UN SUEÑO LOCO: UNA PLAYA Y UN LIBRO
El anhelo más grande en mi vida surgió como resultado de mi continua rebelión contra el destino que me quisieron imponer mis padres y esta sociedad. Desde niña, con apenas unos cinco años, me subieron a una silla, porque el fregadero era muy alto, y tuve que lavar los trastes. Siguió mi aprendizaje: tender las camas y barrer; recuerdo que la escoba era muy pesada y para destender las cobijas me subía al colchón y me acostaba para alcanzar un tramo más grande. No recuerdo que mis hermanos hayan pasado por esto, los veo en el pasado, unos chicos siempre jugando, corriendo y riendo; y a mí, ayudando a mi madre con los quehaceres domésticos.
Estas y otras muchas situaciones de la desigualdad que vivía me llegaron a la conciencia. Vivía la injusticia en carne propia y, como era una niña muy chica, no la entendía, sólo sabía que yo quería jugar también. Aun así, buscaba salidas, me enojaba y gritaba y lloraba, pero de nada me valió, seguí aprendiendo cuál era mi lugar y mi papel en el mundo con mucha violencia física y verbal por parte de mi madre.
Desde mis pocas fuerzas y recursos, seguí buscando y resistiéndome, hasta que, durante mi juventud en la escuela preparatoria, conocí el marxismo. Se convirtió en mi esperanza, al fin y al cabo yo era otro ser oprimido, sólo que mujer, y aprendí más tarde que esto me excluía también de la revolución; que los revolucionarios necesitaban quienes les lavaran los calzones, les hicieran comida, les tuvieran un lugar limpio, los apoyaran emocionalmente y les cubrieran sus necesidades y fantasías sexuales y que hasta les sirvieran café en los partidos políticos y sindicatos; porque ellos también quieren esclavas a su servicio, no quieren perder los privilegios que les da este sistema.
Seguía estudiando y buscando en las teorías algo que me ayudara a entender la situación que vivíamos las mujeres, en plural; todas mis compañeras y demás mujeres cercanas o lejanas, nos pasábamos horas y más horas en las dobles jornadas y nuestro actuar estaba muy acotado por las reglas que nos prohibían hacer casi todo fuera de la casa, y dentro, éramos las reinas del trabajo y de la basura, allí sí podíamos ordenar nuestros pequeños universos sucios.
Llega el feminismo a mi vida y la utopía de liberación para las mujeres, y con ellas la esperanza de construir un mundo mejor para todas y todos, donde seamos reconocidas todas humanas, donde dejen de cuestionarse todas las diferencias y hacerlas opresión y explotación de las mayorías en beneficio de unos cuantos hombres. Sueño con un mundo seguro para las mujeres, donde podamos SER y elegir nuestras vidas en libertad e igualdad, donde impere la justicia y la libertad para todas y todos.
Desde entonces ese es mi anhelo y no lo he perdido de vista nunca. En los momentos más difíciles de mi vida, vuelvo a la teoría feminista para reconstruirme, redefinir el rumbo y retomar formas de lucha, desde políticas hasta cotidianas.
Junto con muchas mujeres he vivido los acontecimientos históricos, desde las primeras marchas del movimiento feminista y después del movimiento lésbico en México. Me he manifestado por muchas causas y hemos luchado por nuestros derechos civiles y políticos. Soy parte de la historia colectiva de las mujeres y de mi propia historia.
En mi vida cotidiana lo que más anhelo es, además de tener mi cuarto propio, lograr mi independencia económica para dedicarme a las actividades que me gustan, como hacer trabajo por las mujeres ancianas que viven en las calles; escribir junto con mis compañeras lesbianas nuestra historia y lograr el deseo de toda la vida, viajar, que ha sido muy poco.
Antes soñaba con conocer Europa y por supuesto todo el mundo. El conservadurismo que vuelve a apoderarse de las mentes de los hombres con todas sus manifestaciones, sobre todo el racismo que vuelve a Europa, y mi propio camino feminista, ahora me llevan al anhelo de recorrer toda América Latina. En esto soy heredera de mi abuelo chino, quien llegó a México muy joven y recorrió la república trabajando en diversos oficios, desde campesino hasta comerciante, y al final de sus días intentó regresar a su tierra natal a morir. Mi padre también es un aventurero que ha viajado ocho veces a China y sólo la enfermedad lo ha hecho reducir sus planes de conocer más lugares; según él, cada año que viaja es el último que hace; y, al siguiente, hace un esfuerzo y sale con uno de mis hermanos a otro recorrido por el mundo.
Cuando estoy física y mentalmente agotada, sueño con mi paraíso privado, al que quiero retirarme cuando sea viejita (calculo unos 80 años), un lugar desde donde se vea el mar; un sillón cómodo donde reposar mis huesos y un libro en las manos. Y, junto a mí, mi compañera, que pinta en su caballete un paisaje marino, imaginado muchas veces.
Nunca me he vislumbrado como una mujer dependiente de otros, quiero construir una comunidad de mujeres que se ayuden desde ahora y en los momentos más difíciles de la vida de un ser humano, la vejez. Que sean solidarias y unidas por la utopía de un mundo menos opresivo. Tampoco puedo dejar de imaginar o de pensar cómo transformar nuestra vida cotidiana y nuestros espacios privados.
Ahora me veo como una mujer fuerte, decidida, en plenitud física y mental, dueña de su vida; lista para la siguiente etapa en la que me propongo trabajar menos y disfrutar más de la compañía de mis amigas y familia.
Lin
felicitaciones!
Por Chantal (no verificado)Lin, te dije, eres mi escritora favorita! sigue asi, tu senda son las letras, escribe el libro que deseas escribir, la historia de las feministas mexicanas.Tienes una lectura amena y agradable, a la vez muy interesante
Saludos de Chile