Talladoras de Palabras

Enero, 2011

Quinto Secreto Alejandra González

Quinto Secreto Alejandra González -23651

 El círculo

-Somos linfómanas y buscamos placer

-No sean mensas, se dice ninfómanas, güey

Cómo nos reímos mi hija y yo cuando ella mencionó las palabras escritas en una de las paredes del baño de su escuela. Ya después, estando a solas, me pregunté: ¿eres ninfómana? Pero, ¿quién puede decir lo que es normal o anormal en el sexo…?

El que esté libre de pecado…dice un proverbio. Creo que yo no estoy libre.

Empezando por ese toqueteo que mi hermana, algunos años mayor que yo, hizo sobre mi cuerpecito. Dos o tres años después ya no se lo permití, la bestia llamada culpa empezó a anidar en mi consciencia.

Entonces empecé a tocar mi cuerpo a escondidas como si fuera un gran delito… ¿deleite?

Nadie en casa me habló de lo concerniente a la sexualidad; fueron mis compañeras de clase y alguna amiga de la colonia, tan despistada como yo, la que me desinformó aún más.

A pesar de que tuve mi menstruación a los once años mi cuerpo era flacucho, sin curvas; pero eso a mí no me importaba.

Me daba náuseas mirar a mis compañeras besarse con los niños; lo mismo me provocaban esas masturbaciones compulsivas. Llegué a pensar que era un raro ente asexuado o tal vez una lesbiana reprimida.

Hasta que conocí al amigo de mi padre: yo tenía quince años, el era unos diez años mayor que yo; me saludó con una mano tan blanca y suave como la parafina. Dijo que era médico y que nos proporcionaría el seguro social en forma gratuita. Pero no hubo servicio médico…

Con anuencia de mi padre y madre él se encerró conmigo en mi habitación para una revisión de rutina, que culminó en un abuso sexual.

Fue la primera vez que vino a mi mente la idea de matarme. Sentía el veneno dulce de la venganza cuando imaginaba su dolor al ver mi cuerpo marchito para siempre.

Pero no me atreví… aún no me atrevo a desquitarme de la puta vida que me toco vivir.

A lo que si me atreví fue a no tenerles miedo a los hombres, a involucrarme con ellos, pero sin dejar que pusieran sus asquerosas manos en mi cuerpo. Me convertí en algo así como la noviecita santa que está en un altar adornado con flores.

Por ese entonces no pensaba en ser madre… al menos no biológica; yo quería ser madre sustituta en algún albergue infantil.

Mi primer intento por tener relaciones fue con mi primer gran amor, llamado Álvaro, pero estaba tan tensa que no pudo penetrarme. Ese amor fue odio llameante cuando me enteré que el maldito, además de tener varias novias, iba a ser padre. Para vengarme, empecé a andar con cuanta cosa con pene se cruzara en mi camino; hasta que algunos meses después murió mi padre, yo tenía como veintiún años ¡y me sentía tan sola!

Me refugié en mi amigo…

Ahora lo miro recostado a mi lado y agradezco a Lilith por ese compañero de trabajo que, a pesar de tanto desmadre que he hecho, aún está a mi lado, aunque no ha sido fácil para ambos. Al principio me divertía mirar su cara crispada de celos cada vez que él imaginaba que yo pudiera serle infiel; me susurraba al oído palabras obscenas y después hacíamos el amor como salvajes.

Qué emoción sentí cuando nos dijeron en el IMSS que estaba embarazada, yo quería una nena, mi amigo-esposo un niño; estuve más de un día en labor de parto, hasta que decidieron hacerme una cesárea; a pesar de los dos bloqueos en mi columna aún me sentía consciente, estaba desesperada… y el siete de octubre de mil novecientos noventa y tres la vi por primera vez. Tres días después me la dieron en brazos como un tesoro; ¡sentía tanto miedo!, no sabía si sería una buena madre. Ambos acordamos que yo ya no trabajaría para dedicarme a nuestra hija.

Al principio mi esposo no quiso tocarme para no lastimarme, después puso muchos pretextos y nuestra sexualidad se convirtió en una violación que yo consentía so pretexto de que él se podía buscar otra mujer.

Él no se buscó a nadie, yo sí me busqué una depresión que culminó en mi primer intento real de suicidio.

No sirve para ser madre, dijo mi esposo citando las palabras de la psiquiatra que me recibió intoxicada con las dos cajas de clonazepam.

***

Empezamos a caer en el círculo cuando me susurró que tenía la fantasía de un trío sexual y por eso ya no me quería hacer el amor, fantasía que lo obsesionó por varios años en que dejó de tocarme.

Lo mejor es que te busques quien te haga el favor, yo ya soy un hombre decadente, es más, si alguna vez tienes un hijo sería capaz de reconocerlo como mío,decía él a sus cuarenta y cinco años.

Y vino un animal tan bestial como el primero a posar sus alas negras sobre mi cuerpo sano:

¿Hipertiroidismo, bocio tóxico difuso, enfermedad de Graves, tiroiditis autoinmune?

Mis ojos leían todos esos diagnósticos, yo me sentía de la chingada: una bestia, que se engrandeció tanto que golpeé a mi hija, quien por entonces tenía diez años, me golpeé a mí, hasta que un psiquiatra me recetó clonazepam.

Pensé que con la radiación me liberaría de la bestia; no sabía que meses después vendría su reemplazo llamado hipotiroidismo que a veces no tiene nada que pedirle a su gemelo.

Veía por primera vez mi obeso cuerpo en el espejo, también veía a través de la ventana a mi vecino sonreírme y. como por ese entonces mi esposo había dejado de tocarme por completo, lo usé de pretexto para coquetear con ese hombre… se cerró el círculo.

Al principio compartíamos mis experiencias, pero después vi en mi esposo un rostro desconocido, iracundo, insultaba, amenazaba: se fue varias veces de la casa cada vez que imaginaba que yo le era infiel.

¿Y mi hija?, bien gracias, aprendiendo el ejemplo de unos padres que no la lastiman directamente, pero cómo la joden enseñándole con el peor de los ejemplos cómo es la vida en pareja.

Aunque mi tesoro y yo a veces tenemos problemas, la mayor parte del tiempo nos llevamos bien, ambas nos apoyamos; mi anormalidad que me ha permitido ser su amiga sin romper las jerarquías. Sólo hay algo que me inquieta, pareciera que ella es muy madura, casi no se rebela, vive con el constante temor a perderme; lo mismo sucede conmigo, soy una mamá barco.

Para ella la respuesta está en mis constantes depresiones; para mí es ese miedo instintivo que se desarrolló después de la muerte de mi protectora y abuela a los cuatro años… ¿muerte es cuando dejas de ver a la única persona que te ama y te protege? ¿Cuándo se llevan su cuerpo frío en una carroza? ¿Es esa estrella que me hace guiños en la noche?

Me aterra la idea de perder a mi hija, aunque debiera estar acostumbrada porque la vida misma me arrebató a mi segundo hijo producto de un embarazo ectópico en que por poco y muero; el tercero de ellos apenas llegó al mes y se salió de mi vientre marchito.

Las perras ganas de ser de nuevo madre las volqué en mi hija cuando los doctores me prohibieron ser madre de nuevo. Ella me idolatra como a la mejor de las madres, pero yo no me hago pendeja. Estas recaídas de ánimo me escupen a la cara que no lo he hecho nada bien.

***

¡Ay, cómo soy de estúpida! Ahora que lo pienso, hubiera sido mejor no haber hablado, como tantas mujeres que conozco, porque bien lo dice el dicho: Calladita te vez más bonita

Y es que, a pesar de que lo intento, ya no puedo refrenar estas inmensas ganas por atrapar la atención de los hombres y que me digan cosas lindas, aunque a cambio tenga que entregar mi cuerpo.

Alejandra González

 

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16 Nov21:22

que bueno que decidiste vivir

Por tuk-C (no verificado)

que bueno que decidiste vivir ya que la vida te da recompensas por tu trabajo  =)

http://youtu.be/dBDnDDIRRDg

04 Feb13:10

Talladoras de palabras

Por Carolina Zenteno (no verificado)

febrero 2011

No soy una mujer adulta, pero tampoco soy una adoslecente. Tengo veintisiete
años. Sé que una forma de consolar nuestros vacios es a través de alguien más.
Algunas, no todas las mujeres, por un tiempo ¡hasta yo! creí que los hombres nos
consolarán, nos darán aquello que nos hace falta y si no es así, nos queda el
consuelo de haber tenido un miembro más entre nuestras piernas, pero después
qué. Qué pasa por nuestras cabezas, qué podemos contestarnos a ¿Fue una
expeciencia sexual inolvidable?, ¿Llegué a sentirme bien?, ¿me sentí violada?,
¿una violación sexual más?, ¡reminiscencias equivocadas?

Escribir de nosotras, escribir desde nuestras almas, seguir escribiendo, ¡si es
necesario pedir auxilio hacerlo con la persona correcta!, al final darse cuenta
de, ¿qué hemos sido?, ¿qué somos?, ¿qué esperamos ser?. Porque cada día de
nuestras vidas no es gratuito...

Carolina Zenteno. DEMAC. Puebla. Saludos a todas.
En hora buena por los talleres, siempre tan reflejantes.
P.D. Espero publiquen este comentario en la página.
El momento se conjuga con el transcurrir del tiempo: se libre