Cenizas y siluetas…
Por Ana-Karina Ascencio
Nunca olvidaré aquella tarde en que mi madre, sentada sobre su cama, con las piernas cruzadas y la cabeza agachada, arrancó una a una todas las fotografías de cada álbum familiar. Sus manos clasificaron nuestros recuerdos y sus ojos inquisidores hicieron temblar las imágenes que apiló sobre el colchón en dos montoncitos diferentes. Tijeras en mano recortó su silueta de prácticamente todas las fotografías y cuando parecía que el ritual estaba por terminar, abrazó descuidadamente uno de los montones y los recortes de su silueta.
Se dirigió al lavadero antiguo de casa de mi abuela, regó todo con alcohol y, sin mayor explicación, le prendió fuego al pasado. Yo tenía quince años y no podía dejar de pensar en lo que hizo, me dolía pensar que su única razón fue no recordar nuestra vida, me preguntaba si al borrar el pasado no desaparecen también las personas que queremos, quería saber si había logrado borrar sólo el dolor y conservar lo bueno.
Sin embargo, pasarían muchos años antes de que pudiera responder esas preguntas. Tendría que perderlo todo, abandonarme en el hombro de mi hermana en ese cuarto de hospital y descubrir que no hay nada más cierto que aquel verso del poema que mi abuela hizo suyo: El inmenso dolor no tiene llanto…
La vida en mi interior se había apagado de manera tan inesperada que mis pensamientos no se conectaban entre sí. A mi lado se encontraba él transpirando dolor, reconocí sus manos sobre las mías aún sin mirarlas, pero mis ojos cobardes huían de los suyos.
No había transcurrido más de una semana desde el día en que vimos latir el corazón de nuestro bebé y el día en que me practicaron un legrado de urgencia. Todos pensaban que estaba nerviosa por ser mi primer embarazo, creían que los cambios hormonales me tenían inquieta y que mis malestares eran lógicos. Creían que debía esperar, tener paciencia y estar tranquila.
Pero ella no, Paty recibió mi llamada telefónica y me escuchó. No me interrumpió, no pensó que exageraba y no dudó de lo que le decía. Al final me dijo: No seas impaciente, escucha a tu cuerpo…
Después de colgar me fui al médico para confirmar lo que mi cuerpo ya me había dicho: las cosas no marchaban bien y lo más probable es que mi embarazo hubiera concluido.
Paty viajó desde Querétaro para estar conmigo. Ella escuchó a mi cuerpo antes de que yo lo hiciera, me brindó su hombro para apoyarme y derramó por mí las lágrimas que el dolor me impidió verter.
Muchos meses han pasado desde aquel día, muchas horas imaginando lo que no fue…
Ahora sé que mi madre falló con su ritual, no se puede borrar el pasado, no basta con prenderle fuego. La vida nos marca el alma, las pérdidas se acumulan y al final, como dijo aquella historiadora uruguaya, cuando se han perdido tantas cosas tantas veces nada es grave, pues la plenitud se alcanza al fin en las pequeñas cosas.
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Ana Karina.
Por ROCIO ACEVEDO (no verificado)Ana Karina.
Que bonita manera de desnudar tu alma y compartir tanto dolor, no existe en la vida dolor mas grande tanto que ni nombre tiene. cuando pierdes tus padres eres huerfana, cuando pierdes al marido eres viuda y cuando pierdes un hijo ?.
Gracias por compartir tu historia.
Rocio Acevedo.
Hola Rocío, Te
Por Ana Karina (no verificado)Hola Rocío,
Te agradezco la gentileza de tomarte un espacio y dirigirme palabras tan cálidas.
Saludos,
Ana Karina
Mi comentario
Por María (no verificado)Hola Ana Karina,
He leído el texto que imagino escribiste con tanto valor y enteresa. Te comento que me conmovieron muchas de las frases que en el escribes y la profundidad de los sentimientos que manifiestas, lo que me permite ver a una mujer sumamente valiente y sobre todo sensible. Imagino que debe constituir una gran fortaleza el contar con seres humanos como Paty, que escuchan sin interrumpir, comprenden y están ahí, justo cuando es necesario.
Gracias por compartir parte de ti.
María
Hola María, Tienes toda la
Por Ana Karina (no verificado)Hola María,
Tienes toda la razón! Paty más allá de la simple casualidad de ser mi hermana, ha sido siempre fuente innagotable de fortaleza en mi vida.
Te agradezco tus palabras : )
Ana Karina