Talleres Puebla

Julio, 2010

Duelo

Gisela Pérez y Pérez

Un lugar, ese olor, muchos aparatos, paredes de azulejo, la lámpara sobre mí.
Ahí vienen los hombres vestidos de azul, se cubren las bocas. Tiemblo, no sé si de frío o de miedo. Presiento…

Hablan, me hablan. Con rapidez y exactitud, conectan cables a mi cuerpo. Uno de ellos se acerca a mí, me explica lo que sentiré cuando aquel líquido pase entre mis vértebras y se deposite en la mitad de mi cuerpo.

No siento las piernas. Mi vientre duerme. Me cubren para evitar que observe su trabajo. No aguanto más. Lloro, como hace mucho no lo hacía. Tratan de tranquilizarme, me hablan. Siento el bisturí, atraviesa mi cuerpo, corta capa por capa. No duele.

Todo se nubla. Un poco de calma…

La anestesia no me deja abrir los ojos. Sé que ya salí del quirófano.

Voces, murmullos, preguntas. Algo está mal, lo sé. No puedo hablar. No puedo despertar.

¡Díganme que pasa!

Dolor. Mucho dolor. Visitas, flores, llamadas…

Llegan los doctores. Quieren hablar conmigo. Es urgente. Ya sé, algo no anda bien.

El corazón me late a mil por hora.

Me explican que quitaron el ovario junto con el quiste, pero… no saben cómo decirlo.

Descubrieron que el otro, ya no estaba. Se lo llevaron junto con el apéndice hace diez años.

Nunca lo supe, hasta hoy.

Ya no oigo nada. Los doctores no paran de hablar. No sé que dicen. Todo se detiene. Una sensación helada me recorre. No pienso, no oigo, no hablo…

No entiendo. Busco explicaciones, respuestas. No las encuentro.

Sensaciones en pausa. Mi boca sin palabras. La mente en blanco. No sé hacia dónde ir.

La imagen del espejo es la misma pero no la entiendo.

Duele. Mucho. Ya no sé qué duele…

En pausa…

Después del duelo, el tiempo se detuvo. Hoy, sigo sin pensar, sin oír, sin hablar, sin sentir. Me quedé en pausa.

Cuando pienso en lo que pasó el corazón se detiene pero ya no siente, la mente se queda en blanco y mi cuerpo se inmoviliza. ¿Será que bloqueé cualquier sensación?

Tapé la cicatriz del alma. La del cuerpo no la veo desde que los médicos se encargaron de hacerla lo más estéticamente posible, tampoco la toco. No me atrevo a mirarla.

Aún no descifro la causa de mi enojo, tal vez es porque siento que me quitaron la oportunidad de decidir sobre mi cuerpo o tal vez sea la menopausia adelantada que me dejó la decisión de un seudo médico. Insomnios, bochornos, ataques de ansiedad, medicamento diario y sin falta; sólo veintinueve años.

En las noches de insomnio, en aquellas donde mojo la ropa y las sábanas de tanto sudar, le pregunto a dios el porqué de las cosas, le exijo respuestas, le suplico que me explique. No me responde.

Algún día, antes de todo esto, existió en mí la inquietud de adoptar. Ahora no me interesa, no quiero enredarme en años de trámites engorrosos que al final terminan doliendo más. Me aterra pasar por la frustración de todas aquellas parejas que conocí siendo voluntaria en una casa hogar.

Soy feminista y mi ideología me dice que el fin de una mujer no es la maternidad pero las tradiciones, la historia, la cultura, mis propios sueños o qué se yo, continúan depositando la carga en mi espalda.

No habrá llantos o risas. Ni juegos o noches en vela. Nadie tendrá mis ojos, mi nariz o mi carácter. Y a veces sueño con él o ella, me pregunto cómo hubiera sido.

Busco mi fin en este mundo y, mientras tanto, sigo en pausa…

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31 Ene13:37

Gisela: Quizá te lo hayan

Por Miriam (no verificado)

Gisela:

Quizá te lo hayan dicho antesy suene repetitivo pero el tiempo lo cura todo. Tanto dolor e impotencia tendran su compensación no tengas duda, no te quedaras con las manos vacias.

¡Animo! 

02 Jul14:12

Comentario sobre el texto

Por Rosa María (no verificado)

es un texto muy conmovedor y a la vez te transmite una impotencia. Pensar que en realidad nunca sabes en manos de quien pones tu vida y a parte no te dicen lo que te hacen, las estupideces que comenten, es sencillamente aberrante.