Talleres Querétaro

Noviembre, 2011

Mi naturaleza

 Por: María del Rocío Rodríguez Granada C.

Hombre y mujer somos co-creadores de vida, ambos la generamos, pero la mujer alberga la nueva vida concebida y la nutre hasta desarrollarla a tal punto que el nuevo ser pueda literalmente salir al mundo y vivir en él.

En mi caso, esa nutrición y creación no ha sido generada de manera biológica. Ya muy tarde en mi vida pudimos gestar, mi pareja y yo, un ser que no estaba destinado a desarrollarse y murió en mi seno a sólo 12 semanas de vida. Esto lo considero sólo como la oportunidad que el destino me dio para experimentar este proceso biológico de la maternidad, aunque fuera por unos cuantos días, en los que mis hormonas me pusieron de cabeza con tantos cambios psico-fisiológicos que sentí.                                                                                                             

Mi misión entonces es desarrollar la capacidad creativa y de sustentación en otras facetas y a otros niveles de mi existencia. Toda esa sensibilidad que tengo para la belleza, ser ordenada, equilibrada, bien firme en la tierra y a la vez muy soñadora, he de verterla en diferentes mundos: el de afuera y el de adentro.

Durante muchos años me busqué a mí misma en mis logros, títulos, premios, alcances, éxitos y sueños cumplidos. No tanto por el efecto y aplauso de los demás sino por demostrarme a mí misma mi capacidad, lo que yo soy.

Con el tiempo me di cuenta de que no es necesario ver materializado lo que soy capaz de generar, sino que era mi incapacidad de reconocerme a mí misma lo que me forzaba a hacer cosas para darme cuenta de lo que hay en mi interior.

En el mundo de afuera puedo participar ayudando, moviendo y elevando sentimientos y conciencias de mis semejantes desde la psicoterapia y desde mi obra pictórica, escritos, creaciones con las manos, consejos y abrazos, palabras de aliento y afecto a los demás.

Pero el mundo interno es aún más sutil, más certero y verdadero.

Conforme tenía logros externos, iba cavando en las profundidades de mi auto-comprensión. Descubrí cosas que no me agradaban en lo absoluto.

Puedo mencionar, por ejemplo, que la gran sensualidad con que fui dotada puede llevarme, si le doy rienda suelta, a la autocomplacencia. Es decir, puede desembocar, por ejemplo, en una tendencia oral que busca constantemente el placer en deliciosos platillos, postres y chocolates que pueden darme varios kilos de más en tan sólo unos cuantos días de gula.

Descubrí también que mi fuerte impulsividad obedecía a enojo contenido y el deseo de huir de situaciones que me causaban confusión y miedo que en realidad estaban dentro de mí pero que se convirtió, al paso de los años, en cambios de trabajo, vivienda, parejas e incluso de país de residencia. Esta impulsividad me dio la oportunidad de cambiar de vida y rutinas, de experimentar muchas cosas nuevas, lo cual satisfizo mucho mi gran curiosidad, pero también se convirtió en un problema cuando no tenía bien calculado el riesgo que tomaba.

Ahora me doy cuenta de que esa falta de reconocimiento de mí misma, así como pensar que yo no era lo suficientemente buena o capaz, me hacía buscar afuera quién era yo a través de mis logros. Ahora descubro que basta con reconocerme tal cual soy.

Mi naturaleza entonces consiste y ha consistido en gestarme a mí misma, en buscarme, conocerme, parirme y vivir. Morir a mis propias limitaciones y seguir avanzando. Romper mis propias barreras, curar mis heridas, perdonar y nacer otra vez. Renacer, renacer, renacer, desde la visión más alta conseguida en ese momento en mi conciencia. Aceptarme tal cual soy y cambiar lo que no es mío, es decir, lo que adquirí en el camino que me limita y opaca en mi verdadero ser.

Reconozco que intentar cambiar a los demás y al mundo no surte efecto si uno mismo no es el agente de cambio. He experimentado que intentar que otros cambien implica imponer mi punto de vista, mi ego, mi predilección desde mi propia óptica y eso es violento porque he generado enojo, resistencia y agresión. Para mi ese no es el camino. He notado que tan solo con la aceptación de mi misma, de los demás, de las circunstancias, logro hacerme lo suficientemente  dúctil y sin resistencia para poder hacer cambios. Cambios que siempre se inician en mi interior y luego, como un regalo de la vida, se ven reflejados afuera, sin que esta sea mi intención principal. Esto para mí es crear, generar y nutrir desde mi ser.

Al fin me doy cuenta de que tengo todo lo que necesito, que soy todo lo que preciso ser para realizarme en el amor y para ser yo misma. Me reconozco como un ser divino, como luz, como reflejo del Todo que está aquí para crecer y realizarse a plenitud.

Nada como lo auténtico, lo verdadero, lo espontáneo y lo sencillo para refrescar al mundo. Esa me gustaría que fuera mi donación a los demás: una lluvia de frescor, de espontaneidad infantil, de alegría a partir de mi propio parto hacia la luz, el amor, la verdad y la belleza sutil y perfecta que en definitiva está en todo ser viviente y la creación indivisa.

 

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