Talladoras de Palabras

Noviembre, 2011

Marina Baranda

Guijarros

Me regalaron una tarjetita con un poema que dice:

Baila, como si nadie te mirara.

Canta, como si nadie te escuchara.

Ama, como si nadie te hubiera herido nunca.

Vive, como si el cielo estuviera en la tierra.

Yo siento que no bailo, no canto, no amo y por lo tanto no vivo…

Mi memoria está plagada de recuerdos amargos, pero no toda la vida ha sido así. Han pasado cosas muy lindas, sólo que sigo guardando los malos, como para hacerme daño o algo así. Alguna vez me dijeron que me cuesta estar bien, en ese momento pensé, que tontería. Ahora descubro que es verdad. No puedo estar bien. No estoy  acostumbrada a ello.

También he escuchado palabras que me sorprenden, porque ni siquiera comprendo lo que significan.

 

La vida sólo se vive

Una frase tan sencilla, que para mí es complicadísima. Pienso que mi vida sería más fácil si al nacer me hubieran agregado un instructivo. Con indicaciones precisas para saber qué decir, pensar y hacer en el momento adecuado.

Esa sí que fue una experiencia brutal. No sabíamos en qué lugar estábamos. Nos despojaron de todas nuestras pertenencias. Como para estar totalmente desconectados del mundo. Como si trataran de borrar, todo lo que habíamos sido hasta entonces. Era una noche muy fría, nos acomodaron en una mesa muy larga. Papel y lápiz frente a nosotros. Varias personas daban vueltas alrededor de nosotros y hablaban con furia de sus experiencias. A mí me parecían increíbles. No debíamos dormir, sino escuchar; pero me parecía tan violento y tan falso, que me hacía la dormida.

Escribir la vida en una noche me parecía imposible. Al amanecer nos mandaron con una persona para que leyera lo que habíamos escrito y nos dijera qué onda con nuestras retorcidas vidas. Nos obligaron a sacar toda nuestra ira contenida. A mí me parecía muy chistoso o ridículo y hacía como que me enojaba. Después de mucho tiempo, terminé llorando y diciendo que yo nunca le he encontrado un sentido a mi vida. Que me siento como muerta.

No dejaba de llorar, tenía los ojos cerrados. Ella me acostó en el pasto, con ternura. Imaginaba cómo se veía el inmenso cielo azul. Sentí una brisa dulce en la cara y escuché que ella decía que en la vida no hay que buscar un sentido, porque no lo tiene. Que la vida sólo se vive.

Jamás la he vuelto a ver. Me gustó mucho su despreocupación por lo que estábamos haciendo y por el lugar en el que estábamos.

Detesto esas frases como vive cada día de tu vida, como si fuera el último; porque yo siempre vivo en el pasado o en el futuro o en un mundo de qué pasaría si. Porque siempre espero que me pasen cosas extraordinarias para sentir que existo.

 

Siento mucho lo que te pasa

Muchitas veces he escuchado y repetido la frase lo siento mucho. Creo que a veces sólo se dice de una forma automática. Sin sentirlo de verdad.

Hace poco comenzaron a pasarme cosas muy desagradables. Aterradoras. Mi cuerpo estalló en mil sensaciones indescriptibles. Creo que fue como decir que ya está harto de vivir o de ser tratado mal. Que está fastidiado de mis agresiones, más que físicas, psicológicas.

Llegué a alterarme tanto que no podía estar en lugares cerrados, que sentía que no podía respirar. Me aterraba estar sola, me sentía perdida, me daban crisis de llanto. Sentía que poco me faltaba para pisar un hospital psiquiátrico.

Ahora que recuerdo no todo fue tan malo. A veces sentía que estaba bajo los efectos del LSD. Comer era un acontecimiento, cada vez que ingería algo sentía como cada parte de mi cuerpo lo absorbía. Y recorrer distancias muy pequeñas era un evento de infinitas sensaciones a cada paso. Sentir hasta lo cálido de los colores en el cuerpo. Ver el inmenso azul del cielo. Bueno, pese a todo esto, no quiero volver a pasar por todo eso.

Esos fueron unos días de alerta roja, pero de un tono ¡rojo sangre! Fue como si todo el miedo que he sentido en toda la vida se acumulara en un instante, para explotar y volver al lugar que estaba guardado en mi cuerpo. Y así sucesivamente.

Comencé a buscar a mis amigas. Y nunca he sentido tanto amor, como entonces. Sé que pese a que no nos veamos estaremos siempre que nos necesitemos.

Aquel correo decía, que sentía mucho lo que me estaba pasando. Sólo me detuve en esas primeras palabras: siento mucho. Pensé que era como si todo el dolor que yo sentía lo sintiera ella. También decía que no se explicaba porqué me pasa todo eso, que deseaba encontrar algo para que no me sintiera así.

Nos vimos poco después. Fuimos con unos amigos. Yo la veía como nunca la había visto, como una niña muy divertida. En cualquier lugar en el que ella esté, siempre es Isadora. Y eso me encanta de ella.

Ese día también me dijo muchas cosas que no olvido, algunas muy crudas, pero creo que así es la vida; que no es violeta como yo la imagino. La conozco desde hace siete años. Nos vemos muy poco. Al principio sólo nos veíamos para viajar. Incluso hemos vivido juntas. La quiero y la admiro mucho.

 

Yo soy Marina

Lo he escuchado de varias personas. Y sigo sin saber quién es ella o quién soy yo. La primera vez me lo dijo una mujer que muy encantadora y divertida. No recuerdo su nombre, pero sí su cara y su risa.

Estábamos en un temazcal, en Malinalco (ese lugar siempre me ha gustado, hace mucho que no voy), el ritual, por decirlo de una forma, ya había acabado y nos preguntaron si queríamos entrar. Sólo tres personas entramos, la mujer encantadora y un hombre muy guapo. Al principio ella decía un montón de cosas divertidas que nos hacían reír muchísimo. Ella parecía la guía. Nos decía que nos diéramos masajes en todo el cuerpo. Acariciábamos con barro todo nuestro cuerpo. Poco a poco algunas sensaciones vinieron a nuestras mentes. Él empezó a hablar y recuerdo que decía algo así como que no le gustaba tanto el lugar en el que trabajaba, que sabía lo que deseaba hacer, pero que no se atrevía. Ella debió decirle algo, pero no lo recuerdo. Después hablé yo, debí decir algo así como que me comparaba siempre con todos, que yo siempre me veía mal o me sentía menos que los demás. Ella sólo dijo que yo era (¿soy?) Marina y nadie más.

Me dijo que me lo repitiera y que lo gritara. Al principio no podía, pero lo grité. Pese a que ese día lo grité, mi vida siguió en blanco como siempre. Borrándome, anulándome siempre que he creído necesario o que me ha dado miedo (no sé a qué).

Muchos años después volví a escuchar esa frasecita y sigo sin entender lo que significa. Será porque no se puede comprender algo que se desconoce completamente. Siempre he detestado lo que soy, pero sé que muchas veces no he dicho lo que pienso/siento. Que he estado con personas que no quiero, en lugares que no me gustan. Y que no he hecho las cosas que quisiera. No sé porqué. Creo que lo que pasa es que ni yo conozco a la Marina.

Algo debió pasar en mi vida que hizo que ella se volviera invisible.

 

Marina Baranda

 

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