POR CAUSAS AJENAS.
La sexualidad es la energía y el valor de enfrentarse a la vida sola. Sin tener como fijación mental que el único motivo de la existencia sea la maternidad. Buscar la libertad, conseguirla y conservarla físicamente es un gran logro, y tener la fortaleza para soportar la soledad no sólo es un reto para el sexo femenino. No por tener hijos tienes la garantía de que estarás acompañada en tu vejez. A lo largo de mi vida he observado a mujeres ancianas solas después de haber procreado a más de una docena de descendencia. Ellas viven dolorosamente su tercera edad, llorando la ausencia de sus vástagos, con depresión y mendigando migajas de cariño o atención de personas ajenas a la familia.
Ver a una madre esclavizada, a un marido represivo, manipulador, golpeador y con tantos hijos, que ni tiempo tiene para cambiarles el pañal y mucho menos para abrazar, confieso que da miedo. Con mucho gusto cambio esta opción de vida por pasatiempos o por trabajo que me hagan sentir que la vida vale la pena. Soy feliz de haber elegido mi libertad.
Tejer, lavar, planchar o cocinar, no es exactamente lo que la mujer quiere hacer, y sin embargo, está obligada a las “labores propias de su sexo”, No es así. Podría vigilar la seguridad de los ciudadanos, o quizá convertirse en una fiel secretaria. Lo más conveniente sería que elija ser una maternal y cariñosa maestra. Es posible que esté barriendo y recoja la basura en las calles, o jugando fútbol en un partido internacional importante, no se le dedique interés ni difusión. Si fuera varoncito, todo seria distinto.
Es probable que mi amiga ejerza la prostitución y sea explotada por un hombre de negocios inteligente, que de seguro tendrá un sitio privilegiado en la sociedad, a la altura del género masculino, motivo de envidia y celos para los demás mortales. Ni hablar, pues sólo podemos ver, oír y suspirar por aquellas ventajas que tienen los hombres y que difícilmente podremos alcanzar.
Preguntando a mi intuición, y si tengo en cuenta que quien ha escrito sobre leyes y leyendas religiosas han sido hombres, considero que se han encargado de que las mujeres en la historia de la divinidad vayan desapareciendo hasta extinguirse. Proponen como figura principal a un dios masculino, y en toda religión sus representantes son varones. Si las mujeres buscan un espacio, llegará la inquisición a acusarlas de brujas. No habrá mujeres profetas, se les puede acusar de demencia… ¿Tendrá un mejor destino? Tenemos ejemplos que han trascendido en la historia. El corazón aconseja actuar con cautela en estos asuntos tan delicados. Los hombres son unidos en cuestiones que los favorecen, las mujeres somos todo lo contrario y esto nos ha evitado tener un lugar preponderante en cualquier ámbito. Falta preguntar, ¿qué pasaría si las más altas jerarquías religiosas estuvieran representadas por mujeres? ¿Cambiaría eso la situación respecto al respeto hacia la mujer? La respuesta la tiene cada una de nosotras en sí misma. Esa voz que sale de mi razonamiento me dice que entre mujeres no hay buenos acuerdos, ni por conveniencia ni por beneficio común.
Francis.
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