Maribel está hecha de colores a pesar de esas oscuridades. Ayer bordando un presente, hoy escribiendo un pasado como si pintara un cuadro figurativo idéntico a sí misma, pero transformado por los recuerdos; no está hecha de medias palabras, sino de palabras enteras.
«El dolor que sentí al ver cómo se cerraban las rejas de la Clínica San Rafael tras nosotros, con mi hermano ahí adentro, no se curó en mucho tiempo, ni siquiera mermó un poco. Por el contrario, fue creciendo día a día».