El día que seas madre la comprenderás
Osiris Pérez López
Marzo 27, 2009, 8:00pm, un quirófano, la lucha por no quedarme dormida tras el efecto de la anestesia en mi cuerpo. Se escucha un llanto, ahí estaba, tan bella, frágil y pequeña. Regina, la niña que siempre desee, estaba conmigo. Yo, con lágrimas en los ojos, la besé. El corazón me saltaba de la emoción y el amor tan grande que sentía por ella, sin duda, el regalo mas hermoso que Dios me dio.
Cuando me preguntaban ¿que sientes ahora?, ¿qué pasa en tu cabeza y corazón? ¿Ahora entiendes a Blanca? Jamás la podré entender, contesto.
Ella, prefirió hacer su vida sin mí. Dejándome como herencia ser la niña señalada como la que abandonó su mamá. Crecer con la frase: “El día que seas madre la comprenderás”.
¿Qué hay que comprender? ¿Quién comprende a los que nos quedamos en la nada rodando en busca de un hogar, unos brazos calidos y la añoranza de llegar a una casa y encontrar una familia?
Siempre me sentí no querida por ella ¿acaso no recordaba los nueve meses que estuve en su vientre? ¿Cuándo me tuvo por primera vez en sus brazos? o, definitivamente ¿su corta edad le impedía sentir amor de madre? ¿Qué tan fuerte es el amor hacia un hombre, para ir tras él dejando a una pequeña que no pidió nacer? Ella nunca se imaginó lo que dejaba con su partida, hizo de mí una niña siempre triste, callada, insegura, con mucha carencia afectiva, soportando todo tipo de burlas ¿cómo borro de mi cabeza las crueles palabras de los niños? En cada reunión los murmullos de la gente diciendo: “ella es la hija de Blanca, la que le dejó a Juanita.”
Recuerdo lo mucho que la necesité, añoraba tenerla en navidad, mis cumpleaños, festivales escolares, en mis días de enfermedad, que me aconsejara cuando más lo necesitaba, pues en casa siempre hubo mucho misterio. Había preguntas de mi parte, sin repuestas, siempre era escuchar, “cuando seas grande sabrás muchas cosas”, “cuando seas madre la entenderás”. Mi inocencia me impedía comprender, yo sólo quería tenerla a mi lado, saber qué se sentía un abrazo, una caricia y un te quiero, dejar de ser y sentirme abandonada.
Ya con más conciencia, en mí había mucho resentimiento. El ver por la persona que me dejo, simplemente no lo comprendía. No le bastó su abandono, sino que también permitió que su esposo tuviera el derecho de hacerme sentir, siempre, mal. Ella tuvo otros tres hijos a los cuales yo poco podía acercarme, por instrucciones de él. Por el factor miedo provocado por un machista, ella obedecía, porque de lo contrario se ganaba una golpiza si intentaba integrarme, buscarme o darme algo, pues el veía en mi, el fruto entre Blanca y mi papá. Papá que nadie conoce, y era pecado preguntar su paradero.
Cuando yo lloraba por la situación, mi abuela me decía que “no era la única niña que pasaba esto, que había peores casos, quiérela y respétala porque aunque no lo aceptes es tu madre”, “cuando seas madre la comprenderás”.
Yo sólo era una niña ¿por qué nadie se preocupaba por lo que yo sentía, pensaba, deseaba? Cuando se es niño también duelen las cosas, se sufre y se desea no existir, no puedo recordar muchas cosas de esa etapa de mi vida, no recuerdo totalmente a esa niña.
Siempre deseaba que las cosas fueran muy diferentes, que, al menos, ella se acercara de vez en cuando a mí y no me llenara de cosas materiales y cartas diciendo “te quiero”, pues a mí no me hacían feliz. Esto no era suficiente, crecí con la sombra de su sufrimiento y sus actos dramáticos con mi familia porque yo no la quería. ¿Cómo se quiere a alguien con quien no se convive, no se conoce? Terminó culpándome a mí por no verla como madre, me convirtió en la mala de la historia, y eso, a mí me endureció el corazón. Recuerdo el dolor de estómago que me provocaba su presencia, dejé de asistir a reuniones familiares para evitar verla llorar porque de mí no tenía nada, soportar las groserías de su hija menor, los sermones de los que se sentían con derecho de opinar sobre mis sentimientos al no darle un abrazo o decirle mamá, todos juzgaban pero nadie sacaba la cara por mí y, entonces, esa tarea fue mía.
Fue tanta la defensa propia que en cuanto podía le hacía sentir que no la quería, que mi enojo era muy grande y ella no se cansaba de cometer errores verbales. Recuerdo un 10 de mayo, yo, a punto de entrar a darle, por primera vez, una tarjeta, escuché decirle a mi tía: “si hubieran existido tantos anticonceptivos no hubiera tenido a Osiris”. Rompí la tarjeta y salí de la casa pidiendo no existir. Fueron años de rabia, de mucha rabia que se convirtió en una lucha entre mi rechazo y el que ella se quería acercar a y mí. No me interesaba lastimarme viéndola feliz con sus hijos y yo, siempre aislada, porque tuvieron que pasar años para que ella quisiera integrarme, caso que nunca ocurrió porque yo así lo quise, pues su familia no era la mía.
La reconstrucción….
Me podría pasar años escribiendo parte de esta historia, pero hace mucho decidí no sufrir más por esto, ya soy una mujer de 32 años y tengo claro que ya no la necesito como antes. Ella, al irse, me dejó a la mejor mamá que llevaré siempre en mi corazón y a la que le agradezco todo: ¡mi abuela!
Todo está sanado y perdonado. Hoy veo la vida diferente, puedo entender las circunstancias que tuvo para hacer lo que hizo, pero siempre me quedará la duda de tanto silencio al preguntarle por mi padre. Eso tampoco lo necesito, no le deseo ningún mal porque sé la vida que ella ha llevado y eso no me causa alegría, porque soy mujer y no me gustaría vivir lo que a ella le tocó, pues si el haberme dejado fue un error, pagó muy caro.
No hace mucho yo busqué ha mi hermana menor, así, es mi hermana ahora. A mis hermanos los reconozco como tal, y no como los hijos de Blanca, ahora los cuatro, al menos, tenemos una buena relación y me siento en paz. Con Blanca también cerré el círculo, lo hice porque ahora entiendo que yo no estoy excenta de cometer un error como madre, o tomar decisiones que repercutan en mi hija. La juzgué muchos años pero se que puedo comprender ahora muchas cosas. Aún así no compartiré el abandonar a mi hija.
Hoy todo es diferente, aún hay mucho que trabajar en mí, buscar parejas sentimentales estables, por recomendación de mi psicóloga, pues tiendo a buscar personas que por sus características terminan yéndose (infieles). Debo quitarme el miedo al abandono y dejar de pagar un precio muy alto por compañía y el espantoso miedo de verme sola. Debo creer que merezco una vida feliz, porque tengo mucho para serlo, también quiero dejar atrás esos miedos con los que me educaron por no querer a mi madre. Así es, como olvidar las veces que me preguntaba ¿y si llego a tener un hijo, me querrá? A lo mejor ahí pago por no querer a Blanca. Pero ese miedo se desvanece, porque el amor de mi hija hacia mí es inmenso.
Después de recorrer mi pasado, ese que por años me dolió tanto, hoy sólo me resta decir que agradezco haber crecido con mi abuela y tías, que sin duda fueron lo mejor que hizo Blanca por mí, pues de lo contrario la vida y los tratos que me hubiera dado su ex esposo habrían hecho de mi vida un infierno, que he sido muy bendecida, hoy valoro a mi familia y lo que pasó, quedó en el olvido, las heridas se cerraron, ya no supuran, sólo son cicatrices que se desvanecen. No me arrepentiré nunca de haber perdonado porque, sin duda, fue el mejor regalo que me he podido otorgar.
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OSIRIS, te agradezco me
Por Guadalupe Nolasco Casillas. (no verificado)OSIRIS, te agradezco me consideres tu amiga al compartirme tu intimidad. nunca imaginé que una niña tan dulce fuera la protagonista de esta historia, no cabe duda. ¡ Caras vemos, corazones no sabemos! Osiris te felicito tu la manera con la que plasmas la historia y la forma tan sencilla de hacerlo que el Sr. te ilumine por siempre, la experiencia te sirva para que guies por buen camino a ese capulllo que tienes para moldear. Sigue adelante , prodiga tu amor.
Te agrazco nuevamente la confianza . Abrazos y besos de mi corazón al tuyo.
Gracias por compartir.
Por Leonor (no verificado)Osiris: Gracias por compartir tus experiencias. Seguramente sirven de inspiración para muchas mujeres y, lo más importante, te permite conectar con tus verdades. Gracias por atreverte.
Leonor.
Osiris, ¡Muchas felicidades
Por Liz (no verificado)Osiris,
¡Muchas felicidades por tu texto! Me da mucho gustó leer, aunque sea un poco, todo lo que has analizado y asimilado en estos 32 años, gracias por compartirlo.
Wera...
T e lo e dicho y lo reitero
Por Eliza (no verificado)T e lo e dicho y lo reitero escribes muy bien, eres una gran persona, sigue escribiendo nunca lo dejes