque he aprendido a que ser honesta conmigo misma me da la libertad y la seguridad que tanto anhelaba. La última frase que escribiste es un regalo que decido guardar para siempre en mi egoteca interior. Muchas gracias y a seguir creciendo, te deseo lo mejor en tu propio proceso.
Cristina Pacheco Sánchez