Alejandra: nombre de reinas, historias y leyendas, dicen que expresa protección y fuerza.
¡Cuán absurdo suena aquí y ahora!
Alejandra está rota, deshecha, cual aristas de un cristal que en instantes se hace añicos, fragmentada en mil pedazos como piezas de un rompecabezas sin pies ni cabeza.
Alejandra tiene que ser nuevamente armada. Hay muchas manos para ayudarla. Se recogen los fragmentos, se separan los matices, las formas, los colores: rojo de desesperación, negro como el vacío, blanco sin forma ni tiempo, azul cual lágrimas cayendo.
Así, cuidadosamente, se van juntando las piezas. Restos del pasado con retazos del presente.
Lentamente, cual gloriosa obra, se van formando las letras:
Amores
Lejanías
Esperanzas
Juegos
Angustias
Noches
Días
Risas
Ausencias
Las partes antes dispersas están ahora ensambladas. El nombre está listo, suena otra vez a fuerza y entrega. Alejandra está terminada, a los ojos de todos está perfecta.
Nadie sabrá que le falta una pieza. Alejandra por dentro está hueca, vacía. Suena a llanto, no a valentía. Le falta el alma, le fue arrebatada; no estará completa hasta encontrarla y sólo una mano decidirá cuando.