Obras comentadas

Diciembre, 2010

El segundo libro

El segundo libro-23605

En 1993, con el vientre partido por mi cesárea, un lindo bebé que iba conociendo, una depresión postparto latente, una infidelidad que hizo trizas mi corazón y una Elvira queriendo reencontrarse me topé con la convocatoria de una organización llamada “Documentación y Estudios de Mujeres, A.C.” (DEMAC). El texto invitaba a recuperar a las mujeres mexicanas y daba un premio a la mejor biografía que se enviara.

Quizá por terapia, tal vez por complicidad conmigo misma, decidí participar. Tenía mi tesis de licenciatura donde había recuperado a mujeres periodistas del siglo xix. De todas ellas elegí a las dos con las que más me había identificado: Laureana Wright y Mateana Murguía, fundadoras de la publicación semanal llamada “Violetas del Anáhuac”. Asilada en casa de mi mamá, pedí prestada una máquina de escribir y mientras mi pequeño hijo dormía, yo reconstruía la historia de estas dos violetas mexicanas. Cuando el texto estuvo terminado mis hermanas, Flor y Elina, me acompañaron a San Ángel a entregar mi biografía. Mientras amamantaba a mi hijo, bajo la sombra de un gran árbol de la calle de José de Teresa, una de ellas entró a esa hermosa casa de DEMAC. Me juró que le había dado la bendición a los trabajos y nos fuimos a desayunar con la sensación de haber cumplido con una memorable tarea.

Alguien puede llamarle inseguridad, otros pueden decir falta de ambición, para muchas eso era una soberbia oculta y otros la bautizaron como sencillez elviriana. Fuera lo que fuera, nunca me obsesioné con ganar. Y cuando hojeaba el periódico “El Universal” descubrí que se daban a conocer a las ganadoras. Cerré el periódico y musité, bien por ellas.

Pero como en las películas venía la escena emocionante, sonó el teléfono y preguntaron por mí. Que te llaman de DEMAC. ¿Cómo sabían mi teléfono? ¿Cómo sabían que yo concursé si participé con seudónimo? Quizá quieran mi opinión sobre las ganadoras. Pero la voz femenina al otro lado de la bocina me dice que decidieron dar Menciones Honoríficas en su concurso y yo obtuve una. Dudo. Mi corazón late aprisa. Esto es ganar y brinco de felicidad. Abrazo a mi papá, mi madre llora, el bebé confirma que su mamá enloqueció. El premio: la publicación del texto.

El día de la premiación conozco los rostros angelicales de las mujeres de DEMAC. Admiro el carisma de Amparo Espinosa y desde entonces todos los días agradezco su generosidad, su espíritu lleno de auténtica sororidad. Los libros son hermosos y durante toda la noche acaricio la portada, ahí está mi nombre y el de otras mujeres que queremos delatarnos, descubrir a los otras, hacernos visibles en la historia de México.

Eso ocurrió hace casi 18 años y todavía lo revivo como si fuera ayer. Por eso, hace unos meses que DEMAC volvió a buscarme para hacerme una propuesta indecorosa, otra vez brinqué de gusto. Me propusieron hacer libro individual, personal, mío-mío, autora exclusiva, el texto “Dos violetas del Anáhuac”. Elvira cursi, antes de responder el correo, lloro y lloro. De alegría, de emoción, de gusto, de orgullo. Y por supuesto, acepto.

Unos meses para corregir, decido aumentar una introducción, antecedentes y conclusiones. Mi querida Graciela Enríquez, editora del libro, propone una portada donde se descubra a Laureana y a Mateana en su mismo periódico que ellas fundaron. Eternos trámites, pero trato justo en el Fondo Reservado de la Hemeroteca Nacional y el Patronato Universitario. Mi amiga Rosalinda Sandoval captura en su cámara a este representativo periódico de mujeres del siglo xix, pionero del periodismo femenino en México.

Y un día, que firmaría mi contrato con la editorial, llego al mismo tiempo que mis libros. Recibo el ejemplar calientito, recién salido de la imprenta. Un clásico nudo en la garganta me enmudece y la vista se me nubla. Guauuu, mi libro. Solamente pienso en la gente que quiero y que deseo celebrar con ellos y con ellas ese momento. Salgo cargada de libros y mando mis clásicos mensajitos por celular: “Estoy feliz, hoy salió mi segundo libro”. Cada amiga verdadera, celebra. Cada amigo adorado, me felicita.

Es así como ahora celebro con ustedes la edición de mi segundo libro, “Dos violetas del Anáhuac”. Gracias Laureana y Mateana por su ejemplo periodístico y dejarse atrapar en mis páginas. Gracias Amparo Espinosa por su generosidad. Gracias Graciela Enríquez por tu compromiso. Gracias DEMAC por motivarnos a contar historias de mujeres. Gracias a los hombres que amo porque me inspiran a seguir atreviéndome a escribir. Gracias a mis amigas que me quieren y festejan conmigo. Gracias a mis amigos que están seguros de nuestro cariño mutuo. Gracias a mis alumnas por creer en mí. Gracias a mis alumnos por provocarme a ser mejor. Gracias a la vida por darme la oportunidad de este segundo libro, testimonio de mi alma, cómplice de mis sueños académicos.

Dra. Elvira Hernández Carballido Profesora investigadora  Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo

25 Ene11:39

libro Dos violetas..

Por Ana Silvia Monzòn (no verificado)

Felicitaciones a Elvira Hernández por esta publicación. También me encanta descubrir la historia de las mujeres, y a las mujeres en la historia. Cada vez que rescatamos a una mujer del olvido, reafirmamos nuestra identidad histórica, nos conectamos con sus pensamientos, sueños, miedos, acciones, y eso nos hace fuertes para continuar luchando por nuestros derechos.


Ana Silvia Monzón

Voces de Mujeres, Guatemala