Talleres Puebla

Marzo, 2011

Mi maternidad

 

Vivir la maternidad es una experiencia que llegó a mi vida siendo joven, y sin que estuviera aún en mis planes, por lo menos conscientemente. Sin embargo, antes de empezar a hablar de ella quiero afirmar que vivirla ha sido la mejor experiencia y la máxima expresión de mis sentimientos y de todo lo que yo soy.

Hoy, como hace 21 años, aún tengo presente el momento sublime en que le di pecho por primera vez a mi hijo; al recordar esa conexión única e irrepetible me vuelve a embargar la emoción. Desde ese momento, hasta ahora, puedo firmar que mis ojos no han derramado lágrimas que expresen tanta satisfacción, alegría, amor y gratitud a la vida, fue un éxtasis único el sentir esa unión con mi hijo y ver en él, a la vida misma. Fue entonces cuando empecé a entender el perfecto significado de la trascendencia, por que sentí que a través de ese pequeño ser, que en ese momento dependía de mi para vivir, estaba parte de lo que yo soy, y que de mi dependería, en una gran medida, lo que él sería.

Desde ese momento, como por arte de magia, mi vida cambió y entendí  que ese sentido de amor, de obligación, de compromiso que hace que estés en vigilia al cuidado del bebé es producto de la hermosa palabra maternidad y, aunque el sentido cambia conforme la he vivido, por que ahora también lleva implícitos el concepto de  responsabilidad, compromiso, ejemplo, trabajo, estoy convencida de que el ser madre y asumir la maternidad, aunque biológicamente resulta hermoso, también se vive por quien decide asumirla y se compromete a ser Madre.

Para mi la maternidad es un compromiso de vida que no se acaba nunca, es un concepto que nos acompaña al género femenino. Estoy segura de que en la vida no hay mujer que no pueda describir en su esencia el sentimiento de maternidad, no sólo por dar la vida a un ser, sino por que somos creadoras de sentimientos, de ideas, de conceptos. Sin el sentir femenino la razón masculina no generaría vida y amor.

Día a día las mujeres nos embarazamos de un deseo y germinamos ideas, conceptos, planes, y al final, si nuestro sentimiento y razón es tan grande, damos a luz lo que tanto deseamos. Yo me pregunto ¿acaso una pintora no ve a su obra como a su hijo más deseado, más querido?, finalmente concibió la idea, la desarrolló, y nace para todos.

Las mujeres somos madres de distintas formas y a cada instante. Ese es un privilegio que nos hace únicas y necesarias, no sólo en lo biológico sino en la concepción de ideas que llevan el sentir femenino y que hacen que este mundo sea maravilloso.

La maternidad es un privilegio que muchos hombres desearían experimentar para acercarse más a la  grandeza de ser mujer.

Dalhel Lara Gómez

 

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23 Abr08:48

Dalhel: Al leer el

Por Leonor (no verificado)

Dalhel:

Al leer el comentario del hombre que te escribe vuelvo a tomar consciencia de la trascendencia que tiene el publicar los sentires de las mujeres.  El tuyo en particular ha logrado transformar la visión de un hombre y seguramente ha tocado a muchas otras mujeres que comparten tu experiencia. Ojalá y esto te anime a seguir escribiendo y compartir tus textos con los demás. Estoy segura, también, que para tí ha sido una confirmación de tu maternidad el haber re-vivido, a través de tu escrito, esta preciosa experiencia.  Gracias por tu aportación y por abrir tus experiencias de vida a los demás.  

Leonor

14 Abr13:46

Querida Dalhel: Querida

Por Anónimo (no verificado)

Querida Dalhel:

Querida porque con este escrito me remontaste a la parte descompuesta de mi ser, aquella llena de soberbia masculina que se maneja desde la lógica y el intelecto, la que planea, analiza y descalifica, pues me hiciste detenerme un poco, y en un alto, volver a mi verdadero yo para reconocer una actitud inadecuada mía: No dar crédito a la gran responsabilidad que tiene la madre de mis hijos al guiarlos por la vida, sola, con un detractor más que un aliado.

Pude notar que dicho por una persona que no me conoce y a quien no conozco, este testimonio es un toque amoroso a mi falta de voluntad por darle su lugar a la mejor persona que mis hijos pudieron haber tenido como madre. Y por lo tanto, hoy me propongo y me prometo ser amoroso y paciente con ella, desde el amor que ahora puedo compartir con los límites que yo mismo me tracé con actitudes inadecuadas, no importa, desde tal posición voy con todo el amor, el de padre y el de aliado por la educación y formación en el amor de mis pequeños.

Estoy seguro que este escrito es mucho más que una sola publicación, es una herramienta valiosísima para transformar vidas, es una lamparita de luz amarilla para ir frenando el avance infame del desamor y un cambio a luz verde desde la ternura, que es la frecuencia más alta del amor para seguir viviendo sin obstáculos. Si eres capaz de describir esto tan elocuentemente, me queda claro que eres capaz de amar igualmente, y con ese sentimiento continuar escribiendo para seguir transformando el mundo, para seguir trascendiendo.

 

 

Gracias mi querida Dalhel