Durante siglos las mujeres estuvimos en espera permanente. Hemos sido eternas acompañantes, actuando siempre a la sombra y en beneficio de los demás. No se puede negar: ha llegado la hora, es el tiempo de las mujeres. La espera ha terminado y la mitad de la humanidad –hasta ahora silenciosa- quiere hacer oír su voz y participar activamente en la evolución de la sociedad.
Muchas mujeres estamos ansiosas, a la expectativa: queremos y no queremos aventurarnos. Nos atemoriza perder la seguridad que nace del apego a la tradición y al mismo tiempo tememos perder, por esa seguridad, la oportunidad de vivir. A pesar de las dudas sabemos, íntimamente, que ya no es posible permanecer quietas, inmóviles, esperando a que las cosas pasen. La evidencia nos obliga a rendirnos: muchas estructuras sociales se encuentran caducas y los papeles tradicionales –sobre todo los de nosotras- están en crisis. Sabemos que se requieren cambios profundos que exigen de nuestra participación y, por lo tanto, que tenemos que cambiar.
Este libro es ante todo una invitación:
Una invitación a las mujeres de hoy a participar en la revolución incruenta más honda y de mayor alcance que ha tenido lugar en la historia humana: la revolución que está conduciendo a su liberación, a la conquista de sus derechos y, lo que tal vez sea lo más importante, a la redefinición de sus relaciones con los hombres y de su papel en la sociedad. El propósito es impulsar a que, sin caer en posiciones extremas o unilaterales, las mujeres logremos el lugar y respeto que nos merecemos.
La tarea es importante para nosotras, las mujeres, porque sólo a través de la responsabilidad que trae consigo la libertad, podemos ser verdaderamente creadoras. Y es también de importancia crucial para la sociedad porque hay elementos, enfoques y perspectivas que sólo las mujeres podemos aportarle. Cada día resulta más claro que hay una manera específicamente femenina de ver el mundo y de entender la vida; de concebir el trabajo y las relaciones humanas; de interpretar la justicia y realizar el amor. La sociedad actual precisa, para avanzar, de la perspectiva y del concurso de mujeres responsables, capaces, realizadas y libres.
Al buscar nuevas soluciones para viejos problemas lo hacemos con la convicción de que muchas de esas respuestas se encuentran dentro de nosotras mismas, y en la seguridad de que lograrán florecer con el ejercicio de nuestras capacidades y el empleo creativo de nuestros recursos. De los recursos que la naturaleza nos ha otorgado y de los que hemos adquirido por nuestro propio esfuerzo.