Obras comentadas

Febrero, 2011

Presentación de Fragmentos de Dignidad

 Celine Armenta

La presentación de un libro, de cualquier libro, es una celebración inusitada. Al menos en nuestro país, estos eventos no son cotidianos; son escasos y por ello son preciados. Pero esta celebración en particular, la presentación de los tres tomos de narrativa Fragmentos de Dignidad es una celebración doblemente merecedora de celebrarse, porque la obra no sólo es una obra interesante para leerla junto a otros testimonios y libros de historia. La obra, en cada relato largo o breve de sus tres volúmenes, es una lente que da sentido a nuestras vidas personales.

Me explico: en estos libros resulta evidente que nuestras vidas tienen, o pueden tener, tres niveles. En el más básico está “lo que nos pasa”. Así decimos porque así lo percibimos. No nos sentimos autoras de los sucesos cotidianos; a lo más somos actoras del guión que otros escriben, de decisiones que no están a nuestro alcance, que parecen dictados incluso por el azar, el caos, la confusión. Lo que nos pasa es un nivel en el que la mayoría de nuestra vida transcurre, y la mayoría, la inmensa mayoría de las vidas humanas tienen lugar.

Otro nivel tiene lugar cuando platicamos nuestra vida; entonces tomamos decisiones; cada suceso que nos pasó, se vuelve consecuencia de algo, y causa de algo más. Dejamos de ser actoras y pasamos a ser autoras. En esto las mujeres somos buenas, en platicar nuestra vida para darle sentido. Y somos buenas también como escuchas que validan este sentido que nos empodera.

Pero hay un tercer nivel, que es escribir nuestra vida. Al llegar aquí, el sentido, la autoría de nuestra vida se vuelve por un lado definitivo; esto es doloroso, porque deja de fluir a nuestro antojo. Y también se vuelve público, lo cual requiere fortaleza, bravura, decisión. Tomamos el manojo informe de sucesos y decidimos cómo presentarlo; su sentido tiene que ser coherente y claro, diáfano y honesto. Nuestra verdad queda definida.

Además, y esto es algo terriblemente evidente en estos libros, al escribir nuestra vida trascendemos. Estas narraciones dan sentido a nuestras vidas, porque cada lectora a lo largo y ancho del mundo y desde ahora y para siempre –esa es la magia de la escritura—podrá darle sentido a su vida mirándose en los prismas de cada una de las autoras. Podrá llorar con ellas y al hacerlo llorar por ella misma; y reír y celebrar y gozar con ellas y a la vez con cada una de nosotras mismas.

Por eso agradezco a Demac Puebla la distinción de haberme confiado esta parte de la presentación. Es un honor y una responsabilidad; pero por encima de ello, es el regalo de  poder compartir pública y amorosamente con las autoras su dolor, su soledad, su desesperanza, su abandono y su impotencia; junto con su fe, su optimismo, su amistad, y su incomparable fortaleza y resiliencia, su ser de mujeres.

Gracias especialmente a Alejandra Montero y a Mónica Díaz de Rivera, amigas queridísimas, hermanas. No sólo han apoyado a las autoras: al llevarlas a escribir y a ganar el derecho a ser publicadas, nos han regalado a todas las demás mujeres un instrumento de enorme valía.

Este regalo es el que motiva nuestra presencia en esta presentación, que es una invitación a leer los tres tomos de Fragmentos de Dignidad, y muy especialmente, a leer los relatos de las autoras que ahora nos acompañan.

Léanlos; no se salten ni una historia, y no se salten palabras de los relatos para llegar más apronto al desenlace; mejor déjense tocar por los corazones y la heridas abiertas de estas vidas; léanlo con una caja de clínex al lado; dense permiso de llorar, y de reír también; dense permiso de sentirse vivas, y por eso, precisamente por eso, optimistas, esperanzadas y con paz.

Yo los he leído; esto explica mi intención de dedicar unas breves pero sincerísimas palabras de gratitud a las autoras. Y así lo haré.

 

Concepción Mercado, Cony, Gracias, de verdad gracias.
AMOR, ODIO, PERSECUCIÓN es un relato vertiginoso con una prosas limpias y fluida. El texto se desdoble sin esfuerzos, pero la historia corre, sin freno, con prisa, en un laberinto de sentimientos, eventos, decires y actuares que se agolpan en cada párrafo precisos, detallados. Así, Concepción logra contagiar al lector, página tras página, de la desazón, la angustia, la rabia, la incomprensión, la insensatez cotidiana del proceso penal.
El suyo tiene todo para ser un texto muy postmoderno, de desesperanza y pesimismo. Pero no es así; de esa situación oscura, de la pesadumbre de sentirse sin control sobre los acontecimientos, Concepción me enseñó a ser realista; a aprovechar también los hilos negros de la existencia, para tejer sentidos.
Y aunque tiene pasajes de mayor lucidez, elegí el siguiente para compartir con ustedes, porque ilustra bien el color de los sentimientos que despierta Concepción en los lectores: la digna rabia, la serena lucha:
Dicen que a todo se acostumbra una, menos a no comer. Me he tenido que acostumbrar a dormir acompañada de una desconocida, que después de diez meses se vuelve conocida;. . . a no tener espacio para ropa ni para zapatos ni para nada de nada; a cenar antes del cierre y quedarme sin alimento doce horas. . . también a convivir con diferentes aromas, con diferentes sonidos nocturnos... me he adaptado a sobrevivir en un lugar que no es para mí, y agregaría: que no es para nadie”.

Gracias Cony.

María Iliana Buendía Luna,Gracias, de corazón gracias.
ME ENCONTRÉ A MI MISMA, dice la propia Iliana, “tiene el único fin de transmitir un mensaje de vida”. ¡Y vaya que lo transmite!
Es una prosa ágil, para una narración astuta, que requiere de un lector alerta. Como narradora, Iliana confía en su lector; lo seduce y lo obliga a pensar.
No le da todos los detalles; Iliana es como la confidente hermana, que sabe que yo, la lectora, sé también cosas; tengo una vida también, y con ella puedo entenderla mejor que si conociera los mil detalles, que además nunca se podrían convertir en palabras.
En consecuencia, Iliana acaba por convencerme a mí, la lectora, de que la conozco; por eso sufro con ella, siento su soledad, me emociono con sus transformaciones.
Y a pesar de que toda la narración es cautivadora, quiero rescatar dos de sus reflexiones, que me parecen lúcidas y me hablaron al corazón:
Hoy tengo creatividad, imaginación, un nuevo horizonte. Cuando limpia de las cenizas de la derrota y el desaliento, lucho por elegir lo que es justo y no lo que es fácil; lo que es verdadero, duradero; ya no vivo oprimida.
Hoy sé que la felicidad depende de lo que haga y decida por mí misma, que el éxito no es comprar la aceptación de los demás. Llegamos a ser exitosas en la manera de ver la vida dentro de nosotras, autoevaluando nuestra persona; lo importante y valioso es no defraudarnos a nosotras mismas. El verdadero secreto del éxito es estar verdaderamente preparada
.  

Iliana, Gracias, gracias

Isabel Cabañas. Gracias, gracias; gracias.
AMORES TÓXICOS QUE ENVENENAN es una narración que queda bien cobijada por su título; aunque cuando terminé de leerlo comprendí que los amores tóxicos envenenan, y los amores de muchos otros tipos vivifican.
Hay que leer a Isabel desde el principio, con un corazón dispuesto a conocer del amor: mucho y diverso, doloroso y agotador.
Isabel escribe con intensidad lacerante y con ternura sabrosa. Su texto es tan complejo como la vida.
Y el lector, la lectora, pasa de sonreír con la genial abuela, “muy pilla” que “después de unas buenas zangoloteadas” enviaba a Isabel a lavarse para la cena amorosa; o con los perros y gatos vagabundos que Isabel recogía para amar, y para hacer rabiar a sus mayores.
Pasa a abrir los ojos azorada, y a encoger el estómago en las escenas de puro terror, cuando “un monstruo enorme amenazaba con devorar mi corazón que latía enloquecido”; en la desesperanza cuando Isabel “pensaba en la muerte, la llamaba pero no llegó; se rió de mí y yo poco valor tenía para buscarla”. O con el miedo, que narra Isabel: “se enamoró de mí. Iniciamos una relación tormentosa… Por la noche el terror estuvo presente en una orgía de pánico”.
El texto es fuerte en el dolor, pero sólido en la esperanza.
Concluyo con sus palabras:
“Por esos días vi pasar a la cordura, me sonrió y me ofreció su amistad; la acompañaban la serenidad que da la fe y la tranquilidad; acepté sus afectos y dejé al miedo”.

Gracias Isabel: gracias.

Matilde Chávez Machorro, Gracias, de verdad Gracias.
UN ENCUENTRO CON LA LIBERTAD,  es un entramado  de varias historias de amor; eso es precisamente.
Con un ritmo de confidencia a ratos y de crónica de aventuras a ratos, y con cortes audaces y en varios planos, Maty usa la anécdota como pretexto o telón de varias historias de amor: amor de hija, de madre, de enamorada, de prometida. Amor que da y amor que la alimenta. Amor a ella misma. Es una lectura muy sabrosa. Ah, y tiene un manejo muy bueno, profesional y convincente del diálogo; no me crean: léanla:
Habla su hija
--Ya no estés triste, mamita: Mi abuelita ya está descansando…
--Debes de estar contenta, mamo, ahora que mi abuelita también está en el cielo; mi hermanito ya tiene quien lo cuide.
Y entonces reflexiona:
Ahora sé que no fue un sueño, era mi madre que vino a despedirse de mí. Habían pasado cinco días desde su muerte y, como no me permitieron ir a despedirme de ella, esa noche vino a consolarme. Sentí su presencia, su olor quedó impregnado en el cobertor que estaba tirado en el suelo, con el que me cobijo. Aún siento el calor de madre que siempre me brindó; sé que ella seguirá presente en mí.

Maty, gracias, gracias.

Claudia Peña,Clau entrañable: Gracias de verdad.
MUROS FRACTURADOS, usa estrategias muy eficaces para reflejar la cotidiana convivencia al interior de San Miguel, la calidez, las confidencias, el tejido y el café, la comida diaria, el sol, el pan. Su mérito es lograr aquello que llamamos “normalizar” un sitio y una etapa que sí es normal aunque cueste creerlo: logra que sus personajes se vuelvan amigas, comadres, compañeras de tejido y de café, de gorditas, de baile y de vestido; es un texto delicioso.
Lámparas de neón salpicadas de moscas contemplan la escena. Unas ollas hierven con frijoles, otras con carne, huele a cebolla y picante y llega el olor imperturbable de coliflor cocida. Los refrigeradores ronronean sin cesar, haciendo coro con los gatos que entran y salen… Un poco leí esta carta… después de la carta. . .
--¿Qué pasó—pregunta Taty—Mira cómo tienes los ojos, seguro que lloraste.
--Un poco, leí una carta que Ana me dejó; ¡no inventes! Mi hija la está pasando bastante mal . . . Anoche, después de leerla, me quedé mirando a través de la ventana; más allá de la luz que se filtraba, un viento furioso azotaba mi corazón y, una vez más, en una ráfaga de luz, vi los rostros de mis hijas reflejados en el cristal, como pájaros heridos sobre el arrecife…

Gracias Claudia.

María de Lourdes de Ramón: Gracias, de verdad.
 SEMILLAS DE ESPERANZA es un logrado relato de autenticidad y valentía, de fuerza y transparencia.
Lourdes conoce el corazón humano y no esconde su doloroso conocimiento; nos lo entrega todo, y nos lleva a sentir el dolor con su prosa directa, aguda, certera y terriblemente honesta;  como si no quisiera hacer ninguna concesión, ni embellecer nada; solo entregar sus palabras, su experiencia y su vida tal cual, sin envolverla ni esconderla.
Este fragmento ilustra bien lo que yo percibí:
Tal vez no soy un ejemplo a seguir, pero lucho porque mis días grises sean de luz. A veces trato de aferrarme a alguien con su amor, su cariño o compañía, pero no es así; si vuelvo a depender de alguien, cuando decida irse voy a sufrir y es lo que menos busco. . . Estoy en el proceso de aceptar y respetar a la gente que me rodea. .. Todo lo que pasa en nuestra vida es para aprender de ello. Ahora quiero quejarme menos y suspirar más. Quiero ver que estos años aquí dentro me han dado una enorme experiencia que me ayudará a crecer. Nadie que esté fuera puede imaginar un día en prisión…

Lourdes, Gracias, gracias.

Angélica Domínguez:Gracias pequeña y enorme Angélica; de verdad gracias.
ESTO APENAS  EMPIEZA, para mí es un homenaje, una ofrenda a la lealtad y a la amistad, cuyo enorme valor se debe no sólo a lo que son y lo que nos sostienen, sino a que son muy escasos. El relato de Angélica puede parecer un recuento de deslealtades y soledad, pero lo cierto es que sobre este trasfondo oscuro, destacan brillando las rocas sólidas del amor de unos pocos, muy pocos, pero enormes, inamovibles, suficientes.
Es un canto también a la vida, logrado de manera muy convincente narrando la muerte adolescente. Y es un homenaje a la verdad y la confianza, precisamente porque narra sin tapujos traiciones y engaños. Finalmente, y eso me cautivó, es poético a fuerza de ser descarnado
Un poco más adelante, cuando ya tenía diez años y estuve en sexto grado de primaria, en mi cuerpo rondaban extrañas sensaciones y cambios que me dieron miedo. Mamá me dijo que eso era normal y que no llorara; mis pequeñas manchas en el pecho me ardían y entre las piernas se iba goteando mi niñez, mis fuerzas y mucha sangre; gota a gota derramé mi infancia.

Angélica, gracias; sigue escribiendo por favor, y gracias.

Verónica López Nuñez, Gracias, de corazón.
METAMORFOSIS INTRAMUROS, nos abre los ojos para entender que el cautiverio transforma. No transforma de manera simplista; ni lo hace en una sola dirección ni tampoco es un proceso guiado por las autoridades: es un proceso de enorme complejidad y único para cada persona.
Lo más interesante de este relato es que nos lleva de la mano para descubrir que estas transformaciones no son privativas de la reclusión; la transformación se da en ambientes diversos y por razones diversas;
A estas alturas de mi vida, durante mi estancia en esta institución, he aprendido a perdonar a todas aquellas personas que contribuyeron a mi llegada a esta fortaleza. Agradezco que mi vida cambiara porque sufrí una metamorfosis.  . . .   no todo es malo en este lugar, sino que, al contrario, ha servido para transformarme en una hermosa mariposa. Tengo la libertad espiritual de amar, expresarme y convertir cada instante de mi vida en algo hermoso…

Gracias Verónica; gracias