Talleres Xalapa

Diciembre, 2011

Otra navidad

Sentada frente a un hermoso Árbol de Navidad, cuyos focos multicolores emiten su luz brillante y cantarina que iluminan parcialmente la penumbra de aquella espaciosa estancia. Ahí se encuentra Ethel cómodamente sentada en un mullido sillón, escuchando como un susurro bellos cánticos navideños.

Sus recuerdos se remontaron a muchos años atrás, a otra época, otra Navidad…

…Se vio correr presurosa por los largos corredores ornamentados con grandes helechos, llevando y trayendo cosas para el arreglo del Nacimiento de aquella enorme casona.

En la sala, como era costumbre, el Nacimiento ocupaba un lugar especial: la Virgen María, San José, la estrella de Belem, pastores, borreguitos, patos, gansos; los adornos con heno, escarcha, pelo de ángel, espejos semejando lagos, en fin todo lo que por esas épocas se utilizaba, sobre todo en los pueblos.

Ethel vivía bajo el amparo de la hermana de su padre, fallecido tiempo atrás cuando ella sólo contaba con cinco años. La familia gozaba de cierto desahogo económico y de una gran respetabilidad en  la población.

A principios de diciembre acostumbraban viajar a la ciudad de México, para hacer compras, especialmente ropa de moda, para el baile de gala de Año Nuevo, donde asistían las familias de clase socio-económica alta. Las primas de Ethel ya eran jovencitas en edad casadera y siempre lucían sus mejores galas.

En sus remembranzas, Ethel recordó su entusiasmo al saber del regreso de sus tíos e hijos, la ansiedad se apoderaba de ella, en su ingenuidad infantil se imaginaba diversos regalos que podrían traerle: una muñeca de rubios cabellos, un juego de té con filillos dorados o quizá un hermoso vestido rosa. Dejaba sus cavilaciones al escuchar la algarabía por el regreso de la familia, que congregaba a otros familiares y el ir y venir de la servidumbre acomodando paquetes y bolsas.

Cada año era el mismo ritual, como si Santa Claus llegara. Ethel observaba desde lejos con los ojos muy abiertos viendo los regalos que uno tras otro eran entregados a sus dueños que los recibían con la alegría reflejada en el rostro. Se abrió el último paquete y la ilusión perduraba en su corazón… pero el tan ansiado regalo no llegó.

Cabizbaja, reprimiendo las lágrimas se alejó para seguir acomodando las sillas en el comedor para que estuviera dispuesto para la gran cena. De la cocina emanaban deliciosos olores a ponche, pollos rellenos, canelones y pan recién horneado…

A la mañana siguiente la tía llamó a Ethel y le dijo: “toma este vestido que no le quedó a Gracia, si no te ajusta que te lo arregle Chonita”. Después de cinco décadas aún recuerdo su color rojo, con minúsculas florecillas azules y blancas.

¡Qué alegría, el regalo al fin había llegado!...

…El timbre sonó y Ethel se levantó sobresaltada; miró su reloj, eran las ocho de la noche y sus hijos llegaban para la cena. ¡Esta sí, era otra Navidad!

Elba Prior Domínguez

Invierno de 2011

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