El regreso a la casa familiar para cumplir un encargo de su hermana, es el gatillo que dispara recuerdos de infancia y adolescencia. Escenas vívidas, relatadas unas con gozo y otras sin él, nos pasean a lo largo de la casa y vida de Berenice: «Pasaron varios meses para que volviéramos a ir a casa de los abuelos —que ahora sólo era de la abuela—, pero si extrañaba a mi abuela, corría a abrazar al oso y todo se volvía mullido. El oso nunca dijo nada sobre aquella visita secreta, yo tampoco.»