Nadie puede analizar química o biológicamente el agua del lago en que alguien sueña que nada.
Durante la relación analítica bien puede ser que uno razona y el otro sueña.
Vivir es consumir el tiempo, crear es un desafío a la muerte y a la enajenación.
Desenajenarse tiene que ver con encontrar al individuo verdadero que hay en cada uno de nosotros, y serle fiel.
Crear es hallar y realizar la promesa existencial, transformarla en obra.
Un hombre debe vivir y debe morir, ambos términos deben concordar en cada caso con el que los convierte en acto.
La experiencia de llegar, permanecer y abandonar el mundo puede resultar pavorosa, insufrible, también hermosa, pero eso sí, no rechazable.
Dentro de la alternativa vida o muerte, o vida y muerte, sólo veo una solución: creatividad.
Vida, creatividad y muerte; de la rama de vivir a la de morir hay un trecho que puede ser corto o largo, pero que debe llenarse con obra. Cuando ese lapso no se llena con obra, se acerca la muerte o se vive la muerte, como si ésta se apoderara de un espacio que no le corresponde, por lo que el individuo debe regresar, detenerse, inmovilizarse; lo que suponemos es morir.
Dr. Aniceto Aramoni