Gaia, la diosa griega de la Tierra, símbolo y emblema del planeta concebido como un ser viviente, no tiene por qué ser antagónica ante Dios. Ruether analiza las fuentes históricas y religiosas de la cultura occidental, en la que el hombre domina sobre la mujer y la Tierra ha sido descuidada y destruida, y propone: «Necesitamos transformar nuestras mentes y la forma en que actuamos las relaciones entre el hombre y la mujer, los humanos y la Tierra, los humanos y Dios, y Dios y la Tierra».