Talladoras de Palabras

Julio, 2010

Segundo secreto Fabiola

LA HISTORIA DE MIS MUJERES

Tenía aproximadamente 20 años y mi tía Edel me ofreció trabajo en su Jardín de Niños como maestra de Inglés, acepté porque aún estudiaba por la tarde el 4º semestre de la carrera en la Universidad, así que tenía el tiempo perfecto para trabajar en la mañana y por la tarde estudiar. Además ella pasaría por mí en la mañana para irnos juntas a trabajar. Recuerdo que un día, no sé exactamente porqué, llegué a casa de mi abuelita, Chagüa, temprano y yo esperaba a mi tía para poder irnos, era de los primeros días de trabajo; otra de mis tías estaba ahí y me dijo que era bueno que ya trabajara, pero que ese dinero era mío, que no tenía porque darle nada a nadie, ni siquiera a mi mamá; no entendí muy bien porque lo dijo, yo no le contesté nada. Minutos después, mi tía Edel aún no estaba lista, fui al cuarto de mi abuelita, estaba sentada ante su inseparable máquina de coser (que por cierto yo adoraba, porque siempre hacía ropa para a mí y a mis muñecas), y me dijo “No hagas caso de lo que te dijo ella, si tu ayudas con tus gastos en tu casa, el dinero siempre te va a rendir, nunca te va a faltar nada”. Cuando, por fin, salimos rumbo al trabajo, mi tía casi repitió lo que me había dicho mi abuelita “Si tu le das dinero a tu mamá para tus gastos y ayudas en la economía familiar, además de ser tu obligación como hija, efectivamente, el dinero no te va a faltar, te rinde más”. Que conste que mi tía no había escuchado lo que me dijo mi abuelita. Creo que esas palabras son la base de unas finanzas sanas en mi vida. Aunque mi mamá ya me lo había hecho saber, sin palabras, sólo con sus actos, porque ella siempre ayudaba a su mamá, no sólo económicamente, la visitábamos y yo veía como se portaba con ella, con respeto, amor, comprensión, apoyo, llamándola por teléfono para saber cómo estaba, la visitábamos muy seguido.

Así que parte de ese primer sueldo (me pagaban por hora) siempre ayudó en la economía familiar, y no porque necesitará trabajar, sin embargo era padre poder tener mi dinero ganado con mi trabajo, me hacía sentir bien; y en efecto han pasado muchos años y al no sólo ayudar a los gastos en casa, sino en general ayudar cuando se puede, el dinero no es más, pero sí rinde.

El tener ciertos hábitos edifica nuestra personalidad, sean buenos o malos;  éstos, muchas veces son inculcados en nuestra casa desde que somos niños. Sin embargo existen otros hábitos, que mas bien yo llamaría mañas, que vamos adquiriendo o aprendiendo a lo largo de nuestra vida, ya sea por experiencia propia, por los medios de comunicación, en fin por todo lo que nos rodea, hasta que se convierten en parte de nosotros, y deshacerse de ellos es una tarea difícil. Recuerdo que un día, hace varios años, platicaba con mi amiga Toni; me quejaba de que siempre pasaba lo mismo en mis relaciones con los hombres: todos los que conocía tenían compromiso (y no conmigo), y yo no deseaba una relación de esas, los que no tenían compromiso no querían tenerlo con nadie y sólo querían divertirse (tampoco yo quería eso).

La realidad es que en esa etapa de mi vida yo deseaba tener una pareja estable, “y al parecer tengo tan mala suerte que sólo conozco hombres “nada gratos”, le dije a Toni, quien después de escuchar muchas veces mis quejas me dijo “¿Has pensado que tal vez no es mala suerte?, ¿Qué tal vez tu los llamas inconscientemente?” ¡Ay no! Por Dios, como podría llamar YO a personas así a estar conmigo. Le contesté que no entendía muy bien a qué se refería “Intenta alguna vez portarte diferente con un hombre, cambia en ciertas situaciones que has repetido en tus anteriores citas ¿cómo esperas un resultado diferente, si tu siempre haces lo mismo?” ¡Oh Dios! Esas palabras, así, sin más, comiendo flan en el comedor de casa de Toni, me quitaron la venda de los ojos… Era tan sencillo, y al mismo tiempo no tanto, ¡¡¡cambiar mis actitudes!!! Pero era verdad, al empezar con pequeños cambios míos, todo cambiaba, lo mejor es que no sólo era en el caso particular de encontrar al “hombre ideal”, sino en las relaciones con toda la gente a mí alrededor. Gracias a esas palabras, conocí a mi esposo, con quien ya llevo 2 años y 2 meses de matrimonio.

Casarme fue un cambio drástico en mi vida, pero no fue malo, solo difícil… estaba acostumbrada a dormir sola, no rendir cuentas a nadie, hasta me dio insomnio. Ahora ya estoy más que acoplada y feliz. Una de las cosas que mi esposo decidió para que no me aburriera cuando nos casamos fue contratar televisión por cable (aun no entiendo porque pensó que iba aburrirme, si hay tantas cosas que hacer en la casa y además yo trabajo, en fin creo que lo hizo para ver sus programas deportivos favoritos). Nunca había tenido ese servicio antes, así que explorando la programación, un día vi anunciada la biografía de la diseñadora Carolina Herrera; yo no sé mucho de diseñadores de ropa, pero sabía de ella porque mi mamá a veces compraba una revista de moda y mencionaban a menudo su nombre. Total, que vi el programa y en un segmento algunos de sus trabajadores hablan de ella y dicen que es muy humana, que los conoce por su nombre de pila y los saluda y pregunta por su familia, y cosas por el estilo. Al respecto ella dijo, “para que una persona que trabaje conmigo esté a gusto, es necesario tratarlo bien, además el horario de salida de mi empresa es a las 5 o 6, no más tarde, porque la gente ya no trabaja con el ánimo ideal y tiene que ver a su familia; es fundamental que las personas convivan con su familia para estar contentos, no trabajamos los fines de semana, la gente necesita descansar, y esto lo aplica aun cuando son las semanas de la moda o la presentación de las temporadas, la gente que se queda a trabajar a las 10, 12 de la noche o 3 de la mañana, nunca trabajará a gusto”. Creo que si no tenemos un horario así en nuestro trabajo, tal vez no podemos hacer nada, no creo que las empresas o dependencias cambien el horario de trabajo sólo porque lo dice Carolina Herrera, pero si tomé de ella algo importante, convivir con la familia, darnos tiempo para nosotros, no enfocarnos sólo al trabajo, ser humanos con los demás y tratar a los demás como si fuéramos nosotros mismos.

También dijo algo muy, muy, pero muy banal, pero que aunque no lo crean, sirve: “una camisa o blusa blanca siempre estará bien, si no sabes que ponerte, queda con todo, pantalón, falda corta, larga, con saco, sin saco, con todo, por eso yo tengo muchas camisas blancas”. Sé que es algo superficial, pero a nosotras que a veces tardamos horas en salir, esta recomendación saca de muchos apuros.

Fabiola.

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