Talleres Querétaro

Noviembre, 2011

Mi espíritu Martha

¿A quién le hablas? A mí. Me pregunto si actúo de forma correcta con mi familia. Recapacito en la gran paciencia que me tienen mi marido, mis hijos, mis hermanos, mi madre, aunque ella tal vez no se da cuenta de ese sentimiento. De ella siento una fuerte responsabilidad, porque sus cuidados dependen casi en su totalidad de mí, creo que es un peso que necesito aligerar por salud mental y física.

¿A qué parte de mi ser le hablo? Le hablo a la parte más íntima de mi ser, es ahí, muy dentro de mí, donde tengo que ser sincera conmigo, donde tengo que aclarar todas mis dudas, analizar el cómo y porqué de mis consuelos y desconsuelos, de mis sentimientos tanto claros como obscuros, mis deseos, experiencias, así como mis vivencias tanto malas como buenas. Menciono mis dudas, me retracto, porque no me arrepiento de ninguna decisión que me he visto en la necesidad de tomar en el curso de mi vida; para bien o para mal he sido yo quien ha tomado las decisiones más trascendentales, yo he manejado el timón para marcar el rumbo que he tomado y al escribir me percato de la liberación que siento, porque los sentimientos son parte de mi espíritu y me doy cuenta que no soy una persona tan mala como a veces me siento o me hacen sentir: aunque procuraré trabajar por ser mejor ser humano, no sólo ser una persona con buenos sentimientos, sino que los pueda proyectar en mis relaciones interpersonales y asimismo poder dejar una huella positiva en mi paso por esta vida. Lo importante sería también poder transmitir a los demás  y a los que me rodean, una chispa de luz, alegría, tranquilidad y paz.

Esas son mis búsquedas, no sé si estos sentimientos son porque he conocido lo que es la marginación en carne propia; lo que sí sé, es que a pesar de que las mujeres hemos sido marginadas y limitadas de instituciones tanto religiosas, como políticas y sociales, en cada una de ellas he visto que hay una mujer profeta, las he escuchado hablar, he visto cómo nos hemos dado la mano con consejos alentadores, así como para ayudarnos a salir de los baches en los que caemos.

Algunas de ellas son grandes conocedoras que van desde el arte, la psicología, el tejido, la cocina, la religión, etc., hasta transmitir conocimientos de cómo criar a los hijos, cómo mejorar las relaciones con los maridos y con las personas o familiares que nos rodean. La lista es larga, las mujeres tenemos mucho potencial y un sin fin de temas que tratar y mucho qué aprender; definitivamente estoy convencida de la responsabilidad y de la importancia que implica ser mujer, pues la mujer es el motor que mueve al mundo, sin ese importante engrane, nada sería lo mismo en este mundo inhóspito.

Martha

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