“¿Usted se cree vieja? Mejor, ¿Se siente vieja? Ya quisiera…”: Red Abuelas Atrevidas
Agradecemos mucho a Zenaida Osorio por compartir con nosotras textos del material, revista y separatas de Haga como que la violan, haga como que le pegan, edición colombiana.
Zenaida Osorio es profesora de la Universidad Nacional de Colombia, Facultad de Artes. En su libro Haga como que la violan, haga como que le peganse ocupa de las imágenes fotográficas que se usan para ilustrar las noticias que tienen que ver con la violencia contra las mujeres, y el uso que de éstas hacen los periódicos de información general.
Este es uno de los textos de esa publicación:
Doña Tránsito, Doña Louise
¿Usted se cree vieja? Mejor, ¿Se siente vieja? Ya quisiera. Hay mujeres, una, dos, siempre ha habido cientos, que las otras mujeres están en la obligación de conocer, estudiar, reconocer. Ellas lo han inventado todo. Lo primero, una vida para sí mismas. No se queje, no se compadezca. Aprenda. Grandes, con ochenta, noventa, cien y más de cien años, su vida no cabe en las rayitas que las biografías usan para separar la fecha de nacimiento de la de la muerte. 1909-2009. 1911-Hoy. Esas rayitas son la más perezosa representación gráfica de las vidas de Ellas que nadie más ha vivido. Ellas a diferencia de Usted no temen las líneas de expresión. ¿Parecer más joven? Eso sería perder. Como dice doña Louise, ¿Le gusta aprender? ¿Es buena aprendiendo? Aprenda. Estudie con gusto, juiciosa y largamente. Despacio.
Rosa Elena Tránsito Amaguaña Alba, líder de la resistencia indígena ecuatoriana, nació en Pesillo, Provincia de Pichincha, Ecuador, el 10 de septiembre de 1909. Vivió 99 años y 8 meses. Murió el 10 de mayo de 2009. Iba descalza, vestida entre morados y verdes, con sombrero sobre la cabeza, pan en una bolsa plástica, una estera para descansar en el piso y un bastón para caminar. No sabía leer ni escribir.
“Mi mamita me decía, Tránsito, deja a los guaguas yo les he de cuidar y vos sigue luchando. Yo con más coraje seguía luchando por la tierra, por todo montaña, todo leyes, todo alza de salarios, maltrato. Todo, todo, no solo una cosa. Para todo el mundo, todo el país. Todo negros, para guangudos, para puembos, para campesino, para todo. Había congreso en Riobamba, había congreso en Ambato, había congreso en Cuenca, había congreso en Quito mismo”.
“Miedo no tenía yo ni a los patrones ni a los soldados. ´¡Señores blancos! ¡Señores jefes, soldados! ¿Tiene hijos? ¿Tiene hijas?´ ´Sí, si tenemos´, decían. ´¿Tiene mujer?´ ´Sí, si tenemos´, respondían. ´Verán y acordarán´, les contestaba yo. ´Después de mi tiempo otro tiempo vendrá, ustedes cogerán leña de otro tiempo´”.
“Entonces cuando él vino otra vez a pegarme, patearme y ya estaba fuerte y le dije, ´¿Sois marido o no sois marido? ¿Soy tu mujer o no soy tu mujer? ¡Me matas o te mato! ¡Carajo!´. Me pegó. Yo alcé la mano y le di un chirlazo en la cara. Dos días peleamos, dos días de puro pelea fueron. ´¡Si mueres, mueres en mis manos! ¡Si me matas en tus manos he de morir!´, le dije yo. Nos golpeamos dos días solo descansando para tomar agüita”.
Raquel Rodas Morales, Tránsito Amaguaña. Su testimonio, Quito, Ministerio de Cultura, Trama Ediciones, 2009.
Louise Joséphine Bourgeois, artista, escultora, nació en París, Francia, el 24 de Septiembre de 1909.Tiene 98 años recién cumplidos. Estudió Geometría y Matemáticas en la Sorbonne, después en la Academia de Bellas Artes, la École du Louvre, el Atelier Bissiere, la Académie Julian, la Grande Chaumier y el taller de Fernand Léger, entre muchos otros lugares a los que va a estudiar. Desde niña sabe leer y escribir. En su taller en New York hay muchos espejos fijos, colgantes, cuadrados, ovalados, circulares –para encontrarse por ahí, de repente, mientras está y trabaja-.
“La mesa del comedor está puesta y se pueden ver todas las cosas que están sucediendo. El padre se jacta ante los presentes de lo importante que es, de todas las cosas maravillosas que ha hecho, de la chusma que ha humillado hoy. Pero esta misma escena se repite día tras día, y entre los hijos crece una suerte de resentimiento. Llega el día en que éstos se enfadan. La tragedia se respira en el ambiente. Ya son demasiadas las veces que el padre ha repetido el mismo discurso.
Los niños lo agarran y lo colocan encima de la mesa. El padre se convierte en la comida; lo trocean y desmiembran y devoran. Y al final nada queda de él”.
Louise Bourgeois, Destrucción del padre/Reconstrucción del padre, Madrid, Editorial Síntesis, 2007.
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