Talleres Puebla

Diciembre, 2011

Lucía Parra

 Testimonio

Lucía Parra Bolado

Siempre lo quise, siempre me atrajo, siempre lo hice, aunque de manera secreta y robándole el tiempo a todas las grandes o minúsculas cosas que tenía que hacer en mi  ocupada y complicada existencia de madre, hija, hermana, amiga, maestra, esposa y ama de casa.

Lo hacía para recordarme, para sentirme más ligera y aliviada, para consignar en letras los acontecimientos que me dolían o que me emocionaban, los que llenaban de lágrimas mis instantes o de odio mi corazón, los que generaban brillantes estrellas y mágicas luces en mi pensamiento, los que transcurrían sin dejar rastro, pero que luego recordaba cuando menos lo esperaba.

Llevaba un diario oculto que destruí por temor a que fuera visto por sus ojos. ¡Tonta de mí!, a mi esposo nunca le interesó ni un milímetro de mis sentimientos. En ese cuadernillo consignaba los dolores que me causaban sus desplantes iracundos y desvaríos etílicos; sus enormes frustraciones e interminables horas de indiferencia de todo lo que ocurría en nuestra casa, los hijos y sus apuros, los dentistas, las cuentas qué pagar, las escuelas, las tareas, los pleitos juveniles y los dolores del crecimiento.

En otra libreta de hojas blancas y pastas duras apuntaba lo que no me importaba demasiado que se leyera, por quien fuera. Los detalles de mis días, los eventos notables, las impresiones que me causaban los sucesos mundiales, la indignación de crímenes de los que me enteraba en los periódicos, las reseñas de los libros que leía, los pleitos y broncas del trabajo que en algunos casos me inundaron de penas largas y sangrantes, los rencores inútiles y los ruegos no escuchados, frustraciones, sustos, cartas a mis hijos, poemas de otros, textos que me movieron y muchos de los pequeños detalles que compartía con mis amistades.

Así que cuando vi anunciado un minicurso de “Mujeres que se atreven a contar su historia”, dije: esto es para mí. Recordé las palabras que una vez escuché de una amiga: “cuando el alumno está listo, aparece el maestro”.

Aunque el taller duró solamente unas cuantas horas, eso fue suficiente para recordarme que yo tenía algo que decir, aunque sólo fuera a mí misma. En esas horas y con esos ejercicios mi mente recuperó muchos años de silencio y de recuerdos guardados, sentimientos escondidos que estaban ahí y de los que no sabía que existieran, agazapados y dormidos, esperando a ser despertados para que vieran la luz. Momentos lejanos y sensaciones gratas, emociones reprimidas y castigos sutiles, ¡cuánto, cuánto había que decir!

Y una cosa lleva a la otra, como no me llené con la probada, tuve que ir en busca del pastel, del manjar delicioso que brinda la escritura.

El taller de Introducción a la Autobiografía “Secretos, Leyendas y Susurros” que inicié en DEMAC a principios de 2011 ha sido uno de los regalos más lindos que he recibido, me ha enseñado y me ha sanado. Me ha dado el valor para decir lo que soy y lo que siento.

El tomar y el dar en el acto de consignar en palabras mi vida, me ha liberado. No me preocupa ahora para quién escribiré mi historia, podría ser para quien quiera saberla o para quien quiera servirse de mis experiencias, pero sobre todo para mí, para entender la vida, para explicármela y saborearla antes de que se acabe.

 

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13 Feb09:40

saludar

Por Guadalupe Nolasco Casillas. (no verificado)

Querida Lucy, que te puedo decir que tu no sepas , de lo que admiro tu escritura, lo interesante que haces tus vivencias, la manera  en que resalta tu historia  por  la forma tan bella de expresarla y la riqueza del contenido literario, se deslizan los ojos por los renglones como por el agua manza de un rio. Te autorretratas en él linda , tranquila pero en el fondo con una fuerte corriente capaz de suavisar las rocas más egrestes.

Abrasos, besos. de tu amiga. Lupita

19 Ene10:57

Revivir el diario oculto

Por Leonor (no verificado)

Lucía:

Te llegó la hora para estar lista y comenzar a resucitar ese diario oculto que habla de lo más íntimo de tu ser, sin importan a quién llege ni qué opine de ello.  Qué liberación y qué paz debe dejarte ese atrevimiento. Felicidades. Un abrazo cariñoso.

Leonor