Talladoras de Palabras

Abril, 2009

Quinto Manuscrito Musmé

Todavía no te atreves? Anímate, el recorrido es muy interesante. Aquí te presentamos el Quinto Manuscrito de Musmé

CUERPO Y ALMA
 
“Querer es poder, palabras mágicas que en su momento despertaron curiosidad, después fueron y siguen siendo la motivación que me impulsa, no obstante los obstáculos, a persistir para cumplir la meta que tenga por cumplir. Creo que el cuerpo humano es una obra perfecta, cada órgano, huesos, nervios, sangre, y demás, tienen su función específica y están ligados entre sí; los hay obesos o delgados, altos o bajos, negros, blancos y hasta amarillos y no por ello dejan de ser excelentes; sin embargo, los seres humanos que están saturados de emociones conflictivas generan enfermedad; está confirmado que muchas enfermedades son de origen psicosomático. Mi montaña ha sido dañada múltiples ocasiones, me atrevo a manifestar que debido a las relaciones destructivas que viví, abrí las puertas a las enfermedades.

Para hacer el ejercicio de conocer la tierra que compone mi cuerpo, palpé cada parte de él dejando sentir la tersura, el aroma que desprende y las sensaciones que despierta; de manera sosegada recorrí cada vericueto disfrutando la experiencia, aprecié paz y amor, lo que escuché es que aprenda a cuidarlo y protegerlo sin permitir que las emociones negativas lo trastornen.

Para mí, el rostro representa una tarjeta de presentación ante el mundo, es lo primero que vemos de las personas; con él puedo expresar alegría, pena o enojo, al tocarlo me da una sensación de amor y paz , brotan suspiros que denotan bienestar; en el rostro habitan mis ojos, son los espejos del alma, con los que puedo admirar las bellezas del mundo, sentirlos y masajearlos aporta relajación, los labios están bien formados y me agradan; amo deslizar mis manos por el cabello dándole masaje a toda la cabeza, dentro bullen infinidad de ideas y pensamientos a cada momento que después  plasmo  en el papel.

Mi vientre conlleva varios significados, la posibilidad de dar vida a otro ser, la  de perpetrarse como madre, experiencia difícil pero hermosa; el ombligo, cicatriz de la dependencia que existió para lograr llegar al nacimiento de un nueva persona, lazo del más profundo y puro amor que existe en la vida, esa es la alforza que tengo en el vientre, la señal que marca la alianza con la que estuve unida a la mujer que más he amado en mi vida, mi querida madre.

Los genitales, también llamados sexo, significan el centro del clímax del placer, acompañados de escarceos y caricias por el cuerpo, permiten gozar del acercamiento sexual y tocar el mismo cielo; prefiero hacer el amor con una pareja que ame y la cual corresponda a mi sentir, un encuentro casual es incompleto e insustancial; tengo tiempo sin pareja y no me avergüenza aceptar que  apruebo sentir el placer por auto estimulación; hacer uso del sexo en la relación sexual es relajante y los sentidos se aprecian a flor de piel.

En el transcurso de mi vida he pasado por situaciones difíciles y dolorosas, más de una vez ansié claudicar, no sabía la forma de superarlas incluso cavilé en el suicidio, por fortuna poseo una fuerte voluntad que impulsa salir avante; al paso de los años fui creando mi lema que repito cuantas veces es necesario, al decirlo actúa como inyección de energía:

—No estoy derrotada, puedo con eso y más, mañana será otro día.

Hace algunos años me operaron de un tumor en la cabeza, estuve en el hospital en el área de terapia intensiva cerca de un mes debido a que reportaron que estaba grave, las visitas que recibí eran escasas, transcurrían días enteros sin que acudiera nadie, mis hijas eran pequeñas y no les  autorizaron entrar, su papá no supo como enfrentar la situación, sus visitas al hospital fueron contadas y por mínimo tiempo; veía morir personas cada día y la soledad me agobiaba; por fortuna recibí una zorra de peluche que se convirtió en mi compañera y confidente, al platicar con “Zorri” sentía que  podía escuchar. Aún conservo este animalito, sigue siendo mi aliado y compañía, hemos recorrido diversas vivencias, algunas agradables y otras no tanto. Revela la vulnerabilidad que he tenido en las cirugías o en situaciones difíciles que he vivido y la forma en que vuelvo a estar de pie; al platicar con el juguete de peluche sobre los proyectos que tengo, quizá algún problema o lo que viví en el día, en realidad me escucho y analizo más a fondo la situación, ya sea para resolver o actuar.

Una de mis llanuras es el mar, está presente en los recuerdos más hermosos de mi infancia; entre los tres y cinco años de edad viví en Mazatlán y nadaba casi a diario, mamá nos compraba una cubeta de callo de hacha, marisco que sabe exquisito, mis padres en todo momento expresaban su amor, con besos y abrazos, durante los carnavales había fiesta todos los días, para ellos bailar era un deleite, sin embargo la vida nos lleva por diversos senderos, después de dos años y medio mudamos de aires a la ciudad de México, meses después murió mamá; nuestras vidas se trastornaron, apenas un año después papá contrajo nuevas nupcias. Cuando tengo vacaciones y oportunidad de viajar salgo a alguna playa, me agradan más las del Pacífico porque creo que son bellas y tranquilas, el clima es más estable que en el Golfo; zambullirme en el mar acrecienta mis sentidos, la paz y felicidad invaden cada rincón de mi cuerpo, mente y espíritu. Una de las metas que tengo es regresar a vivir cerca del mar, si es Mazatlán mejor.

En la infancia no tuve la oportunidad de contar con un espacio, la vida se centraba en trabajar y acudir a la escuela, la esposa de papá solo consentía que llegara a dormir, los fines de semana mi padre siempre encontraba en qué tenernos ocupados a mi hermano y a mí. De casada duró poco la sensación de bienestar, por más de diez años la relación fue conflictiva, procuré ocuparme en diversas actividades, trabajaba mañana y tarde, hacía ejercicio de manera exagerada y en casa siempre tenía algo que hacer; a partir del divorcio cambió mi vida, por primera vez tuve el hogar que tanto deseé, a la vez se convirtió en otra de mis llanuras; arreglo con esmero y armonía la casa que habito, en éste lugar es donde explayo mis sueños y la creatividad transportándola al papel, gozo con intensidad tener mi propio espacio, aquí aprendí a amarme y a estar en paz conmigo misma.
A los ocho años empecé a trabajar con papá en su consultorio dental, lavaba la escupidera, el instrumental o lo asistía preparando medicamentos. Felipe, mi hermano de diez años, se ocupaba del laboratorio fabricando puentes, placas y demás; por las mañanas asistíamos a la escuela y por las tardes a trabajar. A los doce años efectué la primera extracción, papá dirigía cada uno de los movimientos que efectuaba, al finalizar distinguí una sensación de inmenso orgullo, por esas mismas fechas deseaba ser maestra de educación física, mi progenitor dijo que con esa ocupación moriría de hambre, no insistí más en ello. A mis diecisiete años papá se fue de vacaciones con su familia, regresaría en un mes, quedé a cargo del consultorio, dado que los pacientes me conocían no hubo problema y hasta realicé una cirugía; revisar bocas, poder quitar el dolor que tenían dando mejoría a las personas que acudieron fue el disparador para que decidiera estudiar odontología; ésta profesión se convirtió en la huella de mi montaña. Hace más de treinta años que ejerzo y amo el trabajar de dentista como si fuera el primer día; los pacientes se convierten en amigos agradecidos por el trabajo recibido, me siento plena y feliz de poder eliminar el dolor que los aqueja y en su lugar dejar sonrisas, me enorgullece la habilidad que poseo para hacer cirugías de manera que el paciente no sufra. Si hay alguien que no pueda pagar y tiene problemas en boca, hago descuentos o le regalo el trabajo que realizo como símbolo de agradecimiento a la vida por darme la oportunidad de trabajar en lo que me gusta. Logro enderezar dientes y colocarlos en su sitio en tiempos muy cortos y fabrico los aparatos con mis propias manos. Le tengo un gran amor y respeto al trabajo, ha llenado mi vida de posibilidades, economía y satisfacciones.

Uno de mis ecos fue Irma, la maestra de tercer grado de primaria, ella fue la primera persona tras la muerte de mamá que se ocupó y preocupó por mi, en aquellos años era una niña solitaria, agresiva, sucia y hambrienta; vivía en casa de los abuelos, ahí se estilaba que sólo una vez a la semana nos bañábamos, nunca en la regadera, sino con lo que se acumulara en el lavabo; para la abuela yo no era digna de asearme con agua caliente, solo la fría, vestía con la ropa y zapatos que a mis hermanos ya no les quedaban incluyendo el uniforme escolar, yo no tenía idea de cómo asearme. Al salir a la escuela lo hacía en ayunas y sin refrigerio, las compañeras se burlaban de mi por no tener mamá, respondía con golpes y rompí varias narices, aunque el desempeño escolar era excelente la conducta resultaba terrible. La maestra Irma tomó una decisión inteligente: durante el recreo me invitó a su casa, que estaba a unos pasos de la escuela, preparó el baño y se dedicó a enseñarme la forma adecuada de asearme, después preparó un suculento desayuno a base de huevos y frijoles acompañado de leche con chocolate, platicamos de muchas cosas, me dio consejos para cuidar mi apariencia y continuara estudiando con ahínco. Después del bellísimo detalle de la profesora, durante los subsecuentes recreos estaba con ella, compartía su comida conmigo y charlábamos alegremente, me prestaba hermosos libros que fomentaban la imaginación. Ella es importante para mí por ser la primera persona que demostró amor y se preocupó por apoyar e impulsar a la niña que fui.

A Odette la conocí en la secundaria y desde entonces somos buenas amigas, podemos platicar horas completas, en ocasiones ella comparte sus penas y alegrías, otras soy yo la que lo hace; hemos viajado a distintos lugares de la República y la pasamos de maravilla. Cuando he tenido problemas de salud o alguna cirugía, ella ha estado pendiente de lo que se ofrezca, su apoyo y amor son importantes para mí y le respondo de igual manera. Contar con alguien así es un tesoro invaluable, hemos aprendido a ser más que amigas, por eso nos decimos hermanas.

Las cumbres de mi montaña han surgido desde que tengo uso de razón, siempre he sido una soñadora y creo que no terminaría de escribir los deseos que he tenido, por lo que plasmaré los que considero más importantes.

De niña deseaba que papá me abrazara expresando su amor hacia mi, apliqué sumo esfuerzo en la escuela para obtener las mejores notas, participé en casi todos los eventos que hubo, obtuve durante varios años diplomas de aprovechamiento, incluso en el sexto grado participé en un concurso nacional del mejor estudiante, aunque estuve en las finales no gané; por más que hiciera por agradarlo, él no mostró ninguna emoción, la frustración me acompañó por muchos años, al ser adulta comprendí que no aprendió a expresar sus sentimientos ni quiso aprender a hacerlo.
Otro de los deseos que tuve fue viajar al triángulo de las Bermudas para desentrañar el misterio de la desaparición de barcos y aviones, soñaba con llegar al lugar y saber que ocurriría, quizá habría extraterrestres con los que hiciera amistad; en mi imaginación, subí a sus naves y viajamos cruzando el espacio, veía la tierra desde la luna y reía al observar el globo terráqueo, tan pequeño a la distancia. Continué el viaje, conocí a los habitantes de un sinfín de cuerpos celestes, la forma de comunicarnos era mediante la mente, sin emitir sonidos, también aprendí a conducir la nave, los seres cósmicos y yo llegamos a su hábitat, ahí estaban todas las naves y aviones perdidos en el triángulo, ellos las analizaron para después instruir a los terrestres a mejorar la tecnología de cada barco y avión, les hice la petición de permitir que las personas volvieran a la tierra, accedieron con la condición que regresara a menudo con ellos; al retornar a la tierra aterrizamos en Mazatlán, decidí que ahí viviría para gozar del mar zambulléndome en sus olas para después comer toda clase de pescados y mariscos.

También deseé ser escritora, la idea surgió a raíz de que tenía un diario, en el que escribí experiencias de mi vida cotidiana, tiempo después, durante la primaria, dejaron de tarea confeccionar un cuento o poema, realicé el trabajo y al leerlo en el salón de clases ni la maestra ni las compañeras creyeron que yo lo había hecho, para mí fue signo de que estaba bien, proseguí con el afán de plasmar lo que había en la mente, la esposa de papá notó la afición que tenía en los tiempos libres, lo hacía en la azotea para que nadie interrumpiera mi labor; aunque a nadie mostré lo que escribía, papá y su mujer me llevaron con una amiga de ellos que ya había desarrollado un libro, le mostré algunos de los trabajos y los leyó con detenimiento, después de algunos minutos me dijo que tenía talento, sólo que debía continuar y prepararme, el entusiasmo duró hasta que entré a la preparatoria y preferí entregarme a los desmanes de la juventud…”.

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