Cruz vive en la calle del Olivo.
Ésta soy yo. Quiero sentir. Si convivo en este mismo espacio con esas estrellas divinas, con el cielo oscuro que me cobija, si soy capaz de sentir mi piel chinita cuando mi hombre la acaricia, significa que ya estoy de regreso. ¡Sí, qué alegría me da sentir mi cuerpo!, el aire fresco al pasar me deja un suave mensaje: “disfruta”. La noche se ha vuelto cómplice de mi liberación. Qué mejor momento que la oscuridad que tanto se relaciona con el placer.
Es la primera vez que veo una luciérnaga y me tiene maravillada. De verdad, quiero llorar. Pareciera que me han mandado de allá arriba una danza especial para acompañar este momento.
Siento en mi espalda el calorcito que sale del techo. Sus manos, que conocen a detalle mi cuerpo, se deslizan suavemente al tiempo que mis piernas se descubren y van saliendo lentamente del pantalón.
Tengo miedo, todavía el espanto del “qué dirán” llega a hacer una aparición rápida. Pero en ese instante, me tomo de sus manos y al sentir su fuerza, me regresa la calma y la seguridad y ese sonido de paloma, o no sé qué pájaro andaba cerca, parecía decirme: “en tu cuerpo mandas tú y eres libre de sentir”.
He escuchado que cuando te vas a morir es cuando ves pasar tu vida rápidamente como una película. Pues yo he de haber muerto por un instante, pues empecé a ver esos momentos en que estuve tan distante de mi cuerpo, cuando me avergonzaba de mis senos grandes, cuando me dieron una nalgada en la calle y pensé que era porque yo me vestía así. Cuando me negué el sentir fresco en el sur de mi ser, al ver una escena candente o a algún hombre atractivo para mí.
Así que dije “no más”. Placer, vida… ¡Allá voy! Y entonces cerré los ojos, mantuve una respiración relajada y profunda. De forma consciente todo el tiempo sintiendo desde los dedos de mis pies hasta mi cabello. Fui abriéndome al sentir la vida, la noche, el calor, el fresco, todo. Como si ese momento fuese la última oportunidad para reconectar conmigo misma.
Ahora sé que los gatos se la pasan bomba cuando se hacen el amor en los tejados. Es una sensación de estar por encima de cualquier pensamiento –literalmente. Es como una forma de querer tocar el cielo y sobre todo, una expresión de libertad.
Este momento que guardo en mi corazón, y que todavía mi cuerpo recuerda con emoción, es el que quiero que siempre refleje mi imagen ante el espejo. Esta imagen de mujer que ha ido aceptando cada parte de su cuerpo. Que ha ido sanando cada herida de la vida que ha ido dejando huella en él.
Mi cuerpo es mi mejor diario. En él está la historia de una niñez en que el asunto de LOS cuerpos era algo malo. La adolescencia que despierta al sentir y ahora me da ternura recordar, los primeros fajes o besos que sentí, los que me gustaron y los que no. Mi primer encuentro con la sexualidad en pareja. La maternidad. Me da mucho gusto que ahora pueda registrar en él, sin culpa y sin miedo, el placer, la sensualidad y el autoerotismo.
Con amor, para Cruz. Que vive en la calle del Olivo.
Tina Nieto
Noviembre 5, 2010