El trabajo en el penal*
Dar un taller de escritura autobiográfica en un penal es una gran aventura, pues ahí dentro las mujeres se vuelven más profundas, reflexivas; detenidas del trajín de la vida diaria no les queda otra que encontrarse consigo mismas, con su verdadero rostro, con lo que han sido, con lo que querían ser; con lo que aún quieren alcanzar. Ellas no desaparecieron, no fueron “borradas del mapa”, siguen existiendo, sólo que no las vemos, se vuelven invisibles y así, conocedoras de su condición, deben seguir su camino.
Cuando las veo llegar al taller, oliendo a jabón, a recién bañadas; cuando veo que vienen de su clase de danza o cuando traen entre las manos un bloque de textos que han escrito durante la semana y que están ansiosas por compartir, no me queda más que entusiasmarme con ellas y admirarlas; sí, admirarlas, porque no sé si en iguales condiciones yo podría levantarme de mi colchoneta para tratar de sacar adelante el gran proyecto de escribir mi autobiografía, pero ellas lo hacen y sienten que es algo tan importante que invitan alguna que otra amiga perdida por ahí, que lleva su pena entre los pasillos del penal, donde no se puede llorar abiertamente, y en el taller se llora mucho, sí; pero también hay espacio para la risa, para la solidaridad, para compartir una charla amena y hacer de cuenta “como que no estamos ahí”. El taller de escritura de DEMAC les representa una ventana, un espacio de libertad; una oportunidad de ser vistas como mujeres inteligentes, creativas y creadoras, un espacio donde son escuchadas porque saben que nos interesan sus proyectos, lo que tienen que decir.
Cada semana “tallamos” las palabras con el mismo afán que un ebanista moldea una tabla para que se convierta en una puerta exquisita; buscamos entre todas las palabras cuál es la más precisa, la que realmente describe aquel momento, aquella emoción, y corregimos y enderezamos y pulimos cada texto, hasta que cobre vida propia y pueda volar hasta donde no llega su autora.
Les invito cordialmente a conocer este trabajo que hacen las chicas a través de los libros de DEMAC como este que hoy presentamos, Fragmentos de Dignidad. Todo trabajo de escritura termina en los lectores, cuando un autor es leído y el lector lo comprende y comparte con él una historia parecida, una emoción similar, el ciclo de la escritura se cierra en un círculo perfecto. Las palabras son capaces de unir mentes y corazones aunque físicamente se encuentren muy distantes.
A continuación les hablaré del texto de una de las ganadoras del concurso DEMAC.
Su autobiografía se titulaReflexiones y su autora firma con el atinado pseudónimo de
“La Enamorada”
Iniciaré leyéndoles un mensaje de la propia autora:
Mi nombre es Alma Karina Lastra López. Tengo 25 años y es un honor compartir esta felicidad que me embarga.
Cuando la Lic. Margarita Ríos Corvin (Subdirectora del CERESO Femenil de Atlachoyoala) me dio la noticia de que había sido la afortunada ganadora, no podía creerlo, y aún no lo creo, pues en un principio, no deseaba participar, ya que mi historia de vida esta repleta de sin sabores. Hay mucho dolor, violencia, abandono. Pero también hay alegría y esperanza.
La verdad no creí que pudiera tener importancia para mí relatar pasajes de mi vida. Mucho menos en los que hubo abusos. Pero entonces me decidí a contar mi historia y plasmar en las hojas, el reflejo del espejo por el que me miré.
Lo único que pensaba era que debía cambiar de vida, y espero que entiendan que mi voz es la voz de muchos compañeros internos, callados por el miedo. Al usar mi voz quizá pueda ayudar a que algunos eviten llegar a una situación de cárcel. Ahora, curo mis heridas y cierro ciclos. Sé que mi relato no ha sido muy bonito, ni tiene lo que yo hubiera deseado vivir. Sin embargo, ahora entiendo el por qué de tantos sinsabores. Sé que el tiempo no regresa, pero también que puedo corregir el rumbo de mi vida. La estancia en este lugar y la escritura me ha permitido encontrarme a mí misma y saber que es lo que quiero.
Al contar mi historia hay situaciones que realmente me avergüenzan, pero al escribirlas pude comprenderlas y dejar de avergonzarme para aprender de las experiencias.
El objetivo de contar mi historia es que toda aquella persona que lo lea se dé cuenta de que sí existe una segunda oportunidad y que hay que aprovecharla al máximo, que no importa el lugar donde nos encontremos; lo que importa es la actitud frente a la vida.
La autora de este texto, Karina, escribe desde el Centro de Readaptación Social (CERESO) de Atlacholoaya, Morelos, lugar que es el punto de partida para que ella haga un recuento de su vida para compartir con sus lectores el difícil camino que siguió desde el seno de un hogar que parecía tan común como cualquiera, hasta verse atrapada en el mundo de la drogadicción y el narcomenudeo.
La Enamorada nos cuenta a la par de su propia aventura, los principales acontecimientos que han marcado a nuestro país desde que ella nació, en 1985, año en que sufrimos tremendos sismos, y asocia las crisis políticas y económicas de México a su propia dificultad para salir adelante económicamente, y nos dice que esta no es la historia de una heroína, sino todo lo contrario, lo es de una mujer con temores, alegrías y tristezas; pero sobre todo “con un gran orgullo de ser”. Ella es la menor de los cinco hijos que tuvo su madre, “mamá Chucha”, quien a lo largo del relato representa para la autora un sostén, al igual que su hermano Celso, quien se quedó al frente de su familia ante el abandono del padre, haciendo por ella lo más que pudo, incluso viéndose obligado a abandonar sus estudios, hasta que tanta presión lo hizo ceder a la seducción de las drogas y con ello se vio involucrada toda la familia, que vio en el mundo del narcomenudeo una opción para superar las dificultades económicas.
La Enamorada se revela en este texto como una mujer inteligente, partidaria de movimientos sociales de izquierda, gran lectora, amante de las artes, de carácter fuerte, lo que la ayudó a enfrentar su condición de madre soltera, pues el padre de su hijo era un adicto quien sólo buscaba de ella dinero. Un buen día ella quiso saber más, conocer por qué la droga llamaba tanto a la gente, a sus ex compañeros de escuela a sus vecinos; es así que decide probarla, hasta que se ve atrapada en una adicción que no puede controlar y que la llevó al CERESO ante la denuncia de sus propios proveedores.
Dentro del penal ella decide participar en la vida cultural del Centro y así conoce a un hombre quien casualmente lleva el mismo nombre de su hijo, Jonathan, aunque como ella dice, el de su hijo se escribe con h. Este hombre es un recluso que escribe y dirige obras de teatro, pero con una gran fama de mujeriego, sin embargo, La Enamorada encuentra en él a un compañero con quien compartir las lecturas de Simone de Beauvoir y Virginia Woolf, con quien hablar de Trotsky de Diego Rivera, de Rosa de Luxemburgo y él se siente recuperado del dolor que le causó perder a su propia familia, a su hija; ella se compromete entonces con su propia rehabilitación, ya que como dice, nunca imaginó que en el infierno encontraría al verdadero amor.
Sin duda se trata de un texto sumamente interesante, que atrapa al lector desde un inicio y cuya temática es de gran actualidad.
“Si antes maldecía cada día que despertaba porque sabía que me iba a drogar, ahora le agradezco a la vida vivir un día más. Hoy ya no quiero llorar por lo que perdí, hoy quiero luchar por lo que tengo a cada segundo y minuto de mi vida. Tuve que pisar el fango para reaccionar. Mordí el polvo de la insensatez cuando me drogaba. Saboreé el cáliz amargo de la soledad y el encierro. Vivo en una cárcel, pero mis ideas vuelan y se comprometen. Si antes no sabía lo que quería para mi vida, hoy sé lo que quiero y lo que no. Y cuando estoy triste me refugio en mí para crear mis letras y le susurro a la luna mis sueños y anhelos”
La Enamorada cierra con su autobiografía la etapa más dolorosa de su vida y nos dice que ahora está lista para hacer el amor cobijada por las canciones de Silvio Rodríguez y Violeta Parra.
Ahora les presentaré el otro texto ganador: Casa Calabazade María Elena Moreno Márquez
Este es un breve, pero emotivo relato de una de las participantes en el taller que dirijo en Santa Martha Acatitla, Maye como le decimos quienes la apreciamos, es una chica callada, distante, de una mirada profunda y una sonrisa que pocas veces aparece, pero cuando lo hace, la ilumina por completo. En el penal hay muchas chicas que la siguen, que la buscan, la aprecian mucho porque es una persona amable y educada y su gran talento para el arte es imposible de ocultar; ella dibuja, pinta, escribe, actúa y dirige teatro, hace poesía también. Yo siempre pienso que he tenido suerte de conocer a esas mujeres dentro del penal, no las conocí antes, no sé quiénes fueron; lo que importa es quiénes son ahora y en ellas descubro valores como la reflexión, la aceptación de errores, la generosidad y Maye no es la excepción.
Casa Calabaza es un texto autobiográfico que va más allá de lo que sucedió, más allá de la anécdota; nos lleva al interior de la propia autora, al ambiente que se vivía en el interior de la casa color calabaza en que todo empezó y todo terminó y en la que, en palabras de la autora “las arañas se reproducían en número sorprendente por toda la casa, como malas ideas”.
Maye narra su vida familiar oscura, distante de sus padres, carente de la cercanía y amor de su madre y en la que sólo su abuela le representaba un sostén emocional, hasta que la perdió, víctima de la enfermedad de Alz Heimer, cito textualmente: “Pude notar cuando ella se marchó. No cuando dejó de respirar, no, sino cuando se fue de su cuerpo, cuando me miró a los ojos y me di cuenta de que el brillo ahí, como puntitas de alfiler, era el destello del alma de alguien más”. La vida de la autora estuvo enmarcada por la violencia verbal y sicológica que construyó una especie de laberinto que culmina en el asesinato de su mamá y en que Maye, presa del miedo y del horror no encontrara otra salida que ocultar el cadáver.
Sin duda, la relación madre-hija es de las más intensas y significativas, aún cuando no sea buena, esto queda en evidencia cuando la autora nos cuenta “me dio mucha tristeza darme cuenta de que pasadas dos semanas, nadie se acordaba de ella… Mi madre, esa mujer pequeña y delicada, sin olor, sin recuerdo, escondida en un rincón negro de la casa calabaza, descubierta treinta días después con horror y espanto”.
Con respecto a su padre, quien la culpó del crimen, la autora nos dice: “Mi padre me echó la culpa, se lo permití… Es viejo ya. Detrás de sus ojos amielados hay secretos, suyos solamente. Él y yo queremos estar en paz, no debernos nada.”
Hoy la autora de Casa Calabaza enfrenta una condena de 28 años que sin duda transcurrirán para ella muy lentamente, pero que estará enmarcada por su talento para escribir, para hacer teatro y por el gran cariño y respeto que despierta entre sus compañeras y que contrastan con una dolorosa frase que revela en su texto: “Allá afuera la gente rápidamente se olvidó de mí, del mismo modo que la olvidaron a ella”.
Seguramente en un futuro cercano tendremos el gusto de disfrutar textos más alegres de esta misma autora, quizá interpretados por su grupo de teatro “Sabandija”; pues poco a poco sus emociones se van restableciendo con la voluntad de recuperar a la gran creadora que lleva dentro.
No me queda más que volver a invitarlos a leer el libro Fragmentos de Dignidad, de DEMAC en el que el corazón de las mujeres en reclusión, late muy fuerte y cobra voz.
Gracias
Maggie Lignan
Tallerista Demac
*Palabras ofrecidas durante la presentación del libro Fragmentos de Dignidad en el Museo Nacional de Antropología e Historia durante la XXII Feria del Libro.
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Comentario
Por Karikula (no verificado)Me parece excelente saber de la vida de las personas que no han sido, afortunadas, o no han tenido el apoyo de sus familiares, porque en eso radica tambien, pienso la mayor parte de los problemas, no tenemos a quien acercarnos para pedir una opinionm o un consejo, creemos que estamos olos en el mundo y no tenemos a quien pedir un consejo, por lo que a veces dejamos que sea los ,mas facil, lo que ocurra, la vida en si no es facil, no existen escuelas para aprender a ser padres, hijos, esposos, hermanos, en general todo se va aprendiendo sobre la marcha y a veces con cada trpiezo viene otro mar fuerte y necesareiamente mas doloroso, necesitamos trabajar, mas fuerte por que las siguientes generaciones, realmente experimenten en cabeza ajena, para que se pueda aprender de los errores de otros y se tenga plena conciencia de lo que es bueno y lo que no, no dejranos llevar por el momento y despues arrepentirnos por habernos equivocado.
Tambien creo que se deberia trabajar para que los libros no cuesten tanto dinero ( a veces ) prque eso limita en gran medida su adquisición y la gente se desanima por comprarlos, creo que eso motivaria a los lectores a tener mas espacio para la lectura y puede ayudar a que mas gente tenga acceso a la culltura y por ende a lo que puede ayudar o perjudicar.