Hrucade
Hoy en día las cosas están más peligrosas que antes, hay más hambre, contaminación, robos, secuestros, asesinatos y demás; vivo rogando a Dios que no me toque a mí o alguien de mi familia. Mi sueldo no me alcanza, gano poco y pido que me rinda estirando el dinero lo más que puedo y privándome de las cosas que no me son tan indispensables pero que deberían serlo.
Y así camino por la vida sobre las calles transitadas tratando de no ver lo mal de mi situación, comparándola con la de otras personas que me encuentro al pasar y sé, en el fondo, que realmente estoy bien, así que procuro, cuando algo me queda en el bolsillo, darlo a esas personas para que se ayuden aunque dos pesos no creo que sirvan de mucho para mantener a una familia y ruego que esas personas grises en calles ardientes paradas en la avenida tengan que comer hoy, un techo donde guarecerse y asearse.
Ya le di a tres personas, sigo caminando y me sale otra ¡lástima ya no me queda más que lo del camión! Tal vez mañana le toque, no reniego pues sé lo mal que andan las cosas. A veces no quisiera darle a nadie y ahorrarme todo ese dinero pero en el fondo no me animo.
Llego a casa prendo mi vieja y desvencijada lámpara, me recuesto en mi cama vieja que tiene la cabecera rota, volteo al techo pues un ruido me llamó la atención y hay una palomilla revoloteando por la luz porque no tengo mosquitero en mi ventana; saco mi cartera, la abro y me doy cuenta que me quede sin monedas pero en cambio la veo llena de bendiciones de todos tipos, colores y tamaños.
Mi abuelita decía que esas bendiciones llegan directito a Dios ya que la gente que necesita la moneda que le das te bendice de corazón, los que te bendicen aunque no sepan lo que hacen abogan por ti y agradezco a esa gente del crucero por bendecirme y me imagino que hago una sábana de sus bendiciones y así ya no me llegan las envidias, los odios y las malas vibras de la gente con lengua de víbora a la que no le caigo bien o a la que le estorbo en el camino.
Además, si por azares del destino, el que está pidiendo me miente y creo su mentira y me voy con mi bendición falsa, sé que cumplí con ayudarle y Dios se encargará de que cada quien tenga lo que merezca y esa bendición vale el doble por eso.
Sé que muchos me catalogan de mensa porque dicen que tiro mi dinero, que la mayoría de esa gente solo te engaña y no lo necesita pero a mí me hace sentir bien, así que no me juzguen que cada quien hace lo que cree según su personalidad. Y ayudando siento que merezco un poco más de este aire, de esta sombra que me da el árbol bajo el sol ardiente y pienso en todo lo que Dios nos ha dado y no creo que él piense que fue menso por morir por nosotros, simplemente lo hizo porque creía que estaba bien y cada quien es libre de obrar según sus sentimientos.
De noche con las estrellas en el negro manto, me recuesto y antes de dormir rezo por esas personas y por las miles del mundo que pasan peores momentos que yo y que ellos… es verdad tengo la tripa vacía y en mi despensa solo hay galletas saladas para cenar…
¿Qué más da? Ya mañana veré de dónde saco más monedas para hacerme otra sabanita y dormir bien aunque me rechinen las tripas.
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