Talleres Chihuahua

Diciembre, 2010

Vi la luz

1977. Ese año se marcaba por el inicio de la trilogía de Star Wars, la muerte de Elvis Presley, la muerte de Charles Chaplin, Carlos Pellicer y María Callas. Ellos morían, pero Shakira también nacía. En los hogares se escuchaba ABBA, al año siguiente se escribiría “Chiquitita” misma que fue elegida por mamá como mi canción.

Nací el mismo día que Voltaire nació, de cierta manera es como si con su efeméride, hubiese dejado un legado de ideas para mí, sobre todo aquellas en contra-postura del fanatismo, la intolerancia y la injusticia: “No comparto tus ideas, pero defenderé hasta la muerte, tu derecho a decirlo”; “La belleza complace a los ojos, la dulzura encadena el alma”, escribió Voltaire… Frases, moral, ideas, grandes temas, pero de eso hablaremos más adelante. Nací el mismo día que iniciaba el vuelo de NY-París, dos de mis sitios favoritos.

Señora, elegida y consagrada a Dios, ese fue el nombre elegido por mis padres para mí  ¿El resultado? Martha Marelly. Nací el 21 de Noviembre bajo el signo de escorpión y con la luna en cuarto creciente casi llegando a la luna llena. Me dieron la bienvenida una mañana de otoño, pero lo que otoño es en muchos lugares, en Chihuahua se siente como el frío de invierno que ya cala en los huesos. Fui planeada y amada desde el momento de mi concepción.

Ese día, el cielo estaba nublado, yo le avisé a mamá que mi momento había llegado a eso de las cuatro de la mañana de ese lunes. Ella se preparó, se puso un vestido coral de dos piezas, pantalón y blusón con exquisito cuello blanco que destacaba la blancura de su piel, se maquilló y se peinó elegante, en la psicoprofilaxis la habían enseñado que debía ir guapa y elegante a recibirme, porque iba a una fiesta, a una celebración, y debía estar preparada para recibir algo maravilloso, papá nos llevó a la Clínica del Parque en un carro Valiant 77 color amarillo, mamá siempre estuvo dispuesta a un parto natural hasta el ultimo segundo. Mi papá le llamó a mi tía Vicky, hermana de mi mamá; mientras tanto, Lydia, la mujer que preparó mi alumbramiento en los cursos psicoprofilácticos se mantuvo a nuestro lado cuidando de la respiración de mamá y de mi salud.

En el hospital le dijeron a papá que podía ir a casa a bañarse, ya que aún me tardaría un poco más. Hoy que me encuentro escribiendo esto, no puedo dejar de esbozar una sonrisa, ya que parece fue la manera simbólica en que yo decidí desde ese momento que los acontecimientos más importantes de mi vida, los haría sola y sin sentirme observada, por curioso que parezca; es lo que me gusta hacer para sentirme más segura. Sólo mamá y yo ¡Así lo decidí! tal vez por eso nos divertimos tanto solas, viajamos, nos vamos de compras, compartimos gastos y disfrutamos las mismas cosas.

A pesar de que mamá siempre estuvo dispuesta a que el parto fuera natural, su corazón falló, y después de tantas horas de espera, mi papá ausente, ella y yo decidimos que teníamos que hacerlo juntas y rápido. Su corazón falló, su presión bajó, quiero creer que era la emoción de al fin conocernos lo que la puso así.

Después de que decidimos la cesárea; todo fue tan rápido ya, ubicándonos en la sala de expulsión, me di cuenta de un gran alboroto, yo estaba emocionada por nacer, pero no sabía lo que en realidad sucedía.

Anestesiólogo ¡Rápido que se le está presentado un paro!!!

¡Ruidos, alboroto, enfermeras, médicos, iban y venían!

Ginecólogo, ¡Rápido al quirófano, rápido tiene un estallamiento de matriz!

Mamá llegó al quirófano y sucedieron ambas cosas, con la premura, la anestesia no alcanzó a hacer efecto, y a mamá le cortaron tres capas de piel en carne viva.

A las nueve de la mañana de ese día, VI LA LUZ, en lo que mamá se recuperaba yo fui exhibida en aquella burbuja que ponen para darle color a los niños, mi tía fue la primera en conocerme, la acompañaron algunas amigas de la juventud y del trabajo. Papá llegó a eso de las 10:30 de la mañana, yo ya estaba guapa, limpia y sonrosada para conocerle…

Llegaron mis tíos Jorge, Gabriel, Tavo, ellos aún solteros se asombraban y gozaban la venida de cada sobrino, en casa me esperaba mi abuelita que cuidaba de mi hermano, que desde el momento que supo que vendría se refería a mí como “hermanita”, hasta la fecha. Todos me llamaban “la bebé”.

No existía el riguroso trámite que existe hoy en día en los hospitales en los que no puedes  salir, si no eres registrado. Fui registrada hasta febrero del siguiente año, mi mamá eligió como testigo a mi tía Vicky y mi papá a Fernando Rodríguez Moreno, en ese momento un buen amigo, hoy una persona pública de esas que salen en los diarios.

Estuvimos tres días en el hospital, el 25 de Noviembre, ya estaba lista para el primer fin de semana de mi vida, tenía grandes expectativas de conocer a personas que tocaron el vientre de mi madre o me hicieron algún regalo o cariño sin conocerme aún. Me prepararon para salir con un mameluquito blanco, con un sutil bies en turquesa y una cobijita en color beige. Fui tranquila, casi no lloraba, y nací con una gran necesidad de saberlo ¡Todo! Me la pasaba observando, me gustaba más que tomar leche o dormir. Había mucha calidez rodeándome, no sé si sería por la cercanía de la Navidad, por ser invierno o por el amor que me rodeaba, o tal vez, todo ello junto. Mi cobijita era rosa y mamá disfrutaba vestirme en color blanco y turquesa, hoy en día dos de mis colores favoritos, tal vez porque me recuerdan el amor con el que fui acogida. Recibí regalos especiales de parte de amigos de papá, pepitas de oro, piedras preciosas y una botella de Coñac Napoleón Fine Champagne, reserva 1802.

Marelly Delgadillo.

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