“Amo vivir, pero más amo morir...
En este duelo a mis muertos lloro por ellos…
En esta melancolía muero con ellos...
Hoy disfruto el placer de amar y morir”
Zihuaozelotl
Recapitular sobre las frases que mujeres próximas a mí me han entregado y me han marcado, está siendo una tarea compleja por todas las fibras que está tocando en mi. De pronto otra vez el botón del llanto se apretó y las lágrimas fluyen desde el fondo del corazón, donde la humedad se quedó guardada. Hoy la humedad corrió por mis ojos. Estos ojos que no ven bien sin lentes, pero que ven a los otros con otros ojos, buscando la belleza en lo más oscuro.
El contacto con las mujeres para mí no ha sido fácil, tengo recuerdos duros de mis primeras interacciones con otras niñas, frases de niñas que se quedan en el corazón y brotan cuando una es mujer son difíciles de recordar con claridad, pero en lo profundo lo que nos hicieron sentir revive cuando interactuamos de mayores con otras mujeres-niñas.
Recuerdo, por ejemplo, que toda esa época fue de vacío en la palabra de lo que las mujeres a mí alrededor me decían. Las que vienen a mi memoria haciendo eco siempre son las frases de mi mamá y mi tía política con relación a ser mujer.
Por ejemplo, mi mamá me regaló el decálogo de ser mujer, una letanía para ser amable, pero no fácil, ser digna, pero no orgullosa, reír, pero no a carcajadas, mirar, pero con recato, ser tierna, aunque no flexible, ser alegre, mas no frívola, conversar, pero con mesura, ser dulce, pero no empalagar; amar, pero con cautela, oír pero no creer, ser mujer, pero no muñeca. ¡Dios!, es tremendo, son frases que a los trece años me confundieron, me hicieron sentir confrontada con mucho de mí. Mi madre, quien en mí ha puesto muchos guijarros parlantes, es una mujer con energía de guerrera, con una visión de la vida de seguir y no parar, de lograr lo que una quiere con el trabajo duro.
Cuando ella me compartió ese decálogo-letanía de ser mujer me sacudió, me invitó a dar el primer paso y construirme como señorita. Ahora, que ya soy una mujer, lo veo diferente todo, el ser mujer es mágico, pero no tan lineal como el guijarro parlante que Susi, mi madre, me decía a los trece.
El mundo mágico de los guijarros parlantes me ha puesto a muchas otras mujeres que, con su palabra, han compartido su magia y han sido parteaguas en mi desarrollo, en momentos de transición donde una deja de ser o termina una fase de la vida; en este caso de mi adolescencia, una adolescencia un cuanto solitaria y rosa con un toque de sobreprotección que me hizo vulnerable a muchas cosas de la vida, a situaciones que son “normales” que una viva, a enamorarse y desenamorarse, a creer que existen los príncipes, a soñar con vidas rosas de éxito y linealidad en el camino; reconociendo que las cosas nos son así, la vida en rosa es como la canción de Edith Piaf, donde lo dulce se une con lo amargo, donde un día te encuentras en el esperar y la melancolía llega, te embriaga, te pierdes cayendo en el pozo profundo de la depresión… un día me caí en ese pozo y una mujer misteriosa, silenciosa, llamada Esperanza, me despertó, me sacudió y activó mi ser diciendo “no esperes nada de nadie, ve, vive y sólo sé lo que tú decidas”, esas palabras sencillas en su momento me dieron mucha luz, paz y vitalidad para enfrentar mi realidad, para enfrentar la soledad, para enfrentar el cambio de responsabilidades, para entender que una niña-mujer puede ser fuerte, cuidarse, amarse y respetarse… asimismo, esa frase dicha en un consultorio frío en invierno fueron un parteaguas en mi andar.
También recuerdo bien que esa época fue difícil en mi vida, yo terminaba la universidad, mi madre estaba con un cuadro de depresión profunda que la llevó a destruir su cuerpo, a paralizar su cara, a dejar de caminar. Yo no sabía qué hacer, le pedía a gritos “continúa siendo mi mamá, esa que un día me dijo sé mujer”, fue duro. Yo esperaba mucho de todos, de ella exigía protección. Ahora pienso que en esa época ambas éramos tan dependientes una de la otra... Que el decálogo de ser mujer se quedaba en eso, en decálogo, plano sin fondo y que el ser mujer es asumir la magia de creer y no esperar que alguien: un hombre, un trabajo, la familia, un titulo, te haga.
Estas noches de recuerdos, recuentos y cuentos que construyen un capitulo de mi vida, descubro que mi andar ha tenido toques de perfecta imperfección… que los pozos oscuros, que la vida en rosa, que las luciérnagas que un día vi cuando niña, me han preparado para ser mujer-luna. Que la espera, no es sinónimo de inactividad, que la espera de la esperanza no es sinónimo de crear ilusión, que la ilusión de construir un sendero con magia es sólo conocer y reconocerme en la luz y la oscuridad.
Porque al final el “éxito se refleja en los ojos”, como lo dijo mi guía espiritual Ce Coatzin, mujer, abuela, luna, de tradición cuyas palabras me han hecho fuerte, me han consolado, me han confrontado para verme tal cual soy sin máscaras, que me han sacudido e invitado a escribir, rescatar mis talentos y no tener más miedos de ser.
Susana, Esperanza y Ce Coatzin y los guijarros que me han entregado tienen en común la sabiduría del existir en mis planos físico, psíquico y espiritual. La primera, mi madre biológica, la segunda mi psicóloga y la tercera mi guía espiritual, son las hechiceras que de manera nata han descifrado los secretos que sólo las princesas, niñas, mujeres y abuelas pueden tener siendo las tres, una.
Ellas tres en mi una… las lágrimas y la humedad ahora son de felicidad, de saberme afortunada de resguardar sus guijarros. De tener la capacidad de amar y morir al mismo tiempo, de llorar por mis muertos, de, en la melancolía, morir con ellos, renacer y re disfrutar del placer de amar y morir de nuevo con cada frase de mujeres, niñas, lunas, abuelas.
Gabriela Alarcón Ojeda Zihuaozelotl
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