MÁS QUE PALABRAS
Historias de dolor he construido suficientes a lo largo de mi vida, casi podría clasificarlas por olor, forma y color de acuerdo a la etapa en la que me he encontrado y tendría una amplia colección para presumir…
“¡Presumir!”, qué se puede presumir de ese dolor que no se ve, que no se mide, que no existe en el plano de lo físico y sin embargo puede cubrir de niebla el hermoso paisaje de un día soleado. Qué curioso, siempre me han gustado los días nublados, son mis favoritos, me hacen sentir como en casa. Después de todo, creo que el dolor tiene un lado hermoso: tras haberlo padecido y superado, permite percibir el mundo de una manera totalmente diferente.
Soy un espíritu triste, lleno, paradójicamente, de vacío, soledad y una necesidad insaciable de compartir. He encontrado en la tristeza la oportunidad de conocerme o, por lo menos, de buscarme en la inmensidad de las palabras que pueden describirla.
Compartir no es sólo una palabra, al menos en mi vida es una necesidad. Desde pequeña he buscado un eco de lo que soy en otra parte, no siempre lo he encontrado, pero esa búsqueda me ha permitido vivir situaciones distintas a lo cotidiano, a lo común.
Creo que trato de compartirlo todo, las cosas materiales y sobre todo aquello que no se puede tocar, la alegría, la tristeza, el dolor, mis lágrimas, mis pensamientos y mis ideas. Comparto mi ser entero con aquellos a quienes yo considero que pueden valorarlo, ahí es donde está el problema con mi percepción, porque el tiempo me ha permitido comprobar en muchas ocasiones que pude hacer o intentar mucho siempre pensando en otros y al final descubrir que no valió la pena, que no encontré lo que buscaba y que aquello en lo que sembré mis esperanzas se esfumó sin darme cuenta y sólo me dejó un gran vacío que a su vez fue transformándose en una eterna soledad, la peor de todas las soledades, la que se vive acompañada, rodeada de tanta gente, con los ecos de mil voces, pero enteramente sola.
A pesar de todo, lo que un día me hundió más allá de lo imaginado, fue lo mismo que me hizo descubrir de lo que soy capaz y ahora en sentido contrario, aprendí a amar mi soledad, al punto de buscarla cuando lo necesito; en ella me encontré, me descubrí y, al hacerlo, el vacío que antes me había dolido empezó a llenarse con la persona más importante en mi vida, aquella que nunca me traicionará después de haberme conocido, la que ha estado siempre a mi lado sin saberlo, la que es irreemplazable, única: YO.
Ahora comparto, platico y comprendo a partir de la travesía por el vacío y la soledad para hacerle saber al mundo que las palabras enemigas existen si queremos verlas así, de lo contrario, más que palabras son aliados que nos guían en la maravillosa aventura que significa la vida.
Estulticia
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TEXTO DE ESTULTICIA
Por Carolina (no verificado)Vaya!!! este texto me hizo recordar muchas cosas, esa palabra que insiste en mi cabeza: Soledad...he caminado mucho y me he tropezado mas, pero al igual que Estulticia, estoy aprendiendo muchas cosas. Simple y sencillamente, me identifiqué mucho con su texto.
Saludos cordiales
Carolina