Talleres Chihuahua

Diciembre, 2011

Mi tía abuela: Ramona Obregón Aguilar

Mi tía Ramona fue la única hermana de mi abuelita materna y única pariente viva que conocí en la familia de mamá. La recuerdo con mucho cariño y agradecimiento con Dios de que la vida me haya dado tan hermoso regalo… tener a mi tía Ramona.

Fue una persona que me ayudó a sentirme segura para hacer lo que yo quisiera. Cuando yo tenía alrededor de 10 años le comentaba a mi tía que me sentía muy fea y delgada en comparación de la belleza de mi hermana la mayor que era bonita y muy arreglada, ella me contestaba “no te preocupes te vas hacer bonita después”.

Mi tía la miraba yo muy chistosa, alegre, cantadora, bailadora, nunca se quejaba de nada, al contrario, siempre estaba sintiéndose muy contenta con todo lo que le rodeaba.

Nos visitaba muy retirado pero cuando lo hacía ya la estábamos esperando con ansias, ya que llegaba cargada de cosas del rancho, como huevos, queso, tortilla de harina, remedios caseros para la tos y otras enfermedades, hechos por ella misma. Cuando llegaba, yo corría muy recio y muy contenta para encontrarla abrazándola, pues me moría de ganas de oír historias de su juventud, sus amoríos, matrimonios y vagancias que ella había vivido. También recuerdo haber oído sus dichos como “siempre ha habido matones, borrachos y tarugos, aunque pasen los siglos y los siglos”.

Yo siempre la vi viejita, pues a la pobre se le habían caído los dientes desde muy joven; era chaparrita, morena y decía “soy prieta porque soy india Yaqui”; su cabello era largo y se lo peinaba de chongo y se lo detenía con peinetas muy macizo, cuando nos decía algo lo hacía riéndose de todo así… jijiji, apretando la garganta.

Era costumbre que al empezar las vacaciones de verano nos fuéramos, mis cuatro hermanos y yo, a pasarlas en su ranchito donde vivía con su esposo, un ruso que la quería mucho. Lo chistoso era que cuando llegábamos a su rancho me transformaba dado rienda suelta a mi imaginación, gracias a ella, pues decía que yo era su sobrina preferida y me dejaba jugar a que era india como ella y hasta me ponía un trapo como apache y una pluma de guajolote pinto. Como no había electricidad, en la noche hacíamos lumbre para ver un poco, en el día juntábamos muchos leños que había en el campo. Allí, alrededor de la lumbrada empezaba lo bueno pues como me daba por imitarla en todo, si ella fumaba, yo le pedía cigarro y me lo daba; si ella bailaba y cantaba yo también bailaba y cantaba como ella me enseñaba a bailar, tangos y pasos dobles; si ella bebía tequila también me daba mis copitas, así llegamos a pasar horas y horas, llegamos en ocasiones a ver el amanecer y hasta entonces corríamos a la cama a dormir un poco.

En el día, como yo era la mayor de mis hermanos, tenía que ayudar a lavar y hacer comida, lo hacíamos a risa y risa, y cante y cante rápido para aprovechar las tardes oyéndola contar la historia de mis antepasados. No sabía leer ni escribir, pero ni falta le hacía, tenía muy buena memoria. Me dictaba canciones para que me las aprendiera, todavía recuerdo algunas como “El quelite”, “La borrachita” y “Mi querido capitán”.

Lo que más me sorprendía en ella era su inteligencia y habilidad para echar las cartas, sabía leer, el presente, pasado y futuro; ¡ah caramba! Que aguzada es mi tía, me decía yo. Un día le pedí que me enseñara pero no quiso, entonces le dije échame las cartas, y me contestó “ya te las eche y ni cuenta te diste, vas a ser siempre feliz e inquieta, suertuda en el amor y con muchos hijos”, y así fue. En ese momento no le di importancia a sus palabras; después de cincuenta y tantos años que pude realizar mis deseos de vivir la vida con alegría, por algo salí medio bohemia, cantadora y con ganas de experimentar cosas nuevas. Y como decía mi tía, hay que saber de todo un poco.

De ella recuerdo detalles… ahora comprendo claro y veo sus virtudes pues sí tenía de qué quejarse, ya que le tocó vivir la época de la revolución, con pobreza y orfandad. Su ranchito estaba lleno de carencias pero a ella y a mí nos parecía hermoso.

Cuando yo tenía casi 15 años mi tía Ramona enfermó de los bronquios y dijo que por fumadora y cocinar tanto tiempo en la estufa de leña; todo fue muy rápido, no lloré, solo recordé su risa y alegría a la vida.

Todavía puedo verla prender leños en la estufa de leña llena de hollín, con la misma ropa obscura, su falda de tablones y suéter gris, y oír su risa jijijiji.

Teresa de J. Sánchez Bernal

 

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