Talladoras de Palabras

Julio, 2011

Tercer secreto Cristal y acero

 Somos Pájaros Azules

¿Cómo comenzar con lo que se vive y se siente en cada pausa, ese aire que hace falta y ahoga? Esa sensación de saberse perdida en el centro del cielo, pobladísimo de pájaros azules que no saben del canto… insalvables cenzontles que lloran, porque se les ha ido la voz…

Dicen que todas las familias guardan secretos. Los guardan como joyas en pequeños cofrecitos o como pecados, enterrados bajo tierra, tan arraigados a ella, que les pueden salir raíces gigantescas y convertirse en un árbol de secuoya imposible ser talado.

Mis recuerdos de infancia, son francamente felices. Las primeras imágenes vienen como cascada; de cuando tendría yo –imagino-unos tres o cuatro años. En ellos siempre aparece, como en un espejo mi hermana mayor. Ella me llevaba 16 años y fue para mí una parte importantísima de mi vida. Se ocupaba mucho de mí, la recuerdo perfectamente dándome las buenas noches, acostándome en una pequeña camita que se encontraba en el cuarto de mis padres. La veo con claridad  jugando conmigo, dándome de comer, llevándome a pasear. En fin, la recuerdo más cerca en ésa época que mi mamá.

Mi mamá y mi hermana tenían una extraña relación que yo nunca pude comprender. Muchos pleitos entre ellas que me ponían finalmente siempre en medio de las dos.

Una noche, mientras yo dormía, me despertaron los gritos que provenían del pasillo de la escalera de mi casa. Eran mis padres que peleaban a voces con mi hermana. Mi papá era un hombre profundamente cariñoso y tranquilo. Cuando salí para ver que ocurría, alcancé a escuchar que mi hermana decía algo, algo referente a “decirlo todo”; en ese momento mi mamá calló a mi hermana e increpó a mi padre para que de algún modo lograra que se callara. Cuando mi papá vio que yo estaba ahí, le dio una cachetada a mi hermana que por poco y cae de la escalera. Nunca había visto que mi papá le pegara a nadie. A la mañana siguiente, mi hermana no estaba en casa, se había ido por un tiempo a vivir a la Ciudad de México. Yo tenía alrededor de 6 años cuando ocurrió este incidente y, aunque recuerdo que preguntaba lo que ocurría, nadie me decía nada.

El tiempo pasó, mi hermana regresó a casa y se casó. Tuvo su propia familia, pero aún así yo siempre estuve cerca de ella. Me llevaba con ella y mi cuñado de vacaciones, pasaba días con ella y compartíamos muchos momentos. Tuvo su primer hijo y cuando este bebé tenía 9 meses, murió mi padre en un accidente automovilístico. Mi hermana continúo casada por algunos años más y después sobrevino su divorcio; ella ya tenía dos hijos. Este fue el principio de su fin.

Comenzó a beber hasta volverse alcohólica, parecía que cargaba toda la tristeza del mundo. Yo tenía ya como 14 años cuando esto sucedió y no podía entender por qué no tener un hombre a su lado la hacía tan vulnerable. Yo veía a mi madre, entonces viuda, y la imaginaba como un roble mientras mi hermana se desmoronaba. Por alguna extraña razón, en sus borracheras, era yo la única que podía tranquilizarla, por lo que aún teniendo yo 14 o 15 años, tenía que correr a su lado cuando esto ocurría. Y bueno, como pasa siempre que se presenta esta enfermedad del alcoholismo, viví terribles episodios con ella, desde pleitos terribles con la gente con la que se encontraba bebiendo, hasta intentos de suicido. Muchas veces, durante estos momentos en que ella no era ella, me decía que yo era su hija. Yo, sinceramente, atribuía sus aseveraciones a su momento de embriaguez. En una ocasión, se encontraba mi hermano mayor con nosotras y ella volvió a repetirme la historia de que yo era su hija; mi hermano se puso furioso y le pegó. Creo que fue ese día comencé a tomarme en serio su historia, comenzando así a nacer en mí “mis pájaros azules”. Al día siguiente, confronté a mi mamá durante el desayuno estando presente mi hermano. Mi mamá lo negó todo y mi hermano junto con ella, arguyendo que se trataba sólo de algún extraño modo,  por parte de mi hermana, de tratar de hacerle daño a ella.

El tiempo pasó. Yo crecí y conmigo creció la duda, la tristeza y esos pájaros azules dentro mío. Me fui a estudiar a otra ciudad, me casé y formé mi propia familia. La enfermedad de mi hermana también creció y entre ella y yo se estableció una especie de muralla. Parte la distancia geográfica y real, y parte la insistencia de su historia. Y aunque yo no estaba físicamente ahí, durante sus recaídas me llamaba por teléfono y alguna vez volvía a surgir la misma vieja historia.

Pasados los años, murió mi hermana de manera accidental en su casa. Cayó al aljibe cuando llenaba una cubeta de agua. Se ahogó. El dolor y los recuerdos me llenaban tanto o más como acabarían seguramente sus pulmones (llenos de agua), cuando murió. A las pocas semanas de muerta, recibí una llamada de mi sobrina, hija suya, diciéndome, que acababa de estar con la mejor amiga de su mamá durante su juventud, y que le había hecho revelaciones que yo debía saber. Obviamente se trataba de la misma historia. La amiga de mi hermana le dijo a mi sobrina que yo era hija de mi hermana. Le contó toda una historia de cómo había sido. Y la historia es la siguiente:

Ana, mi hermana, tenía un novio que le llevaba 15 o 16 años cuando ella tan sólo tenía 15, es decir, que el susodicho tendría alrededor de 30 o 31 años. Mis padres no estaban de acuerdo con la relación, por lo que supongo fue una relación escondida. El novio de mi hermana se llamaba Ernesto y era de otro estado del país distinto al nuestro; además, fue del conocimiento de mi familia que este hombre era una persona de mucho dinero y con  una alta posición social en Jalisco. Así, mi hermana terminó embarazada con16 años, en la época de los 60s, en un pueblo chico y con un estigma encima de ella más prominente que su estómago. Fue entonces, cuando nació el secreto y con él todo un guión muy bien armado para cubrir las apariencias.

Mi madre, que en ése entonces contaba con 40 años, y mi padre igual, comenzaron a manejar la historia de que esperaban un nuevo hijo (a), un pilón. A mi mamá le creció la panza (sabrá Dios cómo), pero fue creíble para el resto del mundo, de su mundo. A mi hermana también se le inflamó el vientre, por lo que la mandaron una larga temporada a vivir a Ciudad Juárez, en donde vivía el hermano de mi padre con algunos de sus hijos.

Pasados los nueve meses, llegué yo al mundo. Mi hermana se fue al D.F, en donde fui recogida por mis padres y ella permaneció ahí por un corto tiempo más. Me llevaron a mi pueblo, donde supuestamente nací en un hospital de esta ciudad, curiosamente el mismo día en que dio a luz una de las mejores amigas de mi madre. Así que hasta un gemelo tuve el día de mi nacimiento.

Esta era la historia de la amiga de mi hermana. Es importante mencionar, que dicha amiga contaba con una reputación no muy sana que digamos, ya que padecía de trastornos emocionales severos y caía en episodios de esquizofrenia, tratada y medicada. Pero aun y con todo esto, la historia coincidía con la historia familiar que yo ya conocía. Es decir, el hecho de que mi hermana tuvo un novio mucho mayor que ella, que vivió un tiempo en Ciudad Juárez, que también estuvo en el D.F, etcétera. Recuerdo mucho una fotografía que un día vi. Yo, pequeñita, como de unos dos años, en brazos de mi papá con un globo en la mano y de la misma serie, el mismo día, otra foto con mi hermana, mi papá y mi nana; y luego una más con Ernesto, el supuesto novio que mi hermana había tenido. Un hombre muy guapo. Pero, ¿por qué esta él en esa foto? La respuesta a esto la dio la amiga de mi hermana. Contó que cuando yo ya había nacido, unos años después, mi hermana buscó a Ernesto para decirle la verdad. ¿Cuál fue la reacción de él?, no la sé, tan sólo quedó esa foto como huella.

Cuando me enteré de todo esto, traté de investigar lo más que pude. Hablé con mis parientes más cercanos, mi tía (hermana de mi madre), mi tío, su hermano. Una prima que vivía en Ciudad Juárez en ésa época. Total, que las respuestas fueron siempre las mismas. Todos negaron la historia.

Varias veces continué confrontando a mi madre y su respuesta también fue siempre la misma. No había y no hay quién me pueda sacar esta duda y este pájaro azul del corazón. Mi mamá murió de Alzhaimer, tal vez queriendo olvidar todo lo sucedido y tan sólo me queda una partida de nacimiento en donde quedó registrado, como madre, el nombre de mi mamá, a la que llamé madre siempre y como padre un espacio vacío que no puede ser llenado.

 

Cristal y Acero

 

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20 Ago10:32

Somos pajaros azules

Por Martha Schumacher (no verificado)

Pasó. Parecía ser un pueblo pero era en una colonia de la zona metropolitana. Causo mucho escándalo. Eran dos jóvenes, él muy conocido, manejaba una moto grande BMW y pasaba una y otra vez por todas calles de nuestro “San Mateo Place”. Su nombre era Federico y era muy guapo. Ella era casi una desconocida, su familia no la dejaba compartir con nosotros fiestas o tardeadas; donde a esa edad aprendíamos a bailar rock, twist o nuevos pasos reuniéndonos en casas diferentes. Y de esa chica… solo sabíamos que era hermosa y que sus padres eran muy estrictos y cerrados. Así que por eso el escándalo fue más grande cuando quedo ella embarazada de su novio Federico.

Yo era muy jovencita, si acaso 12 o 13 años. Y la incredulidad ante ese acontecimiento era enorme; “¿cómo es que precisamente le pasa a Carolina? Si ella no comparte nada. ¿De qué mundo la apartan los padres? Y, ¿a qué mundo la hacían entrar con sus exigencias?”… No se supo nada después más que no los casarían. Federico tenia también que desaparecer del rumbo y el bebe lo darían a adopción a una familia que lo alejara.

 A ella, Caro, solo se le vio después los domingos de misa. Blusas cerradas, faldas largas y velos la tapaban y, a su alrededor sus padres y hermanos siempre la acompañaban. Me pregunto ahora que habrá sido de ella. Siendo tan hermosa como lo era seguro sus padres la abran casado por la iglesia escondiendo su pecado, su historia. Lo que nunca pudieron esconder fue para ella el recuerdo y lo que la marco por siempre, porque después de todo siendo ella tan joven la separaron abruptamente de su hijo.

Me pregunto que derecho hay en tapar lo evidente. En vivir la vida en mentiras tan hirientes. Se dice siempre que por el buen nombre de la familia pero a mujeres como ella las dejan sin voz.

Cristal y Acero, tu historia me trajo estos recuerdos... Tu historia es conmovedora y te deseo mucha fortaleza para encontrar… Esa voz que tal vez se perdió.

04 Ago09:20

Comentario

Por María (no verificado)

Hola Cristal y Acero

Leí con mucho interés tu historia, por la forma en que la vas narrando y presentando una a una las piezas del gran rompecabezas de hechos, sucesos, circunstancias, sensaciones que fueron construyéndote y tornándote a veces de cristal y otras de acero 8a veces también me siento así en mi propia vida). Por mi parte, te felicito por tu fortaleza al indagar sobre  tu historia, así como confrontar a tu madre y sobre todo por ir uniendo los cabos... confío en que encontrarás en tu familia y en la vida, sentimientos y logros que te permitirán llenar los huecos y los vacíos...

Permíteme enviate un abrazo.

María.