El Dios del Viento no sabe con quién se está metiendo
Los nombres llevan una carga que marca los destinos y las acciones. No es lo mismo llamarse Clarisa que Fedora, Victoria que Martirio, Belén que Dolores. El mío es Erika. Tiene cierta cadencia musical en sus sílabas perfectas y emana el aroma dulce del alma abierta. Contiene muchas capas de misterios y de contradicciones interesantes para quien sepa desentrañarlos y disfrutarlos.
No era un nombre común en Venezuela, donde nací, así que me hacía ser distinta. Y eso me gustaba, pues yo quería ser única. Y lo soy, como cada una de las mujeres que habitan este mundo, cada una con su significado, con la huella que dejan. Supe que mi nombre es de origen germano y significa La princesa eterna. Hoy comprendo (y perdono) a mis padres por haberme cuidado demasiado. Tanta protección no me ayudó mucho, más tarde en la vida tuve que enfrentarme a un mundo que gira a su antojo y donde la realeza pertenece sólo a la revista Hola.
A los cuarenta y ocho años, fagocitada por la seguridad y la calma, me he vuelto un poco rebelde y lanzada en una constante búsqueda de ese punto de no retorno que me lleve a mi libertad perdida. Cuando decido cruzar esa línea, lo único que sé es que algo cambiará. Y vivo con eso, pues soy de las que tiene la certeza de que hay mundos mejores, aunque haya quienes traten de demostrar lo contrario y me traten de atar a lo seguro. He aprendido a vivir con mis decisiones, que en su momento me han asustado, me han dolido, pero sobreponerme al miedo es lo más liberador que me ha pasado.
Como toda Erika que se respete, tiendo a ser algunas veces ocurrente, otras, intolerante.Racional y fuerte, aunque en ocasiones un manojo de debilidades, “un huracán sin ojo que lo gobierne”, como canta Joaquín Sabina.Emotiva y sensible, tiendo al llanto fácil como una forma de recuperar mi entereza, pero lucho hasta más allá de la rendición cuando creo que algo es justo o debe ser cierto.
Indagando por ahí en los anales de la familia, encontré que la hermana de mi abuela paterna se llamaba Erika. Dicen que era una mujer muy especial y gran guerrera, por lo que me enorgullece llevar su nombre y hacer honor a quien honor merece.
Sip, esa soy yo…Cúmulo y maraña de sentimientos y sensaciones. Imperfecta siempre. Y encima ahora descubrí que tengo un romance con la escritura....
Como si tuviera un amante, he aprendido a adaptar mis encuentros con las letras dependiendo de las situaciones y de los tiempos; a hacerlo donde y cuando pueda, pues el mundo no siempre se para por mí cuando de la búsqueda del placer se trata (una de las enseñanzas de la princesa que sale por primera vez al mundo real).
Escribo, garabateo algunas líneas, ya sea en mi carro, esperando que el semáforo cambie a verde, tomándome un café, durante algún receso en mi trabajo o mientras almuerzo. Cargo en mi bolso una libreta y un lápiz –siempre–, pues nunca se sabe cuándo alguna musa loca pasará a mi lado y me susurrará al oído el germen de una historia.
He explorado y experimentado varios rincones y algunos cafés tranquilos donde escabullirme con mis hojas y mis notas, y no tengo la menor duda de que el mejor sitio para escribir es en la historia misma. Digo, dentro de ella. Me sumerjo por completo y dejo que me bañe. El tiempo y el espacio en ella, es diferente al de mis realidades. Allí todo es posible y le doy rienda suelta a lo que me apasiona y también a lo que temo. Sólo hay que rendirse.
En cuanto al paso de los días, éstos se me van en responsabilidades, algunas intrascendentes, otras impuestas por mi condición de madre, esposa y profesional, pero he establecido un compromiso conmigo misma, por mi condición de escritora que me da paz.
¡Ah! Pero al Dios del Viento le gusta alborotarme los papeles con sus ventoleras y pataletas, pero yo sé cuando duerme y entonces aprovecho la tranquilidad de sus sueños estableciendo ritos.... Escribo a las cinco de la mañana, llueva, truene o relampagueé (con algunas excepciones como fiestas la noche anterior). Un café, música suave, de esas con timbalitos y campanitas, murmullos de mar y cantos de pájaros. Es mi tiempo favorito, es el espacio donde reina el silencio. Es la hora cuando las frases fluyen aún sin forma, pero con mucho fondo.
Durante el día me escondo de él y robo tiempitos por aquí y por allá, añadiendo ideas inconexas a mis manuscritos. En la tarde, después de servir cena y lavar los platos, me lanzo a editar, pulir, corregir.
No hay musas extraordinarias sin disciplina y sin coraje.
Erika
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Agradecimiento
Por Erika (no verificado)Me siento emocionada, sorprendida, pero por sobre todas las cosas: agradecida.
Tratando de ser lo más breve que me sea posible, les comento que hace aproximadamente siete años descubrí DEMAC y desde entonces, vive latente en mi mente, solo que a veces me mantengo alejada por miedo. A pesar de ello, año con año reviso las convocatorias sin permitirme ir más allá del sueño de inscribirme algún día. Desde niña, he gustado de escribir y siempre he sabido que esa es mi mejor manera de comunicarme, mas siempre me domina el temor, de no hacerlo bien o de no tener nada interesante que decir, o de no ser lo suficientemente "algo" para poder hacerlo, o simplemente, por miedo a lo que piensen los demás...Y hoy, después de una semana de intenso contacto con la escritura, llegué a casa y encendí la computadora, y en un intento por ser más comprometida con el habito de escribir decidí visitar mi blog, creado en el transcurso de la semana y posteriormente, el portal de demac. Después de pasar varios minutos buscando un espacio para escribir algo o establecer contacto, no pude hallar nada, por lo que decidí hacer una pausa. De manera muy extraña (por lo que pasó después) la información más reciente que encontré tenía fecha de 2010. Al regresar, decidí reencontrarme con "talladoras de palabras", después de haber salido huyendo de ahí hace un par de años, como por miedo a poder hacer mi sueño realidad. En ello estaba cuando observé algo que me dejó atónita: "PRIMER SECRETO ERIKA" no podía creerlo, parecía que estaba escuchando una voz ¡Cómo es posible que no lo haya visto minutos antes! Fue estremecedor leer mi nombre y observar posteriormente que la fecha era enero de 2011, Mi corazón se aceleró y sentí algo hermoso, porque para mí, eso fue nada menos que un llamado.
Y tal vez parezca una exageración, pero después haber estado hablando con unas jóvenes, poco antes de llegar a casa, acerca de las señales que la vida nos da y de cómo estas señales pueden ser tan claras que no nos dejan una sola duda de lo que tenemos que hacer o hacia donde tenemos que ir. Y aquí estaba yo, leyendo una de esas señales, que más claro no es posible. Con mi propio nombre y con significantes de mi propia historia de vida.
Por todo lo anterior me siento afortunada y agradecida. Contigo y con la vida. Gracias por llamarte como yo y por compartir tu historia. Gracias por ser tú la portadora de "mi llamado". Espero muy pronto poder compartir contigo el fruto de mi esfuerzo y compromiso con lo que yo llamo "mi don". GRACIAS!!!