Talladoras de Palabras

Julio, 2011

Cuarto Secreto Miston

Cuarto Secreto Miston-23816

 UN CUERPO TITILANTE

Poco a poco la ropa se va deslizando, la insolencia de mi cuerpo desnudo me apena un poco y aún no me atrevo a mirarlo completo, solo por partes, como si mirara un cuerpo ajeno, como si me sintiera observada por alguien más; el pelo recogido, las mejillas sonrojadas y antes de mirar el cuadro completo, pego la cara al espejo y me miro directamente a los ojos, mis pupilas se dilatan y la mirada de esa otra, la que proyecta el espejo, me parece de una niña, de una niña tímida que se encierra en el baño para descubrir los cambios que en su cuerpo ha provocado la pubertad. Despego la cara del espejo y de un solo golpe me miro completa, en un instante descubro que mi cuerpo tiene la forma de una pera, una pera madura, pero con el sabor aún dulce, la piel blanca se oscurece con formas geométricas, producto del reflejo de la lámpara en el espejo; las mejillas siguen rojas y tibias, pero la mirada se corre ahora libre por cada centímetro de este cuerpo que me mira titilante; esa que está del otro lado, entorna los párpados, abre su boca carnosa y pequeña y por fin se atreve a hablar …

Este es tu cuerpo, has madurado mucho desde la última vez que te observaste con tanto detenimiento. ¿Te has dado cuenta de que casi nunca lo haces?, obsérvalo ahora, es tuyo, es el regalo más preciado que te ha sido dado. Te das cuenta cuánto se ha transformado, ahora, como tú bien lo dijiste, se ha convertido en una pera madura y aún falta mucho por cambiar, pero por el momento es el tiempo de preservarlo, de valorarlo;¿ te acuerdas que odiabas tu cabello?, a toda la gente le decías que era rebelde y feo, míralo ahora o mejor dicho obsérvalo, es negro profundo, largo, abundante, acerca la cara y mira esas pocas y pequeñas pecas en tus mejillas, aléjate mas y verás que tu cara redonda es linda y afable, que gesticulas mucho al hablar y que esos mismos gestos no saben ocultar tus sentimientos ni tus pensamientos; baja la mirada por tus hombros suaves, tus brazos largos y delgados; tus pechos firmes, tu piel blanca, oscurecida en algunas partes a causa del sol, ese sol a veces inclemente que te gusta mucho tomar. Tu vientre ha permanecido yermo hasta ahora, quizás algún día desee albergar vida dentro de él; mira ahora tus piernas, son cortas, pero llenitas, la celulitis te ataca en la parte superior, es momento de tomar cartas en el asunto; ahora tus pies, estos que te han acompañado durante treinta y cinco años, te han sostenido en los peores momentos pero  también han sentido las cosquillas que te provoca la arena de mar, la frialdad de la corriente de un río, la emoción de estrenar un par de zapatos, estos son tus pies, medianos, fuertes, tu sostén.

Gira ahora y mira tu espalda, sobre ella has cargado el dolor, la zozobra y la soledad, ha sido difícil yo lo sé, pero recuerda cuántos abrazos has recibido hasta ahora, cuántos de ellos han estado  llenos de sinceridad, amor, compañerismo, de pasión, de alegría, sean muchos o pocos, esos brazos que han rodeado tu espalda han sido los suficientes, los más sinceros, los más reconfortantes; tus caderas, anchas, generosas, graciosas, motivo a veces de burla por su voluptuosidad, ¡pero, míralas bien, yo creo que a ti sí te gustan!, ¿cierto? Observa todo en conjunto, no solo eres una estructura de carne y hueso, mediana de estatura, de pelo negro, ojos café, eres mucho más que eso, ¡reflexiónalo, aprécialo, valóralo!, ya no te abandones, ya no vayas así como un autómata por la vida, es el  momento, es el tiempo para hacerlo…

Esa que está del otro lado del espejo guardó silencio, sus mejillas palidecieron, sus ojos se apagaron, pero su cuerpo siguió titilante y dejó dentro de mí muchos pensamientos y otras tantas reflexiones; cuánto falta por vivir, cuántos abrazos por dar y recibir, muchos helados de fresa en una tarde de calor, caminatas por la playa, ríos, albercas en las cuales meter los pies; peinados, cortes de pelo, maquillajes; palabras hermosas por escuchar y sabias por aprender, besos, pasiones, amores...

Me hizo ver que debo tomar conciencia de mí, de mi cuerpo, de la belleza, pero no sólo de la belleza física, también de la espiritual, que a fin de cuentas, si yo estoy bien dentro mío, se reflejará en mi exterior; que este cuerpo me ha sido dado como un regalo precioso, que estoy a tiempo de abrazarlo y amarlo, cuidarlo, alimentarlo de energías positivas, de preservar su salud.

Finalmente, que soy dueña de este cuerpo, de su desnudez, de su insolencia, de su timidez, que puedo ponerle vestidos sedosos de amor o corazas infranqueables para defenderlo; que deseo que ésta que se encuentra en el reflejo del espejo sea con quien deseo continuar el camino de mi vida, porque aún falta mucho por andar.

Miston

 

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