Ponencias

Marzo, 2011

Presentación del libro: Fragmentos de dignidad I.

El primer contacto que tuve con el Centro Federal de Rehabilitación Social (CEFERESO) de Santa Marta Acatitla fue en marzo del 2006, cuando realicé un trabajo de investigación para la tesis de licenciatura en Geografía Humana titulada “Espacialidad y vida cotidiana de las mujeres del CEFERESO de Santa Marta Acatitla”. Era invierno, un invierno árido sin lluvias, cuando la tierra se encuentra más suelta que nunca, el viento la hacía revolotear y se pegaba en mi cabello, en mi ropa y en mis pensamientos. Al entrar todo me parecía color sepia, los muros grises y fríos me ofrecieron una sombría bienvenida y se me abrieron las puertas a un lugar desconocido, lleno de monotonía, la monotonía de la vida en un tiempo-espacio repetitivo, cargado de significados, emociones, sensaciones, esperanzas.“La cárcel no son las paredes ni los candados, son las personas con las que vives y convives a diario, son los recuerdos, tus anhelos y esperanzas frustradas, y ver pasar días y noches con lo mismo” (pág. 186) cita del párrafo de Olivia Cervantes mujer encarcelada en el centro de Readaptación Social de Valle de Santiago, Guanajuato.

En este tiempo, de convivencia con las mujeres en reclusión pude descifrar algunos códigos que se hacen presentes en la cotidianidad de las presas, aprendí nuevos verbos como “rafiar” o “apandar”, pude comprender las ausencias recurrentes y los espacios vacíos por el obligado paso de lista, e interpretar el estigma que se genera al depender de la comida “de rancho”; asimismo observé las marcadas diferencias que confieren las clases sociales y el sexismo, vi a mujeres drogadictas que comercializan su dignidad por obtener dinero, observé, aprendí, participé, en un lugar que desconocía plenamente.

Entendí que todo ser humano busca habitar un espacio agradable en donde sienta que su privacidad es respetada, no es la excepción con las mujeres dentro del penal las cuales buscan su seguridad y mantener su integridad. Por tales motivos ellas reconstruyen la casa que les fue arrebatada tiempo atrás dentro de las estancias que muestran elementos significativos para la reproducción cultural: adornos, cortinas e imágenes que les permiten dar sentido a éstos espacios. Sin embargo, todo esto les es arrebatado intempestivamente, pues las reclusas no permanecen mucho tiempo en una habitación y cuando son cambiadas de estancia tienen que volver a empezar una lucha por los espacios dentro de las celdas y empoderarse reiteradamente en las relaciones con sus nuevas compañeras.

También detecté la intensidad de las relaciones y emociones que se tejen entre las diferentes actrices sociales, por ejemplo, las amistades se convierten en fuertes lazos indestructibles que traspasan la segregación y las sentencias; las esperanzas se trasforman en el ancla inmortal que les permite despertar cada día y seguir con la rutina agonizante del tiempo que se arrastra pesado y denso; el amor hacia los hijos es el portal interno que abre cada madre con el afuera, con la esperanza y con la vida, es ésta potencia extrínseca lo que les hace palpar que aún son necesitadas, amadas, y en algún lugar, esperadas; la dignidad pende del abandono de la familia, las hace vulnerables a hundirse en el abismo de la desesperanza y de caer en “el carcelazo”. El ser supremo se vuelve indispensable para la sobrevivencia y el equilibrio emocional de las mujeres reclusas, palabras de María Buendía, presa en el CERESO de San Miguel Puebla: “Cuando no queda nada más que Dios es cuando te das cuenta de que Dios es todo lo que necesitas”. Dios se vuelve la figura central que simboliza un ente que las ama incondicionalmente, que las perdona y las acepta, representa el centro de una justicia incorruptible, íntegra y equitativa que muchas ya han dado por inexistente en el plano terrenal.

Durante el periodo del trabajo de campo pude conocer e interpretar cartografías íntimas de la subjetividad de las mujeres en reclusión, los odios y los amores, los celos y la confianza, las mentiras y las honestidades, las frustraciones y los logros; la represión y la libertad pasan a planos álgidos en un microespacio que los condensa y los intensifica. Es así como las relaciones socio-culturales se reproducen dentro del penal. Nuevamente María Buendía lo ejemplifica con éstas palabras: “Ahora me doy cuenta de que las críticas siempre existirán que son parte de la sociedad y que mis compañeras son las pequeñas partes de un todo”.

En ésta ocasión nuevamente DEMAC me brinda la oportunidad de alzar la voz por aquellas que han sido acalladas por el confinamiento, otra vez sus palabras resuenan por medio de mis reclamos para expresar lo que han gritado en este texto esa pequeña porción de humanidad que se encuentra invisibilizada dentro de las cárceles de mujeres. En fragmentos de dignidad 1, podemos ver cómo van emergiendo las situaciones de vida que se llevan en cada uno de los penales a nivel nacional, así como el modus operandi de la justicia estatal en cada caso y las relaciones de poder de los personajes que conviven diariamente con las protagonistas. Con este libro se traspasan los límites geográficos y físicos de la penitenciaría femenina en México. Un dato que me interesa resaltar en este momento son las situaciones similares en todos los escritos: la pobreza, la vulnerabilidad y el precio social del rol de mujer son elementos repetitivos en las historias de vida que se pueden ver en las autobiografías

Como mencioné anteriormente, los errores culturales de esta sociedad patriarcal no son ajenos al lugar de encierro, un ejemplo de ello lo encuentro en el uso de poder que esta sociedad conservadora ejerce sobre las mujeres.  Enamorada es el pseudónimo de la autora del texto ganador del concurso DEMAC de este año escribe: “En nuestra sexualidad no podemos elegir por nosotras mismas: el Consejo Técnico Interdisciplinario determina si nos conviene o no la pareja elegida”.

La pérdida de la ciudadanía de las mujeres encarceladas implica también la pérdida del libre ejercicio de su sexualidad. Para que sea admitido un varón como concubino en la visita conyugal debe pasar por un escrutinio minucioso del Consejo Técnico; por otro lado dentro del penal las lesbianas son estigmatizadas y están negadas a tener visita marital con parejas de su mismo sexo. El derecho a practicar libremente la sexualidad se pierde en un mundo que no existe para ojos de muchos ya que para el permiso a la visita conyugal interviene algo más que los derechos individuales: las convicciones, ideales e idiosincrasia de un grupo de personas, en su mayoría hombres, que componen el consejo técnico interdisciplinario. Es este órgano quien también decide si la mujer está en condiciones de laborar dentro del penal, de tener a sus hijos menores con ella, de tener visita familiar, entre otros derechos que tienen los presos. Lo anterior ejemplifica los diferentes tipos de violaciones en materia de garantías individuales a las que son sometidas las mujeres que pierden su calidad de personas por ingresar a los centros de “readaptación social”.

Dentro de la cárcel la mujer presa experimenta una fractura de la identidad, pues hay una pérdida del rol femenino impuesto socialmente, el cual obliga a que la mujer sea responsable de velar por la familia -la cual se encuentran fuera del alcance del cuidado maternal-, tampoco está en sus posibilidades servir al esposo y ser una buena “ama de casa” como lo dictan las normas culturales. Lo anterior ocasiona que en algún momento de su estadía en el penal la mujer condenada reflexione sobre su situación y busque tareas para revocar el deterioro identitario por el que atraviesa. Lo que implica hacer conciencia de la duración y extensión de su condena que cuelga pesada y lenta, que hiere la credibilidad social como mujer y, bajo la esperanza de corregir la discriminación social hacia su persona, realiza actividades que se ofrecen dentro del penal (estas reafirman su condición de mujer pues en su mayoría son labores consideradas propias del género femenino), talleres o programas de estudio, ocupaciones culturales o laborales. Obligadas por circunstancias, las reclusas se perciben responsables de su desarrollo social, pues comprenden que las injusticias del sistema penitenciario las hunden en la incertidumbre de una libertad vaga y lejana: “Y así trascurre la vida para ellos y para mí, en espera de reintegrarme a la sociedad; aquí lo único que me queda es esperar y compartir mi dolor con el de mis compañeras”, escribeMaría Isabel Cabañas del CERESO de San Miguel Puebla.

La vida de cualquier mujer no está exenta de eventos cotidianos como tristezas, alegrías, desamores, discriminación, ilusiones, certidumbres. Estas emociones se encuentran en los largos muros impenetrables del CEFERESO en donde las mujeres están encarceladas física y espiritualmente, señaladas por una sociedad que vive constantemente el agobio de un país en crisis, crisis humana, crisis de sentido y en un estado de derecho fallido que ha permitido que sean juzgadas bajo un marco penal malogrado que consiente una serie de injusticias en las cuales pagamos justos por pecadores.

Actualmente la situación de la población carcelaria en general es muy precaria, pues hay una sobrepoblación dentro de éstas instituciones. Esto provoca un endurecimiento de los castigos más que confiar en la justicia de los procesos penales y judiciales. La corrupción aumenta dentro y fuera de los penales, el control interno de las cárceles está en manos de algunos reclusos en complicidad con las autoridades, los programas de educación y readaptación no coinciden con la realidad del país, y la desesperanza aumenta cada vez más. Las cárceles son vistas como lugares de castigo para pobres y marginados, son centros de abuso donde los derechos humanos no parecen ser respetados. Esto solo se logra en un contexto nacional de inseguridad y violencia donde los recursos nacionales, en su mayoría son destinados a la lucha contra el crimen organizado y dejan un hueco que no cubre las necesidades básicas de educación, alimentación y vivienda para la mayoría de la población mexicana, y al parecer no hay la voluntad política ni social para revertir esta situación.

 

Lic. Mónica Nohemí Zavala Hernández

México D.F a 1 de octubre 2010.

Discurso presentado en la 10a. Feria

Nacional e Internacional del Libro en el  Zócalo Capitalino

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