“Una, dos, tres por Elizabeth, que casi pierde un ojo en una de la muchas golpizas que recibió de su esposo…”: Talleres Chihuahua.
“El bote volado”. Así se llamaba el juego que más me gustaba jugar de pequeña. Se necesitaba poco para jugarlo; solo una lata de metal llena de piedrecillas, un puñado de amigos y mucho entusiasmo.
Era un juego de escondites. Todos corríamos a escondernos. Mientras el niño que iba a ser el que nos descubriera, contaba hasta diez con los ojos cerrados.
El tenía el bote, y cada vez que descubría a un niño, golpeaba el bote sobre una piedra y decía el tan temido “Uno, dos, tres por fulano que está escondido detrás del tractor”. El niño descubierto salía de su escondite y debía esperar a que descubrieran a todos los demás para seguir jugando.
Pero había algo que era verdaderamente emocionante: Para salir a buscar a los amiguitos que estaban escondidos, el niño que nos buscaba, tenía que dejar el bote encima de la piedra y alejarse para averiguar dónde nos escondíamos.
Este era un momento crucial, porque cualquiera de los que permanecíamos ocultos, con un poco de valor y astucia podíamos movernos cautelosamente, poco a poco, hasta “pegar la carrera” con todas nuestras fuerzas, ganarle el bote y golpearlo tres veces contra la piedra gritando a todo pulmón “una, dos, tres por todos mis amigos”. Era un momento mágico. Los niños aparecían de todos lados liberados, riendo y gritando, abrazando al osado que se había apoderado del bote.
Ya todos crecimos. La magia de la niñez quedó atrás. Hoy somos adultos, con trabajo, responsabilidades y una reputación que cuidar. Nos queda muy poco de aquella frescura y valentía que nos hacía emprender arriesgadas aventuras; como cruzar un lago en una tina de madera, montar un becerro, caminar sobre la tranca más alta del corral, a pesar de que no tuviera más de diez centímetros de ancho.
También yo y mis amigas cambiamos. Algunas de ellas están irreconocibles. Hoy quisiera jugar al bote con ellas y animarlas a que salgan de sus escondites. Hoy quisiera “robarme el bote” y gritar:
Una, dos, tres, por Lupita, que fue abusada a los quince años y cuyos papás en lugar de denunciar, aceptaron que el violador “reparara su falta” y la casaron con él, viviendo el martirio de un matrimonio con un hombre al que aborrecía.
Una, dos, trespor Elizabeth, que casi pierde un ojo en una de la muchas golpizas que recibió de su esposo, al que nunca ha denunciado, porque sus hijos (todos reconocidos profesionistas) no soportarían el escándalo.
Una, dos, tres, por Lucia, que llegó del sur huyendo de su marido alcohólico y que ahora trabaja duramente para sacar a sus hijos adelante, sin atreverse a solicitar una pensión alimenticia, para que no descubran su paradero.
Una, dos, trespor Martha y Raquel, que fueron violentadas por su hermano mayor drogadicto y que al acusarlo con su madre fueron tachadas de mentirosas y malintencionadas hacia su hermano.
Una, dos, trespor Myriam, que hace dos años pasó a la historia como una cifra más de las desaparecidas en Cd. Juárez.
Una dos trespor Isabelita, de tres años de edad, que exhibía conductas ligadas con el abuso, como la de jugar con los muñecos imitando gestos sexuales inequívocos y cuya madre, al ser cuestionada por la maestra, la retiró del Jardín de Niños y se la llevó a radicar a otra ciudad.
Una, dos, trespor todas las mujeres, que soportan vejaciones y maltratos psicológicos calladamente, porque están amordazadas por la dependencia económica y emocional de su pareja.
Una, dos, tres, por tí.
Una, dos, tres, por mí.
Una, dos, tres, por mi madre.
Una, dos, tres, por mis hijas.
Una, dos, tres, por mis hermanas…
¡UNA, DOS, TRES, POR TODAS MIS AMIGAS!
Merced Ontiveros
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saludos
Por Alejandra González (no verificado)Hola, yo también digo 1, 2, 3, por todas las mujeres, a veces quisiera tener infinidad de brazos para abrazarlas y abrazarme, porque es muy real que en México la violencia hacia nosotras comienza en casa y la vamos repitiendo en las personas que más nos quieren.
Sólo quiero agradecer nuevamente a DEMAC por esta oportunidad de resurgir con todo y llanto de esas raíces que ya no quiero negar, porque están liberando mi verdadero ser.
Y a ti mami linda, gracias por darme la vida y de antemano te perdono aunque creo que tú nunca me lo pedirás...
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Por bertha alicia (no verificado)Merced, me encanto tu escrito, la manera de hacerlo, es la pura realidad en todo el país, y quiza en el mundo. y yo te digo 1 2 3 por todas las mujeres que estamos saliendo de cualquier tipo de violencia en el hogar. gracias