Literatura Carcelaria

Marzo, 2011

Vientos de cambio

De pronto se terminó el verano y con los vientos de cambio vinieron otros seres con almas buenas y nos invitaron a participar en otro mural, pero éste cruzaría todas las fronteras. Como sede principal llegaría a Egipto con el tema “La paz mundial y la no violencia hacia los niños”, convocado por la UNESCO, y nos invitaron nuevamente a las hijas de Coatlicue a plasmar imágenes en un lienzo de grandes dimensiones.

Una de las características de este proyecto es que teníamos únicamente quince días para llevarlo a su fin. Fue un trabajo arduo, empezábamos a las diez de la mañana y terminábamos a las seis de la tarde, durante diez días en que interpretamos nuestra visión plásticamente para hacer un llamado al mundo entero por la paz mundial. Fue un privilegio que las mujeres de Santa Martha fuéramos escogidas para llevarlo a cabo, pues fuimos las únicas representantes de México en este noble proyecto.

Hicimos varios equipos de dos artistas para cada mural. Medía 2.90 por 1.20 metros; un gran formato. Mi compañera y yo decidimos llamar a nuestra aportación: “Una apertura al mundo”.

Empecé a pintar y lo primero que se me vino a la mente fue comenzar por el Big Bang; así que pinté una especie de lava cayendo en forma de cascada de donde surgió la civilización y entonces orgullosamente y con mucha convicción pinté una pirámide pensando en los mayas, tratando de decir que éstas están conectadas con el cosmos; luego pinté a Saturno y una luna: Coyolxahuqui, preciosa y brillante; salía del universo alumbrando al planeta Tierra. La Pachamama, de donde salía una parte del mundo negativo que no queremos y que no brinda la paz por ningún lado que se vea.

Pinté a la Tierra con un cierre que al abrirse en su parte exterior manifiesta el mundo feo; es decir, el mundo corrupto, entonces pinté un arma, dinero, drogas, interpretado por una amapola y una hoja de marihuana, y en un segundo plano, cocaína y una jeringa. Arriba, en la parte superior derecha pinté un Ferrari y un bote de basura. En el interior, es decir, del otro lado del cierre, pinté la contaminación ilustrada con unos edificios, unas grúas y torres petroleras.

Dentro del planeta, o sea, el mundo bonito, pinté un lago con un velero, un caracol y una estrella de mar; unas montañas con una bicicleta rosa, una selva, un tucán, un caballo, un león, un grillo, una mariposa, un campo agrícola con frutas, plátanos y sandías; también una jirafa, un arcoiris y unas montañas con mucha nieve y representando al sol pintamos a Smiley, siempre sonriendo, insinuando la preservación de las especies; en consecuencia incrementando actitudes pacifistas sin caer en la fantasía, sino en un ideal.

Al hacer el mural sentimos libertad, la de llevar un mensaje al mundo de que si aprendiéramos a cuidar al planeta y nuestros valores, no habría necesidad de la violencia y de que los seres más importantes para el futuro son los niños, que deben desarrollarse en un mundo de paz.

 

Aída Blanco Pedrero

Centro Femenil de Readaptación de Santa Martha de Acatitla

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