Un neurótico parece tener a su disposición, y para su mal uso, todo el tiempo de la existencia, que emplea en una abigarrada actuación por lo general contra sí mismo. Viven y actúan como si fueran eternos. Se teje y desteje sin meta y propósito a la vista, sólo por el mismo hecho de hacerlo, olvidando que todo ello no es intemporal.
Mientras eso ocurre, el tiempo avanza irremisible y sin retorno, sólo queda lo que no se logró, lo que no se hizo, lo que no se obtuvo. Queda la sensación de vacío, inutilidad, dispendio, extrañeza, soledad, desperdicio y angustia. Queda la imagen de desgaste, la hemorragia de energía, el aburrimiento.
Hay que reconocer que mientras alguien permanece inmóvil, retrocede, y en tanto, el tiempo continúa su marcha interminable, hacia la muerte y hacia la nada”.