Talleres Puebla

Diciembre, 2011

Las Letras y mi verdadero Yo

 

(Mi Experiencia en DEMAC)

R. Magda García-Hidalgoa

11 de noviembre de 2011

La primera decisión que tomé en mi vida fue aprender a leer. No fue el camino de la escolaridad, la necesidad propia de la primera infancia o que los profesores y mis papás me dijeran que debía cumplir con esa empresa, no. Fue enteramente una decisión propia, una que resultó ser parte aguas en mi vida y el primer paso de mi naciente independencia como individuo. No me importó que aún tuviera cuatro años de edad y que con ello me esperaran por delante dos años más de colores, cantos y aplausos en el jardín de niños. Fue tan insistente mi deseo y tanta mi iniciativa que, ante la opinión un tanto aventurada de la educadora a cargo de mi aprendizaje preescolar, fue evidente el siguiente paso a seguir: intentar la experiencia en la primaria. Mi actitud displicente, poco cooperadora y mi aburrimiento total a grito en cuello deshacían el plan de trabajo de mi maestra para su pequeño alumnado. Ella exteriorizó ante mi mamá:

--¿Por qué no la lleva de oyente a primer grado? Podría ser que con eso “se le quite la idea" -declaró- alejándose con ello, un tanto del status de “gran educadora del futuro del país".

¡Mujer de poca fe! No se me quitó la idea, al contrario me dieron muchas más y con aquella proposición educativa comenzó mi extraordinaria suerte. Mi mamá conocía a una maestra de una primaria cercana a la casa, había sido su compañera en su corta, cortísima, estancia en la escuela normal y para mi buena fortuna en ese ciclo escolar trabajaba con primero de primaria. Mi madre le pidió me recibiera de oyente en su grupo a fin de que mi cosquilla por leer se tranquilizara y regresara tranquilamente a los juegos, las canciones y la simpleza del kínder de aquellos años.

Cuál sería la sorpresa de todos cuando abandonando las caricaturas vespertinas que tanto me gustaban, me comprometí en cuerpo y alma con la escuela provisional y de intenciones lúdicas, para llegar a aprender a leer en un par de meses. En poco tiempo ya estaba haciendo mis primeras lecturas por mí misma. Jamás regresé al jardín de niños y quedaron muy pocos recuerdos en mi mente de él.  A pesar de eso, mi vida se transformó, las letras escritas o leídas definieron toda mi vida subsecuente.

No hice de las letras mi profesión, sin embargo, siempre escribí y convertí a los libros en mis amigos inseparables. Hasta que de pronto, la tragedia atrapó mi vida y sopló sobre mi mesa llevándose volando todas mis hojas y mi tinta. Mi papá murió y yo decidí, poco a poco, no volver a escribir. La vida se me vino encima y, de una manera extraña, me percaté que no podía traerla al papel, era demasiado intensa para absorberla de forma que pudiera derramarla mediante la escritura.

La lectura, por otro lado, era una conexión muy íntima con mi difunto padre, así que la conservé muy cerca de mi corazón y con dieciocho años continué haciéndole un homenaje en mis lecturas a solas. Ese amor por la lectura me acompaña hasta la fecha.

Cuando pocos años después de esa pérdida mi hijo murió, yo me fui enfermando cada día más, caí en una depresión severa y un trastorno de ansiedad que me aislaba de mi entorno, en mis horas en cama acompañando a mi hijo en su muerte sólo leía y leía. Dejé mi carrera profesional a un lado para entregarme a mi recuperación, ya habían pasado seis años de su fallecimiento y dos periodos de medicaciones para controlar mi enfermedad, espolvoreadas con muchas, muchas sesiones de terapia psicológica.

Sin mi carrera, a la que tanto amaba, sin mi hijo al que amé mucho más, aunque de la mano de mi amoroso esposo, me sentía perdida, no tenía rumbo, pues todo mi camino lo trazaba mi carrera científica, había sido Física desde siempre y no concebía mi vida sin ejercerla; parte de mi definición personal incluía ser científica. En mi esfuerzo por reinventarme, tras la recomendación de mi terapeuta ante mi amor pasivo por las letras, me animé a llamar a DEMAC. Una de sus asesoradas había tenido una experiencia muy constructiva ahí y él pensó que yo podía encontrar algo para mí en aquel lugar, ¡nunca se imaginó cuánto! Tardé algo así como un año en entrar en esa casona del centro de Puebla por primera vez tras esa conversación. Aún conservo el papel donde anoté los datos después de que llamé para informarme. No estaba aún lista, mi aislamiento depresivo todavía pesaba mucho. Afortunadamente, un día de enero mi momento llegó.

--Hola, buenos días, ¿me podrías dar informes acerca del taller de autobiografía? -en ese momento yo no sabía que previo a él, existía una primera etapa- Sí, ¿el miércoles empieza uno? Perfecto, pasado mañana estoy por allá.

Inicié así el taller “Para mujeres que se apropian de la escritura", aunque para mí fue “Para descubrir quién eres en realidad". Nos encomendaron, a mis compañeras y a mí, el primer ejercicio y yo exploté. Mi mano no tenía la rapidez para plasmar las letras en el papel con la velocidad que brotaban de mi alma, ni la fuerza para sostener la pluma por tanto tiempo mientras todo lo que tenía guardado, olvidado o atorado, brotaba cual manantial desde la hermosa luz que decoraba mi pecho en ese momento. Esa luz adornaba mi libreta de tinta de la que germinaban brotes de flores de mil colores, salpicaban hojas de un doloroso verde y de vida; se llenaba de vida con ella mi alma, mientras comenzaba yo mi camino de regreso de la muerte, donde me encontraba por amor, por el amor indescriptible de una madre por su hijo.

Al escribir descubrí una razón nueva para despertar, una motivación profunda en mi vida, algo que me está susurrando quién soy en realidad y lo grande que aún puedo ser. Mi voz, mi verdadera voz está creciendo dentro de mi pecho.

El poner en papel parte de mi vida me ha hecho darle otra dimensión a las cosas y mirarlas con una carga emocional diferente a la que tenía; ha sido, el escribir, una herramienta terapéutica inigualable que ha venido a redondear todo mi trabajo previo efectuado durante muchos años; me ha conducido fuera de la cama, muy lejos de la depresión y del dolor.

Mi experiencia en DEMAC me ha dado nuevas amigas y una manera más para compartir y dejar que me compartan, del dolor, de las alegrías, de las incertidumbres, del camino y la vida misma; compartir el ser mujer. Por el taller he decidido contar la verdad: soy una mujer de 35 años que hace trece, junto con su adorado esposo, perdió a su pequeño hijo de dos meses de edad, Doctora en Física que en su corazón ama la danza, las letras, la música, pero sobre todo las historias.

Y la mía apenas acaba de recomenzar.

 

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11 Ene20:05

Gracias Ivonne!

Por Magda (no verificado)

¡Qué gusto me da ver que alguien leyó mi texto aquí publicado!

Ivonne muchas gracias por tus palabras.  Quiero mandarte un abrazo enorme, pues vidas similares hemos atravesado y como comentas, felizmente hemos renacido del dolor, escribir ha sido parte hermosa de ese proceso.

Me encantaría saber más de tu libro y de mi parte, te invito a acercarte a mi blog:

www.lairrealtravesia.blogspot.com

Escribo todos los martes e intento con ello ayudar a todas la personas que se acerquen a él a que, como nosotras encuentren en compartir historias una herramienta para reencontrar el camino o simplemente andar por él acompañada.

Te mando un abrazo!

 

Magda

16 Mar16:49

felicidades

Por YVONNE (no verificado)

Hola Magda, nuevamente soy Yvonne, me metí a tu blog y está muy interesante, felicidades!!!

Ojalá podamos estar en contacto mi correo es yvonnebulnes@hotmail.com

saludos

06 Ene13:23

Flicitación

Por YVONNE (no verificado)

Mi estimada Magda!

Leo tu historia y encuentro una gran empatía en ella. Mi padre murio cuando yo era muy pequeña por lo que marcó mi vida y hace tres años, mi hija de 25, alcanzó a su abuelo. Comprendo tu dolor, tu tiempo de duelo y la necesidad de salir adelante. Yo estoy por publicar un libro con mi experiencia de haber tenido una niña especial y el duelo de una madre.

Me da mucho gusto que hayas resurgido, te felicito porque es una etapa muy difícil y dolorosa,  y confirmo el impacto tan fuerte que tiene la escritura para sanar almas. Estoy profundamente agradecida con DEMAC  por la   labor tan grande que hacen apoyándonos a las mujeres.

 

Yvonne Bulnes