Socorro Martínez Camacho
27 Agosto de 2011
Llegué a Demac al azar. Pasé por una calle del Parián, no tenía afán por el tiempo, soy una mujer mayor, jubilada y curiosa; me detuve cuando noté que entraba gente a una casa, no sabía de qué se trataba, me asomé, había mesas con bocadillos y copas con algún vino, las personas subían unas escaleras. Es una casa hermosa, antigua, remodelada con un exquisito gusto sin perder la autenticidad de la época, pasé como una más en esa confusión, pues no pedían invitación. Entramos a un auditorio, supe entonces que un personaje hacía la presentación de un libro, me di cuenta que era interesante y me quedé. Las personas que ahí estaban eran lo que mi mamá llamaría gente bien, finas y guapas, sentí que no desentonaba pues igual me sentía codeándome con ellas. Al terminar surgieron las felicitaciones hacia la presentadora del libro y también participé del festejo.
Posteriormente todos bajamos a brindar y dimos cuenta de los bocadillos y el buen vino, sentí que ahí pertenecía, me creí en el mismo nivel, igual de importante. Entonces me sentí audaz, pregunté a alguien cómo podía hacer para pretender escribir igual que la escritora del libro. Me pidieron datos, dijeron que me llamarían. Cuando llegué a casa, pensativa eché a volar mi imaginación. De ser cierto era muy descabellado que yo, Socorro Martínez Camacho, me atreviera a escribir, jamás había escrito ni siquiera una carta de amor. ¿Qué iba a hacer si me llamaban? Sólo estudié la primaria y de eso hace más de cincuenta años, qué osada me sentí… en el fondo deseaba realmente descubrirme a través de la escritura, desconocía mis capacidades, pero conocía muy bien la historia de mi vida…
Era mi primer día de escuela, así la llamo porque me hace sentir importante. Idolina, la maestra, hizo la presentación de las diez mujeres que éramos, cada una dijo cómo se llamaba, a lo que se dedicaba, y cuál era su profesión; me di cuenta que todas tenían títulos, yo dije, me llamo Socorro tengo sesenta y cuatro años, siete hijos, soltera, y un certificado de primaria, me siento bien aquí, ustedes me agradan.
Así empecé mi primer ejercicio, fue algo relacionado con mi espacio y mi tiempo, escribí algunas cosas, entre otras, que desde un puente donde atravesaba para ir a casa podía sentir la brisa, extasiada de admirar los volcanes, el Popocatépetl y su novia lucían majestuosos vestidos de nieve. Entonces me sentí poeta, experimenté una sensación que no puedo explicar pero me agradó, era lo primero que escribía.
Ahora estoy con otra maestra, se llama Mónica. Y mis experiencias en la escritura me han llevado a un mundo que para mí era absolutamente desconocido, alguna vez dije que cuando llegué a Demac no sabía qué iba a encontrar y descubrí una puerta que, al abrirla, me ofreció la misma caja de Pandora.
Estar en la escuela y experimentar todo lo que he plasmado a través de la escritura, me ha dejado ver lo que no conocía qué había dentro de mí: sentimientos y resentimientos, rebeliones que voy liberando conmigo misma y de las que algunas veces salgo victoriosa dejándome cambiar algunos aspectos en mi vida, como valorarme, quererme, sentirme segura y valiente. Eso no lo reconocía antes, tal vez pensando que no lo merecía.
Viví las adversidades de la vida con un hombre demasiado irresponsable, huyó tal vez por miedo a enfrentar situaciones económicas, se trataba de mantener a siete hijos, qué ingratitud o qué desamor, cuánta tristeza por tratarse del padre, no entiendo la naturaleza del hombre, no se renuncia a tantos con tal indiferencia, el desamor por los hijos simplemente no existe, ellos son lo más preciado.
Han pasado ya treinta años desde que Rafael, el padre de mis hijos, se fue. Éstos se han casado y elegido hacer su propia vida, todos están fuera de mi casa y de mi alcance, yo estoy intentando vivir a mi manera.
Mi tiempo y mi vida giran alrededor de mi propio eje, muchas cosas han cambiado, ya no me afano tanto, sólo pretendo ser feliz con lo que tengo y puedo, la vida, el mundo, y DIOS, me van ubicando, la escuela me ha hecho discernir, en la medida de mi capacidad, todo lo que soy y lo que valgo, ahora sé que soy alguien, no sólo Socorro Martínez Camacho, tengo valores, reconozco mi trayectoria.
Me gradué en la escuela de la vida con honores, creí que había culminado mi carrera de padre y madre. Sin embargo, no terminó. He tenido miedo de equivocarme y he corrido riesgos y cruzado líneas muy peligrosas, entonces siempre recurro a DIOS, para pedirle que me lleve de su mano y las victorias que gane sean en su nombre. A mi manera.
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extraordinario escrito
Por Martha Medina (no verificado)Coco, de verdad te felicito, cuánto trabajo, lucha, tesón, determinación y demás cualidades tuviste para salir adelante, ahora tienes una vida tranquila, como te la mereces y te la ganaste a pulso, que Dios te siga ayudando y sigue escribiendo. Felicidades!!!
Martha