Literatura Carcelaria

Septiembre, 2010

LAS INVISIBLES

REFLEXIÓN

En esta vida en donde se escribe una historia distinta de cada ser humano, te pido un poco de tu atención, a ti mujer, a la que el tiempo no le alcanza por tantas actividades que haces en el día.

Hoy te hablamos otras mujeres quienes, como tú, estaban sumergidas en ese infinito torbellino de responsabilidades. Es difícil ponerse a pensar en las invisibles, amas de casa, profesionistas, hermanas, hijas, abuelas, que hoy están privadas de su libertad. A las que un sistema enumera y les da un nuevo título: ¡Delincuentes! Y a esas amas de casa hoy se les conoce como secuestradoras, homicidas, acusadas por delitos de robo, tratantes de blancas; esas a las que, con artimañas económicas y por intereses personales, les maquinan delitos, esas a quienes por ignorancia las involucran, o esas que, por seguir a un hombre, se enredan en problemas criminales.

Al ser detenidas son sometidas a maltratos psicológicos y físicos, comenzando un cruel tormento y derramando lágrimas hasta terminar ese manantial del alma.

No te culpo por no verlas, si yo misma no lo hacía, me parecía un tabú hablar en casa de esto.
Hoy te digo: ¡No!, no somos invisibles, somos mujeres como tú, con sentimientos y virtudes, madres a las que la ruptura de la familia y el alejamiento de nuestros hijos, abren una herida que sangra constantemente cuando, en una visita rápida, ellos apresuran el paso deseosos de vernos y nos extienden sus brazos para rodearnos fuertemente y expresarnos “mamá te extraño”.

Y la dolorosa despedida, al verlos alejarse detrás de esa puerta que priva nuestra libertad.
Sólo nos queda dar calidad en poco tiempo a nuestros seres queridos en cada visita.

Nos hacemos presentes las invisibles, las que en este lugar tenemos tiempo para acercarnos a Dios palpando en nuestro dolor su infinito amor y misericordia.

Escuchando nuestros pensamientos, porque hemos salido de ese mundo tan contaminado de ruido, tan falto de valores, tratando de ser fuertes, preparadas, valorando el tiempo y el espacio, y un día salir a integrarnos a la sociedad, fortalecidas, humanas y ante todo mujeres como tú, como yo… ahora ya nos conociste un poquito más, para con un grito desesperado decir: “NO SOMOS INVISIBLES, SOMOS INVENCIBLES ANTE LA ADVERSIDAD”

María Margarita Hernández Zapata
CERESO de San Miguel, Puebla

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